Los técnicos de la Federación de Cazadores de Aveyron, en Francia, llevaban meses intentando capturar un jabalí adecuado para colocarle un collar GPS. Su objetivo era conocer con detalle sus desplazamientos, horarios de actividad y zonas de paso. Finalmente, el 2 de noviembre de 2022, un joven macho de 40 kilos cayó en la jaula instalada en la comuna de Centres.
Seis cazadores colaboraron para inmovilizarlo mientras los especialistas le colocaban un collar amarillo fluorescente y una marca roja en la oreja. Desde aquel momento, el animal, bautizado como Phiphi, comenzó a enviar información que permitió descubrir hasta qué punto un jabalí puede modificar sus movimientos para sobrevivir durante la temporada de caza. La propia federación documentó su captura.

Hasta 11 municipios en apenas seis meses
Phiphi resultó ser mucho más viajero de lo esperado. Durante su primera semana recorrió tres municipios, cruzó ocho veces una carretera departamental y llegó a completar en una sola noche un desplazamiento de casi nueve kilómetros, el 99 % de ellos por terreno abierto.
Su actividad aumentaba especialmente durante la temporada cinegética. Según el balance posterior de la federación, en esos periodos podía cambiar de municipio prácticamente cada día. En los seis meses siguientes a su captura llegó a utilizar terrenos de 11 localidades distintas, aunque regresaba periódicamente al entorno de Centres.
El collar terminó desprendiéndose y dejó de proporcionar localizaciones. Por tanto, aunque el animal sobrevivió durante dos años desde su captura, el GPS no estuvo transmitiendo durante todo ese tiempo. Los datos recopilados fueron suficientes, sin embargo, para identificar uno de los comportamientos que más sorprendió a quienes seguían sus movimientos.
El escondite en el que nadie esperaba encontrarlo
A diferencia de otros jabalíes, Phiphi no solía elegir grandes manchas de monte cerrado para encamarse. Prefería lugares aparentemente demasiado expuestos: el pie de un acebo, una pequeña mata de helechos o una simple línea de seto.
Su táctica consistía en permanecer oculto precisamente donde los cazadores y sus perros menos esperaban hallarlo. En vez de confiar únicamente en una espesura impenetrable, aprovechaba refugios mínimos y pasaba inadvertido gracias a la inmovilidad y al camuflaje. La estrategia, reconoció la federación, «había funcionado durante mucho tiempo».
El animal también era conocido por su carácter. Cuando los perros daban con él, no siempre emprendía inmediatamente la huida, sino que acostumbraba a plantarles cara antes de abandonar su encame. Su comportamiento solitario y la elección de escondites poco habituales complicaron durante meses su localización.
Los cazadores tuvieron que cambiar su forma de buscarlo
Tras perderse la señal del collar, los cazadores de Manhac, la meseta de Moyrazes y Boussac comprendieron que tendrían que buscarlo en lugares que normalmente habrían descartado. Finalmente, dos de ellos encontraron su rastro en Manhac y consiguieron desencamarlo de un seto.

Phiphi fue levantado por los perros y finalmente abatido por dos puestos de la cuadrilla. Habían transcurrido casi dos años desde su captura. En ese tiempo había pasado de pesar 40 kilos a alcanzar los 108,1 kilos, según el relato publicado por la Federación de Cazadores de Aveyron.

Su historia dejó una enseñanza difícil de olvidar para quienes participaron en el seguimiento: en ocasiones, el escondite más eficaz no es el más inaccesible, sino aquel en el que nadie piensa buscar.








