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Claudia, la joven veterinaria que se asomó a la caza y se enamoró

Esta es la historia de Claudia Llavat, la cazadora y veterinaria almeriense de 23 años que, a pesar de tener en contra en la universidad a compañeros, decidió dedicarse a la producción animal y al sector cinegético.

Claudia Llavat es una joven veterinaria de 23 años de Almería que, desde hace años, tiene dos grandes pasiones que van unidas en su profesión: la propia veterinaria y la caza. Es natural de la localidad de Los Gallardos y, su gran pasión dentro del mundo cinegético, es el mundo de la rehala. Por él vive y por él sueña. Aunque no posee perros, acompaña cada día de montería a múltiples amigos con sus canes «porque es con lo que más disfruto, con lo que me hace feliz», confiesa en palabras a Jara y Sedal.

La historia de Claudia

Desde pequeña, Claudia ha vivido en el campo y ha estado rodeada de animales: «Comencé la carrera de veterinaria porque me gustaban muchísimo los caballos, y conforme fui avanzando en los estudios, me di cuenta lo necesaria que es la producción animal para el día a día de la sociedad», pone en valor. La producción animal «no es explotación», defiende. «Y, además, esta producción conlleva mucha relación con la salud pública. Por ello, me decidí por esa rama y más a fondo en la integración de porcino», algo en lo que ahora está trabajando.

Estar mucho tiempo en el campo le ayudó a ahondar en su trabajo: «Me di cuenta de lo importante que es profundizar en la fauna silvestre. Los jabalíes y los conejos nos hacían muchísimo daño en la finca familiar… y por eso descubrí la importancia de la producción animal dentro del mundo de la caza».

Y no sólo en cuanto a los análisis post mortem de los animales, sino otros muchos aspectos que la gran mayoría de la sociedad desconoce pero que son fundamentales para el día a día de este sector. Para conocerlos, Claudia comenzó cazando con las rehalas de algunos amigos: «Ahí descubrí el dinero que conlleva mantener una rehala, y lo importante que es tener un veterinario cerca. Por ello, decidí involucrarme con ellos, ayudarles a ahorrar gastos, socorrer a los animales cuando les pasaba cualquier percance…», recuerda la joven.

La importancia de la veterinaria para detectar y aminorar problemas como la sarna

Ahora, además de trabajar, está terminando un máster en Gestión Cinegética y resalta que, «en cuanto a lo que respecta a esta parte de Andalucía, es necesario que la gente se conciencie de la importancia que tiene un veterinario en gestión cinegética». En esa provincia hay un serio problema con la sarna, especialmente en arruí y cabra montés.

«Es desolador ver cómo los animales vienen a morirse a las puertas de los cortijos. Todo eso se podría evitar habiendo más unión en el sector cinegético para ayudarnos unos a otros. Es la única manera que tenemos de hacer ver al resto de personas que no están ni conocen el mundo rural que lo que decimos es necesario, que lo justificamos en unos pilares que son visibles como el problema de la sarna y no tenemos que tirarnos piedras unos a otros», defiende la joven cazadora y veterinaria almeriense.

Críticas en la Universidad por ser cazadora

Llavat reconoce haber tenido críticas de compañeros en la Universidad por ser cazadora a lo largo de sus cinco años de carrera: «Ahora mismo, en la carrera de veterinaria hay bandos opuestos, en primer lugar, a la producción animal, a pesar de ser una especialidad que es base de la alimentación de las personas; en segundo lugar, al mundo taurino, algo que no lo entienden como conservación del ecosistema; en tercer lugar, a la caza», enumera la joven.

Hay alumnos que, según resalta Llavat, «se meten en las carreras pensando que esto va de cuidar perros y gatos solamente. Además, hay mucho abandono en segundo y tercero de carrera, cuando empiezan las asignaturas de Producción Animal. O cuando llegan las prácticas, en las que hay que ir a un matadero…», recuerda.

Una reflexión final

Por último, Claudia rememora el mejor recuerdo que tiene de estos años cazando: «Lo que más me gusta es cuando vas cazando con los perros y escuchas un ladrido de haber encontrado un rastro. Se te hiela la sangre. A los pocos segundos, cuando salta el jabalí, me encanta», asegura.

Y hace una reflexión final: «Lo primero que me gustaría pedir es más unión en el sector de la caza, la importancia de visibilizar a la mujer en el sector y la de hacer ver que ser veterinaria no es incompatible con el mundo de la caza», finaliza la joven.