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¿Por qué cazar corzos con arco? Pedro Ampuero nos da las claves

La caza del duende a rececho pone al límite al cazador. Si piensas que con el rifle ya lo has vivido todo, déjalo en el armero y prueba suerte con arco y flecha. Las emociones que vas a vivir son incomparables.

corzos con arco Pedro Ampuero
Pedro Ampuero junto a un corzo cazado con arco. © Pedro Ampuero

Muchos a estas alturas ya habremos cobrado ese corzo que teníamos en mente desde el año pasado, y sin objetivos claros, las jornadas pueden convertirse en algo monótonas al solo dedicarnos a observar y juzgar corzos con el catalejo, sin ningún tipo de acción de caza por nuestra parte. Sabemos que tenemos a los corzos al alcance del rifle, pero tampoco sentimos esa emoción o necesidad de darles caza.

© Pedro Ampuero

Ilusiones renovadas

El arco puede ser una gran alternativa para volver a retomar esa ilusión con un reto nuevo. Las sensaciones de la caza cambiarán totalmente, y con corzos que antes ni siquiera nos interesaban, nos harán temblar como niños de la emoción y nos quitarán el sueño. Cobraremos poco, pero cazaremos mucho más, teniendo lances, emociones, ilusiones y disgustos en cada salida.

Ojo avizor

Ese trabajo de observación nos permitirá tener la ventaja de conocer las querencias y patrones que nos posicionaran en el sitio adecuado en el momento adecuado. Y aún así todavía nos quedará un mundo…

© Pedro Ampuero

Meterse a 30 metros de un corzo nos enseñará muchas cosas. Todos hemos tenido encuentros cercanos, pero no sólo es la distancia. El corzo tiene que estar cruzado, tenemos que medir la distancia, dominar una herramienta nueva de caza, disparar y que el corzo no esquive la flecha… Así es, los animales reaccionan al oír la flecha venir y pueden llegar incluso a esquivarla en un reflejo natural que tienen.

Siempre positivo

La actitud es la clave. Tenemos que tener claro que el cambio al arco para este tramo final de la temporada es para disfrutarla de una manera nueva y estirar esos últimos precintos al máximo. Tenemos que olvidarnos de aquello de «y si veo un corzo muy grande…» o «y si no uso el último precinto…». Vas a disfrutar del campo y la caza, el resultado no importa.

© Pedro Ampuero

Ahora que comienza el celo del corzo, podemos aprovecharlo para tratar de cazar el pequeño cérvido con arco, ya que es una época ideal para ello y nos puede brindar muchos lances y oportunidades a distancias muy cercanas. Si nos aliamos con un amigo para reclamar podemos tener unos lances realmente emocionantes. Las horas centrales del día, finales de julio, primeros de agosto, y tocar en los territorios de los corzos que queremos cazar, apostándonos un poco separados del que reclama serán una receta ideal para el éxito.

El mejor hotel

Vas a vivir días muy largos y noches cortas. No merece la pena ir a dormir a un hotel pudiendo disfrutar de dormir en el propio campo y salir cazando de la tienda. Los mejores huevos del mundo se disfrutan comentando con amigos las excusas entorno a lances fallidos.

No desesperes

A pesar de que la temporada se pueda hacer cuesta arriba, en cualquier momento puede cambiar la suerte, y de estar hundidos pensando que es imposible, pasamos a la euforia de conseguirlo. En este caso compartiendo buenos momentos con mi amigo Rafa en una mañana de infarto en la que todo salió de libro.

© Pedro Ampuero

Mi mujer Victoria pudo cobrar su primer corzo tras varias temporadas una tarde de celo. El trofeo no es importante, solo hay que ver la sonrisa de felicidad y satisfacción después de muchísimas horas de campo. Las sensaciones son muy intensas.

El objetivo

Hay determinados corzos viejos que solo dan la cara durante el celo. Este macho entró al reclamo y nos dio una oportunidad a 30 metros de distancia… La sensación de encontrarte cara a cara con un animal así es imposible de describir con palabras.

Carne de primera

Igual que sucede con la caza con rifle, la cacería no termina con el cobro de la pieza. No encuentro una satisfacción parecida a la de preparar al animal recién cazado, sacar sus lomos, jamones y paletillas. El acto de llenar la nevera con carne ecológica de primera es una de las mayores suertes que tenemos como cazadores y nuestra carta de presentación al mundo ajeno a la actividad cinegética. ¡Hay que dar ejemplo!

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