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«La ley prohíbe cazar en terrenos quemados porque entiende que los autores pueden ser cazadores. Es inadmisible»

Hablamos de incendios y caza con uno de los mayores expertos en ambas materias de nuestro país: José Miguel Montoya Oliver.

José Miguel Montoya, durante una entrevista. © Jara y Sedal

José Miguel Montoya Oliver es una de las voces más autorizadas para hablar de incendios forestales y gestión cinegética en nuestro país. Además de ser doctor Ingeniero de Montes y profesor titular de la Universidad Politécnica de Madrid y miembro del Comité Científico de la Red de Investigación en Sostenibilidad (Common Ground Research Networks. University of Illinois, Chicago), a lo largo de su vida profesional ha estado presente en un buen número de incendios, dentro y fuera de nuestras fronteras. Con él charlamos sobre caza y fuego

Pregunta: No hay mucha literatura sobre incendios y su influencia sobre la vegetación, la fauna y, por tanto, la caza. ¿Por qué?

Respuesta. Cada incendio es un mundo. Podríamos hablar de incendios con efectos positivos para la caza, destructivos para la caza, destructivos para los montes o que han sido una bendición (a medio plazo, claro)… Cualquier generalización es errónea. Por eso toda la literatura en incendios es pobre, porque los distintos autores se refieren sólo a un caso. No hay generalización posible.

P. ¿Cómo actúa la fauna ante un incendio? Especies que vuelan, las que viven en madrigueras, cuadrúpedos de caza mayor, de caza menor… ¿Cuáles mueren y cuáles sobrevive?
R. Recuerdo un incendio en una zona de Tojares (Galicia) en el que los conejos huían del fuego hasta que se encontraban con nosotros. Entonces daban la media vuelta… y morían quemados. Conclusión: tienen más miedo al hombre que al fuego. En otra ocasión vi algo muy curioso en Gerona: dos torcaces entrar en una zona de pinos que estaba ardiendo. Imagino que trataban de acudir al rescate de los pichones que estaban en el nido, cuando de pronto una llamarada las dejó secas, las abrasó. En un incendio en Lanjarón (Granada) las cabras monteses tomaron una decisión realmente inteligente: seguirnos a las 20 o 30 personas que estábamos trabajando en el terreno. En Mamora (Marruecos), en el mayor alcornocal del mundo, las tortugas se enterraron en la arena y salieron cuando pasó el fuego.

P. ¿Podrían hacer los conejos como las tortugas de Mamora, refugiarse en sus madrigueras para esquivar el fuego?

R. No lo sé. Yo creo que se asfixiarían, pero es sólo una opinión, no he sido testigo de ello. Tan sólo los he visto huyendo del fuego.

P. ¿Cuánto tarda la fauna en regresar a la zona quemada y hacer ‘vida normal’?

R. Lo que tarde en brotar el verde. El primero que lo hace es el de las plantas de raíces húmedas, con bulbo, rizomas… A la semana empiezan estos brotes empiezan a verdear, y es el primer alimento que puede encontrar la fauna. Basta un poco de agua, de humedad, para que regresen los animales. Además, casi todas las zonas que se han quemado suelen tener bastante caza menor dos o tres años después. ¿Por qué? Sencillo. Porque el pasto del que se alimentan es tierno y tiene mayores niveles de nutrientes.

Es la razón por la que los pastores antiguamente quemaban los montes, para regenerar el suelo tener pasto para sus animales. Además, se reduce el número de parásitos, garrapatas… Eso sí, siempre hablando de incendios de extensiones pequeñas o en los que hayan sobrevivido islas con puntos de humedad, roquedales… que no han ardido. Las especies de caza mayor hace lo mismo, vuelve enseguida si dispone de manchas que no se han quemado del todo y en las que puede encamarse y encontrar comida.

P. Lo lógico sería deducir que los cotos colindantes al fuego experimentan un aumento poblacional de especies cinegéticas.

R. Imagino que sí, al menos de manera transitoria, en algún sitio tienen que refugiarse. Otra cosa es que al poco tiempo se produzca el efecto contrario, que vuelvan a lo quemado en busca de alimento.

«La capacidad de adaptación de la naturaleza es increíble. El fuego no es tan caótico como se suele pintar».

P. En cuanto a la vegetación, ¿cómo se ve afectada por un incendio? ¿Cuánto tarda en regenerarse la vegetación?

R. En realidad, la fauna mediterránea, al igual que la vegetación, tiene ‘prevista’ la convivencia con los incendios. Es cierto que puede parecer un auténtico desastre, y lo es, sobre todo en un primer momento, pero es algo que cicatriza muy deprisa. Hay especies vegetales que reviven inmediatamente, y otras protegidas que el fuego les permite pasar de estar prácticamente extinguidas a repoblarse ellas mismas.

El arbolado también se puede ver favorecido. Un pinar viejo de pino carrasco, degradado, envejecido, que no se corta la madera ni se mantiene… cuando se quema, todo el piñón que tiene, que es mucho, se siembra, y tras el incendio nacen pinos jóvenes por miles. Sí, hemos perdido un bosque de 60 años y tenemos uno regenerado de un año, es verdad, pero dentro de otros 60 tendremos un bosque mejor del que hemos tenido. La capacidad de adaptación de la naturaleza es increíble. El fuego no es tan caótico como se suele pintar. Se presenta así para que la gente asuma o interiorice que hay que evitar los incendios forestales.

P. ¿Cuál es el tipo de arbolado más difícil de recuperar tras un incendio?

R. Un arbolado de coníferas joven. Uno viejo resiembra, y uno de frondosas lo normal es que brote de cepas, de raíces… que se rehaga, aunque en forma de monte bajo, pero se rehace. En cambio, al alcornoque, si no se ha descorchado nunca, el fuego le vendría de perlas.

«La ley prohíbe que no se cace en terrenos quemados porque se sobreentiende que podrían haber sido los cazadores los que han provocado el incendio. Esto es inadmisible».

P. La ley establece un plazo de tiempo en el que no se puede practicar la actividad cinegética. ¿Lo considera una medida acertada? ¿Por qué?

R. Es una cuestión compleja. La ley prohíbe que no se cace en terrenos quemados porque se sobreentiende que podrían haber sido los cazadores los que han provocado el incendio. Pues bien, esto es algo que, primero, me parece bastante incierto, no verdadero, y, segundo, inadmisible. «Si son los cazadores, los condenamos». Primero, lo normal es que no lo sean y, segundo, condenarlos porque sí, tampoco lo entiendo.

Hace años había incendios por pastoreo. Cada cinco o seis años los pastores quemaban maleza para conseguir pasto tierno para su ganado durante cuatro o cinco años, y volvía a quemar… pero los cazadores nunca han hecho esto. La caza menor siempre ha estado en terrenos de cultivo y muy poca gente ha tenido interés en que los montes ardan porque sí. No quiero decir que en algún caso haya llegado a pasar, pero apuesto a que no ha sido así en más del 0,5% de los casos. Quizá por error, por equivocación…

P. ¿Cuánto habría que esperar para volver a cazar tras un incendio?

R. Sí entendería una veda de uno o dos años para esperar a que la fauna se rehaga de las bajas sufridas, y al segundo o tercer año, empezar ya a cazar. No entiendo que no se pueda cazar durante muchos años después de un incendio por la presunción de culpabilidad que se atribuye a los cazadores, pero es que tampoco lo entendería si fuera cierto que han sido los culpables. La Administración tiene que gestionar la fauna y dejarse de tonterías. Si los montes estuvieran bien cuidados no pasarían estas cosas. Estas prohibiciones son muy absurdas, como cuando se impide urbanizar por siempre en lo quemado. Me parece muy bien ceder a las presiones del ecologismo de perra gorda, pero lo que hay que hacer es gestionar con cuidado el territorio.

«La recuperación será natural, pero desde luego la primera prioridad es muy evidente, los animales necesitarán agua».

P. ¿Es posible reclamar los daños económicos por los recursos cinegéticos perdidos?

R. Es complicado. Primero, porque es difícil cuantificar las pérdidas. ¿Cuántos corzos han muerto? ¿Cuántos se fueron y han vuelto? Y segundo, ¿a quién reclamar?

P. Por último, ¿qué medidas debemos llevar a cabo los cazadores para recuperar nuestro coto después de un incendio?

R. La recuperación será natural, pero desde luego la primera prioridad es muy evidente, el agua. Si fuera posible, sembrar aceleraría el proceso de recuperación, pero lo cierto es que los primeros dos o tres años después del fuego los pastos tendrían una calidad igual o superior a la que podríamos conseguir. Como he dicho, me preocuparía por el agua y por cuidar lo que haya podido quedar sin quemar, pequeñas islas de refugio.

En ocasiones, tras un incendio se han puesto en marcha repoblaciones en las que las máquinas han arrasado las escasas manchas de vegetación que quedaron. Está claro que podemos aprovechar la madera caída para levantar majanos, por ejemplo, pero no aconsejo gastar mucho dinero. Los animales tienen mucha más defensa de la que creemos. Si alguien me pregunta le diría que llevase agua, limpiase unas fuentes, recuperase unas albercas… pero ¿invertir dinero? ¿Cuánto vas a recuperar? Y lo que ganes no vas a poder invertirlo. No se me ocurre una sola manera en la que no se pierda el dinero. Otra alternativa sería aportar alimento, sobre todo en el caso de la caza mayor, pero bastaría con ayudarles durante los dos primeros meses. En poco tiempo, tendrán mucha comida, y de calidad, en el monte.