Un joven ingeniero agrícola encuentra una ingeniosa salida para la lana que los ganaderos no pueden vender: usarla en cultivos para producir más con menos agua
La lana de oveja, que en muchas explotaciones se ha convertido en un residuo sin valor, empieza a abrirse paso como acolchado agrícola. Los ensayos de Raoul Ferrer muestran mejoras en la humedad del suelo, menos riegos y un mayor desarrollo en olivos, lechugas y almendros.





























