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Cuatro cosas que ayudan a los pollos de perdiz roja a sobrevivir en tu coto

Si quieres ayudar a las polladas de perdiz roja de tu coto a salir adelante, ten en cuenta estos cuatro factores.

Una perdiz y sus pollos beben agua. © Shutterstock

Te has propuesto recuperar las perdices (Alectoris rufa) en tus terrenos y estos meses, por fin, has vuelto a ver un buen número de polladas corretear por ellos. ¿Qué puedes hacer para ayudarlas? ¿Qué alimentos no pueden faltarles durante sus primeros meses de vida? ¿Cuántos bebederos es conveniente instalar? ¿En qué lugares pueden sentirse protegidas? Respondemos a esas preguntas.

1. El agua es vida: ¡que no falte!

Por cada gramo de proteína que los perdigones ‘procesan’ deben de ingerir cuatro del líquido elemento. Lo ideal es instalar un bebedero en los territorios de las parejas o cerca de las polladas que vayamos localizando. Algunos cotos colocan un punto de agua cada 10-30 hectáreas: todo dependerá de vuestro presupuesto. El agua, eso sí, debe de estar siempre al abrigo de alguna mata o árbol de pequeño porte para que las polladas y otra fauna puedan refugiarse y, a poder ser, protegida con un mallazo para que no entren jabalíes, ganado, zorros y otros predadores. Al realizar la limpieza periódica no te vuelvas loco: el agua no tiene que estar cristalina, basta con que sea potable y mantenga un pH de entre 4,5 y 5,5. 

2. No sólo viven de hormigas

Durante el primer mes de vida los vegetales son platos secundarios en su dieta. Necesitan comer insectos, incluyendo hormigas, sí, pero también grillos, escarabajos, saltamontes, chinches y arañas… Su escasez por culpa del uso de herbicidas e insecticidas se ha apuntando como uno de los grandes problemas de la perdiz y otras especies insectívoras. Aunque en España aún no se han hecho muchas investigaciones al respecto, sí se sabe que en terrenos perdidos y poco labrados, donde abundan ‘malas hierbas’ o plantas indeseables desde un punto de vista agrícola –como muchas arvenses y cardos–, es posible encontrar más insectos que en los cultivos tradicionales. Si entre mayo y julio das unas pasadas en tus terrenos con un cazamariposas podrás comprobar de qué oferta de insectos, además de las hormigas, disponen tus perdigones.

3. La lluvia, un factor incontrolable 

Las precipitaciones y la temperatura determinan el crecimiento de los vegetales que tanto influyen en la reproducción de las perdices. Una mayor masa de vegetación y la presencia de agua en el campo –circunstancias que disfrutamos este año– se traduce en una mejor cría, pero basta con que caiga una tormenta o llegue un ‘helazo’ a destiempo para que la temporada de cría se vaya al traste. No podemos controlar el clima, sólo actuar sobre los anteriores aspectos sin olvidar uno fundamental en estas fechas, ya que amortiguará los efectos negativos de un posible ‘desastre climatológico’: el control de predadores.

4. Un lugar tranquilo

Cualquier elemento del hábitat que sirva de cobijo para los adultos puede ser válido para los más jóvenes, pero son los terrenos perdidos y poco labrados, con pasto no muy denso en combinación con setos y arbustos, los que ofrecen un mayor grato de protección a las polladas. Si tu coto no contara con ellos, una alternativa es realizar tiras de siembra de leguminosas o cereales combinadas con chozos. Es una opción económica y efectiva durante bastante tiempo. Eso sí, todos estos esfuerzos no servirán de mucho si no hay manera de reducir el impacto del cosechado y otros laboreos agrícolas sobre las poblaciones de perdices.