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El Parque Nacional de Monfragüe es incapaz de controlar la población de ciervos y jabalíes sin la caza

A pesar de haber agotado ya tres de los cuatro trimestres en los que se habían estipulado capturar 561 ciervos y 500 jabalíes, por el momento no han conseguido llegar ni siquiera a un tercio de los ciervos ni la mitad de los jabalíes previstos.

Dos jabalíes y un ciervo. ©Shutterstock
Dos jabalíes y un ciervo. © Shutterstock

El pasado miércoles 9 de febrero Jara y Sedal compartía un vídeo grabado en el Parque Nacional de Monfragüe en el que se podía ver a un ciervo agonizando en una jaula trampa. En las imágenes se podía apreciar uno de los métodos con los que la administración está tratando de controlar la sobrepoblación de ciervos y jabalíes de la zona tras la prohibición cazar en los parques nacionales. Las duras imágenes han generado una importante polémica y han puesto el foco sobre este cruel e ineficaz sistema de control.

Decimos ineficaz porque los informes de seguimiento del Programa de Acción Selectiva de Ungulados Silvestres en el Parque Nacional de Monfragüe, a los que Jara y Sedal ha tenido acceso, evidencian que Parques Nacionales está siendo incapaz de controlar la población de ciervos y jabalíes con las jaulas trampa y los cercones, los dos métodos que se está utilizando.

En total, hasta octubre de 2021 la administración había matado a 184 ciervos y 230 jabalíes. Si tenemos en cuenta que las capturas previstas en el programa de acción selectiva eran de 561 ciervos y 500 jabalíes, vemos que solo se habían sacrificado al 32% de los ciervos previstos y al 46% de los de jabalíes. No alcanzaban ni la mitad del objetivo y esto es un grave problema, por diferentes motivos.

Detectado un alto índice de tuberculosis en los ciervos y jabalíes capturados

Según el resumen de los informes de seguimiento llevados a cabo por el momento en el Parque Nacional de Monfragüe, durante el primer trimestre se detectaron un 89,98% de positivos en tuberculosis de los jabalíes capturados y en el tercero un 48,9% en la misma especie. En este último periodo el 21,3% de los ciervos también estaban afectados por la misma enfermedad, lo que demuestra un alto índice de positivos.

Seguimiento sanitario realizado en las capturas obtenidas por el momento.

En zonas donde ganado y fauna silvestre están en contacto estrecho, la trasmisión de la enfermedad es elevada desde la fauna silvestre hacia el ganado doméstico. En España son el ciervo y el jabalí los reservorios de la tuberculosis bovina, por lo que la ausencia de un control efectivo en sus poblaciones podría provocar concentraciones de animales en comederos y puntos de agua con el consiguiente aumento de los positivos en el ganado.

¿Cómo está matando la Administración a los animales en Monfragüe?

Concretamente en sus informes la Administración afirma haber tratado de capturar a ciervos y jabalíes con dos métodos: jaulas trampa y cercones y admite colocar alimento en ambos para facilitar que los animales acudan y queden encerrados. Si bien indican que, en el periodo de capturas se habrían de revisar diariamente las jaulas y sacrificar los ejemplares capturados mediante bala cautiva, el vídeo del ciervo agonizando que salió a la luz la semana pasada demuestra que no se hace de este modo. Además, se indica también en los informes que en los cercones los animales son sacrificados con arma de fuego, lo cual llama la atención al haberse prohibido precisamente la caza con armas en parques nacionales.

Inoperancia y pérdida económica para la región

Diferentes fuentes cifran en unos 320 millones de euros el precio que costará a los españoles la decisión de prohibir la caza en los Parques Nacionales. A las indemnizaciones que la Administración tendrá que costear se sumará el coste del necesario control de poblaciones, si bien por el momento no está siendo todo lo efectivo que se desearía.

Si tenemos en cuenta que las administraciones competentes tienen que hacer frente a los gastos derivados de los controles poblaciones de diversas especies que ya están llevando a cabo y que estas además no ofrecen la efectividad que la caza en el pasado, podríamos decir que se está incurriendo en un triple perjuicio económico: el de la contratación de empresas que lleven a cabo los controles de fauna, el de los daños que realizan los individuos que no están siendo capaces de capturar y el derivado de la ausencia de cacerías en estas zonas que no solo no generaban gasto si no todo lo contrario, se erigían como un importante motor económico para la región.