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Un cazador encuentra un jabalí moribundo con la boca llena de gusanos

El jabalí sufría una miasis, una enfermedad que se produce cuando larvas de moscas infectan una herida.

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La boca putrefacta del animal. © Instagram

El cazador y también veterinario José Luis Arroyo Cid se topó hace unos días con un inusual hallazgo: el de un jabalí moribundo con la boca llena de gusanos. Arroyo muestra la mandíbula, lengua y paladar del suido en un vídeo en el que se puede apreciar la terrible infección que presentaba.

El animal, en palabras de Arroyo, «estaba medio muerto». «Cuando lo encontramos y decidimos sacrificarlo», añade en un vídeo que ha compartido en su perfil de Instagram. Al acercarse, encontraron «una de las peores miasis (gusanera) que habíamos visto hasta el día de hoy», reconoce el veterinario. «Tenía la lengua comida, el paladar, la mandíbula… un horror», y un gran sufrimiento para la pieza.

«Me sorprende lo duro que pueden ser estos animales, con la boca completamente destrozada y lo que aguantan. Por esta razón siempre doy tanta importancia a un buen manejo antiparasitario en las fincas, ya que nos ahorraríamos muchos disgustos como este», pone en valor el veterinario.

¿Qué es la miasis?

La miasis es una enfermedad que se produce cuando larvas de especies de moscas del género Diptera infectan una herida. Las moscas depositan en la herida sus huevos y las larvas se alimentan del tejido muerto del animal. Dependiendo de la zona corporal afectada, puede clasificarse como auricular, ocular, cutánea o urogenital.

El cazador que liberó a un viejo jabalí de una trágica agonía: «Su paladar estaba lleno de gusanos»

jabalí

El cazador madrileño Diego Hernández González, de 21 años de edad y natural de la localidad de Cenicientos, abatió hace ahora dos años un tremendo jabalí en espera que tenía uno de los colmillos «arrancado» de cuajo y con el paladar «lleno de gusanos». El joven narró a Jara y Sedal todos los detalles de la espera en la que cazó al extraño macareno.

De repente, a los dos jóvenes les llegó un olor «a podrido». «Nos daba náuseas», afirma. Y la realidad es que tenía segada la zona del colmillo derecho a la altura de la encía. «En el paladar tenía un agujero tremendo, lleno de gusanos, y ahí fue cuando entendí por qué el animal jadeaba tanto», relata.  «El jabalí estaba sufriendo un dolor descomunal, no podía comer: yo creo que, más que abatirlo, lo que le hice a ese animal fue darle descanso. En ese momento se me juntaron numerosas sensaciones y sentimientos que me invadieron», confiesa el joven.