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Seis 'locuras' que todo cazador ha hecho para cazar la becada, perdiz, jabalí o corzo de sus sueños

Jara y Sedal

Seguro que muchas de ellas te suenan y, a buen seguro, habrás cometido varias. Estas son algunas de las ideas más alocadas que todo cazador ha hecho alguna vez para intentar lograr su objetivo.

Poner excusas en el trabajo o con la pareja

Seguro que más de uno lo ha hecho. Más de una mañana o algún atardecer se te ha levantado un repentino dolor de cabeza espantoso y has decidido no ir a trabajar, y como el campo es terapéutico, ¿qué mejor que salir a cazar?, ¿verdad?

Eso sí, si te suena lo anterior hay una máxima que debes respetar: cuidado con las fotos y las redes sociales, si no quieres que la tarde de ‘relax’ te salga demasiado cara. 

Por otro lado, más de un cazador o cazadora se han inventado alguna excusa para librarse de los planes de pareja con tal de salir a cazar. 

Enfrentarse a temperaturas extremas

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¿Quién no ha cazado con temperaturas por debajo de cero grados? Todos, absolutamente todos los cazadores lo hemos hecho. Nadie –salvo nosotros- entiende este tipo de cosas. Seguro que te suena aquello de: ¿pero cómo vas a salir con este frío? O calor, según sea el caso.

Acercarnos demasiado a la pieza

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Los cazadores vivimos al extremo la adrenalina que recorre nuestro cuerpo cuando un gran jabalí rompe de la maleza a escasos metros, o cuando una brava perdiz que lleva toda la mañana jugándotela sale de su escondite con ese característico sonido que nos pone el corazón a 2.000 pulsaciones.

Sin embargo, hay otros momentos en que nos hemos acercado demasiado y no precisamente hemos disfrutado del lance. Muchos son los compañeros que se han llevado un buen navajazo de un jabalí, o la embestida de alguna otra pieza de caza mayor, y más si ha resultado herida previamente. 

Ir a cazar estando convaleciente

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No importa que te hayas hecho un esguince en el tobillo o roto un brazo: si la jornada de caza se acerca harás todo lo posible por recuperar tu capacidad de cazar y echarte al monte. Aunque estés quieto en un sitio mientras el resto de compañeros te echan la caza. Ese día, además, tendrás muchas probabilidades de triunfar. Es una norma no escrita entre cazadores que solo nosotros comprendemos.

Salir «con la que está cayendo»

La tormenta en el campo es una buena pista para la orientación sin brújula. /Shutterstock
Shutterstock.

Cualquier cazador con el que te encuentres ha cazado con lluvia, viento, o las dos cosas a la vez. Incluso viendo cómo los nubarrones se echan encima continuamos andando o aguantamos estoicamente en el puesto. No importa el sufrimiento, entra dentro de la actividad cinegética. La caza es superación y es en esos momentos adversos cuando se demuestra.

Hacer lo que sea necesario para cobrar la pieza

Si una pieza cae a un río, se recupera, aunque sea pleno invierno y el agua esté congelada. Si cae a un zarzal, tocará pincharse. El cazador no conoce límites a la hora de enfrentarse a su presa y pondrá todo su empeño en conseguirla. ¿Te suena?