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El emotivo 'Cuento de Navidad de un pueblo vacío' está haciendo llorar a los cazadores

Ha sido producido por Arrecal como felicitación de Navidad utilizando un poema de su presidente, Felipe Vegué, y te pondrá un nudo en la garganta.

Edu Pompa

Filmado en Torreblacos (Soria), esta emotiva felicitación de Navidad en forma de vídeo creada por ARRECAL y con letra de su presidente, Felipe Vegué, está arrasando en las redes sociales.

Se trata de un magistral texto acompañado de imágenes que ilustran la conmovedora historia de un viejo cazador y todos los recuerdos que le vienen a la memoria cuando recorre su casa y vuelve a reencontrarse con su escopeta, sus viejos cartuchos y las fotos que guardaba en un baúl.

Compartimos a continuación la letra y el vídeo ‘Cuento de Navidad en un pueblo vacío’ que ha dejado con un nudo en el garganta a todos aquellos amantes de la actividad cinegética que lo han visto por el momento.

En la cara, viejos surcos y en la boca, una mueca de disgusto. Vive en el silencio de un pueblo, añadiendo pasos al tiempo entre recuerdos, sin futuro en qué pensar. Y en su lento caminar diario observa desde las eras cómo en la panera ya no queda un grano que guardar.

Pueblo vacío, sin risas ni llantos, y en las desiertas calles resuenan lentos sus pasos y, sin pretenderlo, le brotan cálidos recuerdos en la casa familiar. Es más joven, no tan viejo y, junto al arcón, el olor fuerte y añejo le provoca sentimientos imposibles de narrar.

Huele a tierra, a tomillo, a su ropa, a sus perros, y con delicadeza acaricia la zamarra, el chaleco, la caja de las fotos de sus compañeros, la bota, la canana, los cartuchos de cartón, el chisquero y, envueltas en un viejo trapo, las navajas del último macareno.

En la cálida cocina nada ha cambiado: están sus padres, sus abuelos, y ve cómo su madre atiza las brasas, arrima el puchero, y enroscado, tumbado al calor del fuego, su perro carea.

Todo está tan claro: la trébede, la mosquera, el fresquero, la matanza en varales del más grande de los cerdos y escucha cómo hasta la cocina se cuela la algarabía del pueblo, las risas de los zagales, los ladridos de los perros.

¿Dónde se han marchado todos? Todo está desierto. Y recuerda cuándo la helada, la nieve y el frio cierzo le sacaban de su casa: eran los mejores días para buscar el sustento. Incansable, seguía la liebre hasta el arroyo, el conejo en los zarzales, las perdices en el barbecho y ahora, viejo cazador, qué espera. Quedan sus hazañas lejos, tan lejos como su tiempo.

Gracias, risas y esfuerzo que no quiere olvidar. Nadie escucha sus palabras. Historias, viejas historias que a sus hijos y a sus nietos no parecen interesarles. Y los amigos ya están lejos: ilusiones, dichas y esfuerzos que no se compartirán. Y sin pretenderlo, aún los ve en el espejo los rostros de los jóvenes, no son tan viejos. Y escucha sus voces: vámonos de caza, agarra la escopeta y acude presto al zaguán.

Y al abrir la puesta, el viento. Y con nostalgia y con rabia escribe en una libreta juntando palabras, frases y letras, páginas de luz que cuenta, horizontes vistos, lo que es, lo que piensa… la vida para entenderla hay que mirarla hacia atrás.

Alguien que te quiere y te observa, guardará fiel memoria del honor, la dicha y la gloria que siempre te acompañó. Viejo cazador, pon en el papel tu historia, que con tu vida ya escrita, no existe el punto final.