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Esto es lo que pasa cuando llevas a un perro de caza a una armería

El instinto cazador nos acompaña a todas partes... ¡y en la armería se desarrolla aún más!

El perro de caza en la armería. © Instagram

Cuando la temporada de caza se acerca, no sólo son los cazadores los que se ponen nerviosos, sino sus grandes compañeros de jornadas cinegética. Saben que las muestras en el coto están cerca y la sangre les hierve por dentro. Y es que el instinto cazador es algo que llevamos dentro y nos acompaña a todas parte… ¡incluso a la armería! Eso es lo que le pasó al pointer protagonista del siguiente vídeo, el cual acompañaba a su dueño y se quedó… mostrando unos reclamos de plástico.

En el vídeo vemos cómo el perro de caza se queda mostrando de vista (no de olfato), algo que sucede en aquellas ocasiones en las que el can localiza la pieza con la vista, algo que no suele ser tan habitual en el campo, donde por lo general la presa está escondida y son sus emanaciones las que hacen que el perro quede petrificado. Más allá del peculiar marco en el que se desarrolla la muestra, lo que de verdad llama la atención es lo en serio que se toma el pointer a los cimbeles de plástico.

El pointer, potencia en estado puro

Dotado de un gran instinto para la caza que manifiesta desde cachorro, y con una personalidad y carácter propio, el pointer es un perro apasionado del campo. En él deposita todos sus sentidos, descarga sus impulsos y satisface sus ansias. Algunos le acusan de cazar demasiado lejos, de ser testarudo y de recrearse en teatrales paradas. Señalan como hándicap su rapidez, que consideran excesiva y que le puede llegar a hacer pasar junto a las piezas sin verlas en su búsqueda ávida e impetuosa.

Lo cierto es que el pointer es uno de los mejores compañeros para la caza en mano. Incansable, dotado de un olfato excepcional que le permite detectar el más leve rastro de cualquier animal –incluso en climas cálidos y secos gracias a su gran capacidad de adaptación–, es el gran especialista de la muestra. Hay quienes le comparan con los perdigueros y los setters, perros que paran la caza y registran con calma toda la zona a batir. Y además, es capaz de cobrar la pieza.

Su gran dinamismo le convierte en un perro exigente con sus dueños si éstos no quieren quedar rezagados tras sus pasos, pero lo cierto es que se puede cazar con un pointer y andar poco… si el terreno es propicio para ambos. En llanuras abiertas y cerros poco poblados de árboles, donde la visión es amplia y no está interrumpida, desarrolla su gran galope al tiempo que localiza perdices, liebres, codornices…

En el monte, aunque su comportamiento pueda llegar a ser algo brusco, sus impresionantes cualidades físicas le permiten llegar a rincones que al cazador le resulta casi imposible alcanzar, guiado por su privilegiado olfato hasta la pieza que nos mostrará con una de sus esculturales paradas.