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Caza un gran jabalí en espera con una curiosísima pezuña

Javier Fernandez-Caballero

El cazador extremeño Félix Murillo protagonizó junto a un jabalí que finalmente ha sido medalla de plata una de las más emocionantes esperas de la pasada temporada. Ahora ha narrado a Jara y Sedal cada detalle de aquel día en el que se hizo con un macho enorme.

2/9/2019 | Redacción JyS

jabalí
El jabalí abatido por Murillo. / F.M.

El cazador extremeño Félix Murillo –natural de la localidad de Quintana de la Serena- abatió, el pasado invierno, un jabalí medalla de plata en una tarde de espera en un coto privado de su comunidad autónoma. El suido, al que cazó de un disparo perfecto justo detrás de la oreja, tenía la particularidad de tener una pezuña más grande que la otra. Ahora, con motivo del concurso puesto en marcha por Jara y Sedal y Beretta Benelli Ibérica, ha decidido narrar la historia a este medio.

«Yo sabía que había caza en la finca donde cazo las esperas, pero el frío me quitaba las ganas de ponerme», comienza relatando Murillo. Los permisos terminaban el 31 de diciembre, por lo que decidió, en la mañana del día 26, ir a pistear por si veía algún indicio de algún buen macareno. Tras andarse todas las querencias de los cochinos (salidas a la bellota, siembras, charcas…), en una baña natural de tierra colorada rodeada de monte, Murillo observó que un gran jabalí «había marcado con sus navajas una encina y, además, dejó huellas con una de las pezuñas más grande que la otra», explica.

Después de observar dichos indicios y a sabiendas de que el animal visitaba casi todas las noches el lugar, Félix preparó el puesto en una encina. «Siempre teniendo en cuenta que me favorecía la dirección del aire, decidí ponerme al día siguiente del rastreo», es decir, el 27 de diciembre. Eran las 17:00 horas de la tarde cuando preparó todos el equipo además de abrigarse bien, puesto que hacía mucho frío. «Comencé a caminar hacia el puesto elegido y, de camino a éste, mi cabeza pensaba si me toparía con ese buen macareno», explica el cazador.

Tras llegar al puesto, «preparé todos mis instrumentos, cargué mi 7 mm. Remington Magnum, le acoplé la linterna y tocaba esperar», sigue narrando el joven. «La espera no se hizo larga puesto que a las 17:25 horas comencé a escuchar cómo un animal se acercaba al lugar. Venía sigiloso y franco, por lo que sin pensármelo más preparé mi arma», dice. «Por los ruidos que venía haciendo parecía otro animal… y efectivamente. Transcurridos cinco minutos, un venado de majestuoso porte irrumpió en la baña», explica Murillo.

Otra imagen del animal. / F.M.

Después de sacudir sus orejas, comenzó a beber. En ese momento «me dio tiempo a contarle las puntas y a contemplar su belleza», dejándolo marchar el cazador. «Seguí disfrutando de mi espera, escuchando cantar algunas perdices, viendo algún zorzal piando a su paso para el dormidero y observando algún conejo entre el monte. Era el instante en el que el sol se iba escondiendo y, de repente, escuché una rama crujir», comenta Murillo.

«Algo viene», dijo para sí, por lo que volvió a preparar el rifle. Eran las 18:05 horas y ahora sí parecía venir el jabalí. El cazador cogió sus prismáticos y escudriñó cada rincón del monte. El aire lo tenía a su favor, por lo que dejó que cumpliese a la baña. «Era listo», señala Murillo, que dejó que transcurriesen diez minutos desde los primeros ruidos hasta que el animal irrumpió en la zona. «Apunté con mi rifle, a unos veinte metros, y disparé con suerte», relata Félix. De un solo disparo detrás de la oreja cayó el animal.

«Recogí todo y fui hacia él, con la grata sorpresa de encontrarme un enorme trofeo» que finalmente fue de 106, 89 puntos, medalla de plata, según explica Murillo. El animal pesó 85 kilos.

El animal tenía una pezuña más grande que el resto. / F. M.

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