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La contaminación de los ríos provoca truchas adictas a la metanfetamina, según un nuevo estudio

Las plantas de tratamiento de aguas que no están diseñadas para filtrar tales sustancias y, por tanto, las aguas residuales con metanfetamina que se liberan al medio ambiente todavía contienen niveles elevados de ésta. Si las consumen las truchas, pueden llegar a tener adicción.

Trucha. ©Shutterstock
Trucha. ©Shutterstock

Un nuevo estudio de la Universidad Checa de Ciencias de la Vida revela que el uso de drogas ilícitas está creando truchas y otros peces adictos ante la presencia del aumento de niveles de metanfetamina -en forma de pastillas, polvo y cristales- en los arroyos de agua dulce.

La metanfetamina es un estimulante poderoso y altamente adictivo que afecta el sistema nervioso central y su consumo puede conducir a una fuerte dependencia psicológica y física. «Donde hay usuarios de metanfetamina, también hay contaminación por metanfetamina», dice Pavel Horký, coautor del trabajo que publica la revista The Journal of Experimental Biology.

Según expone este estudio, el uso de metanfetamina se ha disparado en Europa y los Estados Unidos en los últimos años, especialmente durante la pandemia. La metanfetamina no se absorbe por completo cuando se consume, y finalmente sale del cuerpo en forma de excremento; por ello, las truchas y otros peces lo consumen y sienten adicción a ellos.

¿Por qué las plantas de tratamiento no filtran la metanfetamina?

Las plantas de tratamiento de aguas que no están diseñadas para filtrar tales sustancias y, por tanto, las aguas residuales con metanfetamina que se liberan al medio ambiente todavía contienen niveles elevados de ésta. «Donde hay usuarios de metanfetamina, también hay contaminación de agua dulce por metanfetamina», expone el autor del estudio, Pavel Horký.

El equipo de investigadores estudió los efectos de la droga en la trucha común (Salmo trutta), observando las condiciones de las aguas residuales contaminadas con metanfetamina en el laboratorio. Las truchas se vieron obligadas a dejar de ‘consumir’ la droga de golpe después de dos meses nadando en agua contaminada. Los investigadores comprobaron que estas truchas se movían menos que las truchas limpias de esta sustancia, una señal de abstinencia.