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Cuatro cosas que debes saber antes de tener tu propio perro de caza

¿Estás listo para tener tu primer perro de caza? Antes de hacerte con él haz repaso a las obligaciones que debes cumplir para tenerlo.

perros de caza

Por Pilar Ruiz (veterinaria)

Si decides hacerte con un perro de caza para el nuevo año toma buena nota porque hay una serie de obligaciones que debes cumplir.

1. Cumple todos los requisitos legales

Todo depende de la normativa de cada comunidad autónoma, pero básicamente es la misma: además de la identificación con microchip (cuyo precio es de entre 40 y 50 euros) y la expedición de la cartilla sanitario o el pasaporte (15-20 euros) que debes llevar contigo cuando vayas al monte, tendrás que poner a tu perro de caza la vacuna antirrábica, obligatoria en la mayoría de las regiones y se suele administrar anualmente (20-40 euros).

También hay otras cuestiones a las que, según la autonomía, pueden estar obligado, pero que desde luego te recomiendo que lleves a cabo tanto por la salud de tu perro como para evitar enfermedades que se pueden transmitir a las personas: en primer lugar, la vacunación frente a enfermedades infecciosas caninas como la parvovirosis, la hepatitis vírica, la leptospirosis y el moquillo (30-40 euros); una revisión anual (puedes aprovechar el momento de la vacunación antirrábica); desparasitación interna con pastillas para evitar tenias y otros gusanos intestinales (cada tres mes, entre cuatro y cinco euros por cada diez kilos de peso).

2. Desparasita a tu perro de caza

La interna consiste en administrarle pastillas vía oral para el tratamiento y prevención de los gusanos intestinales. Se dosifican según el peso del perro, y hasta que cumpla cuatro meses se recomienda llevarla a cabo cada dos semanas. Después, y durante toda su vida, se debe desparasitar cada tres meses.

La desparasitación externa previene la infestación por pulgas y garrapatas y la picadura de mosquitos que transmiten enfermedades. La oferta de este tipo de antiparasitarios es amplia, puedes encontrarlos en pipetas, collares y pastillas y empezar a aplicárselos a partir de las ocho semanas de vida.

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Una garrapata agarrada a la piel de un perro de caza. @Shutterstock

Una opción para protegerlo de las picaduras de mosquitos (las pastillas para pulgas y garrapatas no lo hace) es colocarle un collar repelente. Seresto es uno de los más eficaces, y actúa durante entre siete y ocho meses; Scalibor repele los mosquitos durante todo un año. Si optas por aplicarle pipetas sobre la piel recuerda que deberás hacerlo cada mes. 

3. Dale una alimentación adecuada

Durante el primer año de vida te recomiendo alimentarle con un pienso prémium para cachorros. Aunque sea más caro merecerá la pena, ya que verá cubiertas todas sus necesidades nutricionales. No es necesario que lo suplementes con vitaminas ni mucho menos calcio, totalmente contraindicado en perros en crecimiento. A partir del año de vida, cuando haya completado su crecimiento, puedes elegir el pienso que mejor se adapte a tus necesidades.

4. Cuida su higiene

No debes bañar a tu cachorro hasta que le hayan administrado las tres primeras vacunas: podría enfriarse, sufrir una bajada de defensas y enfermar. Cuando lo hagas utiliza siempre champús especiales para perros. Es más que suficiente con un baño mensual. Si lo haces con mayor frecuencia corres el riesgo de eliminar la flora y la grasa protectora de la piel, lo que le predispondrá a sufrir dermatitis. En muchas ocasiones un buen cepillado elimina la suciedad y le dará brillo al pelaje sin necesidad de utilizar agua y jabón. 

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@Shutterstock

Acostúmbrale desde el primer día al cepillado y a la limpieza de ojos y oídos para que vaya aceptando este tipo de manejo. Limpia sus legañas a diario con una gasa humedecida en suero fisiológico; los oídos, sólo si los tiene muy sucios y utilizando limpiadores auriculares, nunca con agua o suero porque se humedecerán y podría provocarle una otitis. 

Por último, cuando empieces a sacarle al campo no le sometas a esfuerzos prolongados como correr durante jornadas demasiado largas hasta que haya alcanzado su máximo desarrollo. Este tipo de esfuerzos ‘prematuros’ pueden interferir en el desarrollo de sus huesos y articulaciones, pudiendo provocarle cojeras permanentes.