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Científicos detectan una potente neurotoxina en las gaviotas que caminan entre los bañistas

El análisis de aves enfermas de la costa sur de Portugal señala al botulismo como la causa más probable de una parálisis que provoca cada año la muerte de numerosas gaviotas.

Son una presencia habitual en playas, paseos marítimos y terrazas, donde se mueven a escasos metros de los bañistas en busca de alimento. Sin embargo, numerosas gaviotas del sur de la península ibérica llevan años apareciendo incapaces de volar, caminar o alimentarse. Ahora, una investigación internacional ha encontrado una explicación para este inquietante fenómeno.

Los científicos han identificado la neurotoxina botulínica en todas las aves enfermas examinadas específicamente para buscarla. El hallazgo señala al botulismo como la causa más probable del denominado «síndrome parético», un cuadro que provoca una parálisis grave y puede acabar causando la muerte del animal.

Todas las aves enfermas analizadas dieron positivo

La investigación fue desarrollada por especialistas de Portugal, España, Reino Unido, Francia y Kazajistán, con participación del Instituto Español de Oceanografía, el Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC), el centro de recuperación de fauna RIAS y otros organismos científicos internacionales.

Los investigadores estudiaron 571 muestras procedentes de 377 aves marinas, tanto enfermas como aparentemente sanas, recogidas en la costa del Algarve portugués. Según los resultados divulgados por el IREC, las 22 aves con síntomas analizadas para detectar la neurotoxina botulínica dieron positivo. En cambio, ninguna de las aves asintomáticas presentó la toxina.

Este dato aporta una prueba especialmente sólida para explicar una enfermedad que desde hace años desconcertaba a veterinarios y responsables de centros de recuperación. El RIAS recibe anualmente cientos de aves afectadas y consigue salvar a más de la mitad, aunque hasta la publicación del estudio no se había podido determinar con claridad qué originaba aquellos episodios.

Gaviota afectada por el síndrome parético© María Victoria Mena Casero

Una parálisis que les impide volar y alimentarse

El botulismo aviar es una intoxicación provocada por las toxinas producidas por bacterias del género Clostridium. Estas pueden proliferar en ambientes acuáticos cálidos y con abundante materia orgánica en descomposición, unas condiciones que favorecen la aparición de brotes durante determinadas épocas del año.

La toxina bloquea la transmisión de los impulsos nerviosos a los músculos. Las gaviotas afectadas sufren parálisis flácida en patas y alas, dificultad respiratoria y diarrea. En los casos más graves, no pueden volar, nadar, buscar alimento ni escapar de los depredadores.

Una de las vías habituales de intoxicación en las aves acuáticas es la ingestión de larvas de mosca desarrolladas sobre cadáveres contaminados. No obstante, los autores reconocen que todavía no se conoce con certeza cómo están entrando en contacto estas gaviotas con la toxina.

«La detección temprana de brotes de botulismo y la adopción de medidas rápidas, como la retirada de cadáveres o el control de la calidad del agua, son fundamentales para prevenir episodios de mortalidad masiva y proteger la biodiversidad», explica María Victoria Mena, directora clínica e investigadora del RIAS.

Los científicos hallaron otras toxinas y gripe aviar

El equipo buscó también otras posibles causas del síndrome. En algunas muestras aparecieron toxinas paralizantes de moluscos y microcistinas producidas por microorganismos acuáticos. Las concentraciones detectadas no parecían suficientes para provocar por sí solas la parálisis, aunque podrían debilitar a las aves y agravar las consecuencias del botulismo.

Además, se identificaron dos positivos de gripe aviar en ejemplares aparentemente sanos. Este resultado refuerza el valor de las aves marinas como centinelas de alteraciones sanitarias y ambientales que pueden pasar inadvertidas hasta que se producen episodios de mortalidad.

Los resultados fueron recogidos en dos investigaciones científicas publicadas en la revista Toxins. Para los autores, vigilar las aves afectadas, retirar rápidamente los cadáveres y analizar la calidad del agua son actuaciones esenciales para cortar el ciclo de transmisión y evitar que un brote localizado termine causando la muerte de numerosos ejemplares.

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