Los grandes incendios sufridos este verano en España han dejado miles de hectáreas calcinadas y a innumerables animales sin refugio, alimento ni agua. Muchos murieron entre las llamas. Los que lograron escapar se enfrentan ahora a una emergencia menos visible, pero igualmente grave: sobrevivir en un territorio convertido en ceniza.
Ante esta situación, miles de cazadores se han movilizado por todo el país. Están comprando comida, cargando remolques, llenando depósitos, reparando bebederos, transportando agua y recorriendo los terrenos afectados para hacer llegar la ayuda hasta los puntos donde permanece la fauna superviviente.
Mientras unos se echan al monte, otros vuelven a recurrir a los comunicados y a las campañas contra la caza tras la pantalla de un ordenador. Alianza Verde, por ejemplo, ha pedido prohibirla en todos los cotos afectados por los incendios y también dentro de un perímetro de 30 kilómetros alrededor de las zonas quemadas. AnimaNaturalis, por su parte, ha exigido que no se adelante la actividad cinegética en los montes calcinados de Castilla y León.
El contraste es difícil de ignorar. Las organizaciones que pretenden presentar la prohibición de la caza como una medida para salvar a los animales están centrando su respuesta pública en exigir restricciones que ya contempla la propia legislación (sí, cazar en terrenos quemados ya está prohibido por ley). Los cazadores, en cambio, están dedicando su dinero, sus vehículos, su maquinaria y su tiempo a llevar hasta el campo aquello que los animales necesitan con urgencia para seguir vivos.
Veinticinco toneladas de patatas para la fauna de Ávila
La última muestra de esta movilización se ha producido este martes, 4 de agosto, en Ávila. Un tráiler cargado con 25.000 kilos de patatas ha llegado a La Adrada para abastecer los puntos de alimentación habilitados en las zonas afectadas por los incendios.
El cargamento se ha incorporado a la campaña coordinada por la Delegación Provincial de Caza de Ávila, integrada en la Federación de Caza de Castilla y León. A través de un grupo de WhatsApp, los responsables están organizando la llegada de alimentos, la retirada de suministros y su posterior reparto sobre el terreno. «Nos han traído un tráiler de patatas», comunicó uno de los integrantes del dispositivo junto a una imagen de las toneladas de alimento ya descargadas. El mismo mensaje invitaba a los colaboradores a retirar las cantidades necesarias: «Venid a por las que queráis».

Sin embargo, la llegada del alimento es solo una parte del trabajo. Ahora es necesario cargarlo, transportarlo y repartirlo por los montes donde ciervos, corzos, jabalíes y muchas otras especies buscan recursos después de haber perdido buena parte de su hábitat. La campaña necesita voluntarios, vehículos y maquinaria. También se están recogiendo paja, forraje, pienso, pan duro, frutas, bebederos, comederos, bidones y depósitos con los que acercar agua hasta las superficies más castigadas por el fuego.
La Federación ha habilitado además una cuenta bancaria para sufragar los transportes, comprar suministros y atender las necesidades de los terrenos afectados. Las aportaciones económicas también proceden, por tanto, del propio colectivo que algunos siguen presentando como una amenaza para los animales.
Los cazadores renuncian a cazar, pero no abandonan a los animales
La respuesta no se limita a llevar alimento. Los Cazadores de La Adrada ya han anunciado que dejarán de cazar durante una larga temporada para favorecer la recuperación de las poblaciones dañadas. «Muchos animales han fallecido fruto de las llamas, pero los que han sobrevivido han perdido su casa y su sustento. Nosotros no vamos a quedarnos de brazos cruzados», han explicado.
Su mensaje resume la diferencia entre imponer una prohibición desde fuera y asumir voluntariamente la responsabilidad de cuidar el terreno: «No vamos a cazar en una larga temporada, pero no vamos a abandonar a los animales; la caza es conservación». La cazadora Montse del Dedo también ha participado en la distribución de alimento después de colaborar en las labores relacionadas con el incendio. Según explicó, el objetivo no es únicamente dar de comer a la fauna, sino favorecer que los animales abandonen las zonas calcinadas y se desplacen hacia espacios próximos con agua, refugio y mejores condiciones para sobrevivir.
Son actuaciones concretas, realizadas sobre las cenizas, en pleno verano y después de jornadas en las que muchos de esos voluntarios ya habían participado en otras tareas relacionadas con los incendios.
Más de 2.000 kilos de alimento en la Sierra de Grazalema
La movilización de Ávila no es una excepción. En la Sierra de Grazalema, varias sociedades de cazadores han reunido 2.100 kilos de alimento para auxiliar a la fauna de las aproximadamente 220 hectáreas afectadas por el incendio declarado el pasado 6 de julio. La ayuda comenzó con la compra de 400 kilos de maíz, 1.000 kilos de tacos de pienso para vacuno y varias piedras de sal. Posteriormente, la Sociedad de Caza de Olvera aportó otros 700 kilos de semilla multicereal.
El alimento será distribuido por la Sociedad de Caza El Pinzapo en los puntos donde resulte más necesario. Su presidente, Jesús Castro, ha explicado que estos recursos permitirán «seguir suministrando alimento a la fauna afectada hasta que lleguen las lluvias y vuelvan a brotar los pastos y la vegetación tierna».
En la iniciativa participan sociedades de Villaluenga del Rosario, Villamartín, Puerto Serrano, Benaocaz, Ubrique, Prado del Rey y Olvera. No se trata de una petición dirigida a terceros ni de una campaña diseñada para conseguir titulares. Son asociaciones locales que compran el alimento, lo transportan y lo reparten en el monte.

Agua y comida en los cotos valencianos
En la Comunidad Valenciana, los clubes de caza de Nules-La Vilavella y Betxí también se han movilizado tras el incendio de la Vall d’Uixó. Los cazadores han repuesto agua en los bebederos de sus cotos y han distribuido alimento en diferentes puntos estratégicos. En Betxí, cerca de cuarenta integrantes del club participaron en el dispositivo organizado para atender las necesidades de la fauna.
En Nules-La Vilavella, los trabajos se realizaron de forma coordinada con Protección Civil y el Ayuntamiento. Los clubes pudieron reaccionar con rapidez porque ya disponían de infraestructuras para los animales, mantenidas durante todo el año por sus propios socios. Pocas semanas antes, después del incendio de Soneja y Azuébar, el Club de Cazadores de Azuébar había distribuido 250 kilos de alimento y 400 litros de agua en los abrevaderos del coto.
La presidenta de la Federación de Caza de la Comunitat Valenciana, Lorena Martínez, describió así esta labor: «Cuando un incendio deja de ser noticia, comienza un trabajo silencioso que también resulta imprescindible. La fauna necesita recuperar cuanto antes el acceso al agua y al alimento, y nuestros clubes han demostrado, una vez más, que están ahí para cuidar el monte cuando más lo necesita».
Voluntarios, bebederos y vedas voluntarias
En Castilla y León, la Federación de Caza ha movilizado a los voluntarios del Grupo General de Ayuda Incendios de Ávila y a varios clubes deportivos federados. Los trabajos están coordinados por delegados y personal de la organización autonómica.
En Madrid, la Federación Madrileña de Caza ha puesto sus recursos a disposición de la Consejería de Medio Ambiente y de los municipios afectados. Entre las medidas previstas se encuentran la instalación de comederos y bebederos, la regeneración del hábitat, la realización de censos y la aplicación de vedas voluntarias para favorecer la recuperación de las poblaciones. Su presidente, Antonio García Ceva, ha recordado que «los cazadores siempre nos hemos sentido comprometidos en todas las catástrofes como se ha demostrado en anteriores ocasiones; somos agentes activos de prevención y alerta temprana».
En Guadalajara, la Asociación de Titulares de Cotos de Caza ha impulsado una plataforma que reúne a ayuntamientos, cazadores, agricultores, ganaderos, apicultores y otros sectores rurales. Su objetivo es coordinar las ayudas, canalizar las reclamaciones y acelerar la recuperación de los municipios afectados.
Una ayuda que no empieza cuando llegan las llamas
La capacidad de reacción de las sociedades de cazadores no surge únicamente después de un incendio. Durante todo el año mantienen caminos, balsas, charcas, comederos y bebederos, realizan desbroces, retiran residuos y conservan accesos que también resultan fundamentales para prevenir incendios o facilitar las labores de extinción.
Según el Estudio Socioeconómico de la Caza en España elaborado por Deloitte para Fundación Artemisan, los cazadores invierten cada año 54 millones de euros en actuaciones relacionadas con la prevención de incendios forestales. Solo en Andalucía, las 1.400 sociedades federadas mantienen más de 40.000 puntos de agua y 28.500 comederos. Durante los tres meses más duros del verano distribuyen más de 20 millones de litros de agua y cerca de 2,9 millones de kilos de alimento.
El coste estimado de estas actuaciones supera los 5,3 millones de euros. La cifra no incluye el valor de las horas de trabajo, los desplazamientos, los vehículos, el combustible ni la maquinaria aportada por guardas, socios y voluntarios. Además, el 80 % de las especies que utilizan esos bebederos no son cinegéticas. La red mantenida por los cazadores sirve, por tanto, a toda la fauna: aves, mamíferos, reptiles y otras especies que encuentran en esas instalaciones un recurso vital durante los periodos más secos.

Los comunicados no llenan bebederos
Alianza Verde sostiene que debe prohibirse la caza en todos los cotos quemados y en un perímetro adicional de 30 kilómetros durante al menos un año. AnimaNaturalis exige que la Junta de Castilla y León no adelante la reanudación de la actividad cinegética en los terrenos afectados. En Castilla y León, sin embargo, la propia Ley de Montes ya establece la suspensión de la caza durante cinco años en las zonas incendiadas, salvo que una resolución motivada acredite que su reanudación no perjudicará la regeneración del monte ni la supervivencia de la fauna.
Pedir que se prohíba aquello que la legislación ya mantiene suspendido resulta sencillo. Más difícil es cargar 25 toneladas de patatas, pagar el pienso, transportar miles de litros de agua, reparar un bebedero o recorrer durante semanas los terrenos calcinados. Eso es precisamente lo que están haciendo los cazadores.
Las organizaciones contrarias a la caza presentan las prohibiciones como su principal respuesta para proteger a los animales. Sin embargo, si desaparecieran las sociedades cinegéticas, también desaparecería la red de voluntarios, infraestructuras y recursos que actualmente está permitiendo llevar agua y comida al campo.
Los incendios han vuelto a dejar una imagen muy clara. Mientras unos intentan «salvar» a la fauna mediante comunicados, campañas y nuevas restricciones contra la caza, los cazadores están inundando de ayuda los montes quemados. Cuando los animales necesitan agua, los cazadores llenan los bebederos. Cuando necesitan alimento, compran toneladas de comida. Cuando el fuego destruye su hábitat, renuncian a cazar y siguen cuidando el terreno.
Los comunicados no alimentan a los animales. Los cazadores, sí.








