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Un ganadero cántabro se pone en huelga de hambre para salvar a sus 300 yeguas de una raza en peligro de extinción

Asediado por los ataques de lobo, se vio obligado a llevar a sus caballos de Asturias a Valencia. Ahora su supervivencia también peligra allí. El director general ha prometido solucionarlo, pero él no se fía de sus palabras.

El ganadero, con uno de los animales. © R. L.
El ganadero, con uno de los animales. © R. L.

El joven ganadero cántabro Rubén Llatas posee una explotación de 300 yeguas de raza raza gallega y asturcona, en peligro de extinción, entre el límite entre Asturias con Galicia y el término de Tous, en la provincia de Valencia, ya que los numerosos ataques de lobo le hicieron hace unos años tener que llevar a la población de su ganado más vulnerable desde el norte a la parte levantina.

A pesar de entregar su vida a esta profesión desde niño, las trabas burocráticas y los ataques de lobo siguen poniendo baches a este joven de 29 años de edad, que ve cómo la Administración no pone fácil su futuro: en octubre de 2020, recibió una carta de la Generalitat en la que se le informaba que no saldrían los pastos a subasta y que antes del 1 de enero debería abandonar el monte.

«Estuve un mes quemando los teléfonos, yendo a los despachos, y nadie me daba una solución; cogí y fui a caballo a la Generalitat, y presenté por registro que si no me daban una respuesta y seguían descuidando a la ganadería en extensivo, empezaría una huelga de hambre el 1 de diciembre», explica. Tras cinco reuniones, se comprometieron a darle seis meses más de plazo, hasta el 30 de junio, para facilitarle la marcha a las nuevas zonas, «algo que han incumplido totalmente», denuncia el joven. «Su objetivo era callarme y dejarme tranquilo», añade.

En enero ya encontró montes en otros lugares y empezó a tramitar los códigos de explotación, pero «por daños colaterales del problema que hubo por la muerte de los burros del Dessert de las Palmas, muchos técnicos y funcionarios tienen pánico a tener que tomar una decisión en el momento que la ley se contradice, y una de esas es que no puedo optar a la subasta de pastos si no tengo un código de explotación, y a su vez no puedo optar a un código de explotación si no tengo pastos que lo acrediten», explica Llatas.

El director general de Agricultura contacta con él, aunque no se fía

Por ello, «y porque la Consejería está dividida en diferentes partidos políticos que se intentan dañar unos a otros y que al final los que somos los principales perjudicados somos los ganaderos, agricultores y cazadores, me he sentado en huelga de hambre cuatro días en la puerta de la Ciudad Administrativa 9 de octubre frente a los despachos de los políticos que me habían prometido acelerar todos los trámites burocráticos», expone. «Yo no busco el conflicto con nadie; solamente quiero respeto ante el sector», defiende el ganadero.

Por último, el joven explica que este viernes, a las 15:50 horas, le llamó el Director General de Agricultura y Ganadería, Antonio Quintana: «Me pidió varias veces perdón y disculpas, me dijo que es aberrante que tenga que llegar a esta situación y se comprometió a solucionar el problema, aunque yo le dije que no me fío de la palabra de los políticos», concluye el joven ganadero su relato a este medio.

Más sobre el problema del lobo

Por último, el joven amplía el problema con el lobo en Asturias, que le ha hecho perder decenas de cabezas de potro en los últimos años: «Como hay tanta incidencia de daños por este animal, allí tengo los animales adultos, y cuando se preñan las hembras las traigo a Valencia, donde tengo las yeguas paridas y los potros menores de tres años. Si no, todos esos animales me los mata el lobo en el norte», denuncia el joven.

Además, expone sobre el sector político que «los mismos que votan a favor del lobo son los que desprotegen a los ganaderos. No estoy en contra del lobo, sino en contra de la pésima gestión que se hace de la especie. Todos los problemas del mundo rural tienen solución, solamente hace falta voluntad política para arreglarlos, concluye Llatas.