Un rehalero con cáncer: «Los ataques animalistas me hacen más fuerte»

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El testimonio de un rehalero de Ciudad Real tras la polémica del vídeo del agarre en el que doce perros y un ciervo se despeñan por un barranco sorprende. Sin un pulmón debido a un cáncer sigue acompañando a sus animales en las monterías: «Ahora me han detectado otro de estómago, pero estos ataques animalistas me hacen fuerte y seguiré cuidando a mis perros».

7/12/2018 / Redacción JyS

El rehalero Juan Hidalgo Ruiz con uno de los perros de su rehala. / Jara y Sedal

Se llama Juan Hidalgo Ruiz, es vecino de la localidad ciudadrealeña de Mestanza y su pasión son los perros y la caza. Posee desde hace tres décadas una rehala con cuarenta animales en total y afirma que ataques animalistas como el acaecido tras el suceso accidental de Herreruela le hacen aún más fuerte para seguir defendiendo su pasión.

Su testimonio realmente estremece: tuvieron que extraerle un pulmón debido a un cáncer, pero a pesar del inconveniente prosigue acompañando a sus animales en las monterías que realiza. «Ahora me han detectado otro de estómago, pero estos ataques animalistas me hacen fuerte y seguiré cuidando a mis perros», afirma Hidalgo.

«Aunque desde hace seis años no puedo continuar ejerciendo al 100%, me sigo metiendo en las monterías más afables para mí». Para ayudarle, el rehalero manchego tiene contratado a un perrero los días de actividad, pero él es el encargado de cuidar diariamente a los animales, que son cuarenta en total.

«Para mí, subir muchas cuestas es imposible, pero a pesar del cáncer, no pienso dejar a mis perros solos porque los ataques animalistas me hacen más fuerte», dice Juan Hidalgo, que defiende que esos ataques le dan más fuerzas aún para seguir adelante.

Juan Hidalgo con su rehala. / Jara y Sedal

«No tengo hijos, pero tengo perros y los quiero de verdad»

Hidalgo no tiene hijos, «pero tengo perros y los quiero de verdad. Cuando les pasa algo sufro igual que cualquiera que tenga un animal. Les doy la mejor vida que puedo». La rehala es una actividad deficiente económicamente para Hidalgo, como así lo reconoce, «porque le pongo mucho tiempo y dinero».

En total, su rehala interviene en unas treinta monterías a lo largo de la temporada, todas ellas en la provincia de Ciudad Real.

Hidalgo se queja de las «numerosas trabas burocráticas» en las rehalas

Además, Hidalgo se queja de las «numerosas trabas burocráticas existentes, muchas inspecciones, mucho animalista que te pone impedimentos y estás a ver si tienes algún fallo para ir a por ti», denuncia. Pero tiene la firmeza de seguir con sus perros «hasta que no pueda más». Ahora le han detectado otro cáncer en el estómago, pero no piensa dejarlos solos.

El pasado mes de septiembre, Jara y Sedal publicaba el cuestionario que el SEPRONA rellena en las inspecciones a las rehalas, un documento que realizan constantemente. Como se puede comprobar, hay una gran cantidad de requisitos que los propietarios deben cumplir para tener todo en regla. 

Las «trabas» que Hidalgo denuncia y la «huelga» del sector de las rehalas también fueron noticia en septiembre, cuando el colectivo en Soria anunció a través de una nota de prensa que no cazarían en ninguna batida, gancho o montería, hasta que no se retirase la campaña de acoso hacia el colectivo. Finalmente fue desconvocada la huelga.

Los ataques tras Herreruela «me dieron fuerzas para seguir adelante con mi pasión»

Varias perros de una rehala durante una montería española. / Foto: JyS

Juan Hidalgo afirma que los ataques animalistas tras el caso de Herreruela le dieron fuerzas para seguir adelante con su pasión. En aquella ocasión, Jaraysedal.es habló con el propietario, Rosado, un rehalero que reside en La Roca de la Sierra (Badajoz) que ha visto cómo las imágenes del accidente han provocado que le amenacen incluso de muerte.

Sobre aquel caso, Rosado dijo a Jaraysedal.es que desde su posición era imposible ver lo que había detrás del ciervo que aparece en el vídeo. «El suelo estaba mojado, era resbaladizo y podía caerme. Intenté agarrar el ciervo de la cuerna para intentar tumbarlo y rematarlo para que no sufriera y fue cuando cayó. Menos mal que no me agarré a sus cuernas, si no habría caído con él. El sonido del animal al caer en el barranco fue lo que me hizo darme cuenta de lo que había más allá, e intenté salvarlos a toda costa».

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