Cazando con perros de madriguera

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En la guarida del zorro

Para la mayoría, abatir un raposo no ofrece mayor atractivo que el de librar de un predador al resto de animales del coto, pero… ¿habéis pensado alguna vez el juego que puede dar si lo consideramos una pieza cinegética más? Os advertimos que esta modalidad engancha: aún estáis a tiempo de no leer este reportaje.

Texto y fotos: Antonio Cástor Puerta Yuste

Foto de apertura: Valentín Guisande

Cazando con perros de madriguera He de confesar, y si vosotros sois honrados deberíais hacerlo también, que el tema de la caza del zorro me ha resultado siempre interesante por lo útil, más que por su atractivo. Me he movido desde mis inicios entre cazadores de menor ortodoxos, y para nosotros abatir una zorra de cuando en cuando, casi por accidente, ha sido motivo de júbilo y descanso sólo por asegurarnos de que ahí terminarían sus fechorías cinegéticas.

Para ser honestos, no la hemos considerado nunca una verdadera pieza de caza, puesto que devaluado el precio de su piel y siendo impensable consumir su carne, no queda más que dejarla en el lugar en el que cae, y no tardando mucho, por si el ejército de pulgas que la lastran decide utilizarnos como nuevo alojamiento. Podía ser que uno disfrutase haciéndolas entrar al chillo, o que se pusiese como un flan dejándola cumplir hasta su puesto en un ojeo ‘benéfico’, no lo niego, pero concederle el estatus de pieza de caza es otro cantar, por más que en la guía de vedas aparezca recogida como tal. Y estos eran los prejuicios que me acompañaban como equipaje, convencido uno mismo de su ‘sabiduría de toa la vida de Dios’ en la que el zorro es alimaña, y las alimañas… alimañas son.

Un nuevo descubrimiento

Cazando con perros de madriguera Pero ahora llega esta gente de los perros de madriguera, y lo dejan a uno descolocado. Cuando le pedí a Paco García, amigo desde hace años y único cazador de madriguera que conozco por estos lares murcianos, que me permitiese acompañarlo en una de sus jornadas de ‘gestión cinegética’, no esperaba encontrar una verdadera devoción por una modalidad que a mis cortas entendederas era sólo una caza necesaria, algo así como descastar pepas en un coto de mayor. Pero me equivocaba. Son cazadores que disfrutan con pasión de las faenas de sus perros espeleólogos. Los preparan con mucha ciencia y esmero valiéndose de sorprendentes instalaciones diseñadas a tal efecto y, mediante una escrupulosa selección, van descartando claustrofóbicos y cobardes para, al final, tratar casi como a marajás a los animales con mejores aptitudes, los que no se arredran ante el más fiero de los zorrones ni el galimatías de túneles más intrincado. Pero lo que me resultó sorprendente, aparte del dominio de sus hábitos, es la simpatía, el cariño, admiración y respeto que sienten hacia su presa, por sus consabidas astucias, picardías, valentía… en definitiva por regalarles unos lances subterráneos difíciles de apreciar por los que, a diferencia de ellos, no sabemos interpretar lo que sucede bajo nuestros pies.

Amantes del zorro

El aficionado a la caza en madriguera puro no busca la erradicación del zorro, ni siquiera caza por gestión. Caza por sus perros, por el disfrute que conlleva comprobar que sus esfuerzos y dedicación han dado como resultado un animal con coraje y oficio. Y lo que en un principio pretendía ser un artículo encaminado a la gestión de cotos se convirtió en una serie de dos dirigidos al nuevo aficionado, no desde mi profana ignorancia, sino desde la experiencia de Paco, uno de los pioneros de esta caza en nuestro país.

Cazando con perros de madriguera Para él y los pocos que comenzaron hace más de 20 años todo fue un poco más complicado, pues apenas disponían de mayor información que algún artículo en revistas, tras cuya lectura precisamente decidió nuestro asesor en estas lides comenzar a utilizar el cartucho del doble cero con asiduidad. Hasta varios años después no se publicó lo que para él es la biblia del zorrero: el libro de Francisco Ochovo La caza en madriguera. De sobra sabe todo el que haya tenido que instruirse en cualquier actividad sin el asesoramiento ni la experiencia de un veterano que todos los aprendizajes son lentos y con muchos pasos en falso, a base de ensayo y error. Sólo la determinación y, por qué no decirlo, la tozudez de Paco, le llevaron a ponerse al día en este mundillo y conseguir los primeros éxitos.

El único perro de madriguera que se podía encontrar entonces en España con relativa facilidad era el fox terrier, y con ellos comenzaron su compañero de batallas Javier Abarca y él, haciéndolo todo al revés y sin tener lógicamente más que pequeñas nociones. No obstante Paco me contaba que el primer zorro que uno desaloja y abate con sus perros es una experiencia que no se olvida. Es una droga adictiva y con sólo probarla ya no hay posibilidad de desintoxicación. Uno está perdido. «Cuando posteriormente decidí, junto a otro amigo, adquirir los primeros ejemplares de jagd terrier, que es la raza que ahora utilizo, tuve que ir personalmente hasta la extinta Checoslovaquia para conseguirlos. En España había por entonces poco, malo y desorbitadamente caro. En este país estaban los mejores ejemplares, y a un precio de risa. Era mucho más barato viajar, comer, dormir y comprar un par de cachorros de primera clase allí que medio perro español», me contaba Paco para que me hiciese una idea de la gravedad de su ‘enfermedad’.

La paciencia, fundamental

Tal y como aconseja este veterano de las madrigueras, la virtud imprescindible que el zorrero neófito debe atesorar si quiere prosperar y doctorarse es, sin duda, la paciencia. Algo común entre los primerizos es la creencia de que el zorro sale de la madriguera como a presión con sólo oír al perro invadir su cubil. Aunque hay lances que se solucionan con rapidez, en túneles complicados y con animales curtidos, el escape del zorro se puede demorar horas, o no llegar a producirse, y durante este tiempo debemos permanecer en guardia porque de lo contrario la presa puede salir y perderse sin darnos tiempo a reaccionar.

Cazando con perros de madriguera Uno no debe tener pereza si se trata de cavar para salvar al perro de una situación comprometida que podría costarle la vida. «El silencio y la cautela alrededor de la zorrera son vitales, porque podemos ser los culpables de que el inquilino no quiera salir y complique el trabajo del perro. Es importante procurar no aventar hacia el refugio siempre que sea posible, por idéntico motivo», aconseja Paco.

Cazando con perros de madriguera Es una caza sacrificada, pero muy gratificante y disfruta de grandes ventajas y singularidades de las que otras carecen: Puede practicarse con independencia de nuestra condición física –excepto si toca cavar, claro–, las piezas no escasean y las invitaciones para cazar, como es lógico, tampoco. Aunque me ha quedado claro que gestionar no es el objetivo primordial para los que beben de esta pasión, obviamente es una herramienta de primera necesidad si no queremos permitir que los zorros pongan nuestro acotado a su nombre. En el próximo número trataremos de aconsejar al neófito acerca de los pasos previos a seguir para inaugurarse en la modalidad. Hablaremos sobre la elección del perro, su adiestramiento básico y algunos trucos; conocimientos y saberes que, si no tenemos la suerte de recibir directamente de un experto padrino, nos serán de gran provecho para no incurrir en los errores típicos del primerizo.


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