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El III Congreso Conservación, Caza y Cultura alerta del «riesgo de extinción» del mundo rural por los «dogmas» urbanitas

Jose María Gallardo (Fedexcaza) junto al ministro de Agricultura, Luis Planas y Alonso Álvarez de Toledo, Marqués de Valdueza. © JyS

El mundo rural reclama medidas que frenen la imposición de «los dogmas» que desde la ciudad tratan de decidir cómo debe ser la vida en los pueblos españoles. Ésa ha sido una de las principales conclusiones del III Congreso Conservación, Caza y Cultura, organizado por la Federación Extremeña de Caza y celebrado el pasado viernes en Cáceres.

Tanto los cuatro ponentes del Congreso como los participantes en el coloquio celebrado coincidieron en que existe una «fractura» creciente entre el mundo rural y el mundo urbano. Así, en las ciudades se imponen «nuevos dogmas» que tratan de «reinventar» el mundo rural y cuál debe ser su forma de vida desde la distancia, sin conocer su realidad y sin contar con sus habitantes. En su intervención, el presidente de la Federación Extremeña de Caza, José María Gallardo, lanzó un mensaje contundente dirigido a los poderes políticos: «En el mundo rural estamos con el agua al cuello y necesitamos un salvavidas. Por favor, no nos abandonen».

José María Gallardo durante su intervención. © Israel Hernández

En su ponencia «El hombre es sapiens por ser cazador», el escritor y periodista Antonio Pérez Henares destacó que «desde hace dos millones y medio de años la caza ha sido un elemento absolutamente esencial y sigue siéndolo hoy, tanto que sin ella no seríamos ni homo ni sapiens». Pérez Henares lamentó que se esté extendiendo una corriente «soberbia» que pretende «juzgar» toda la historia de la humanidad. «¿Cómo puedes juzgar hoy algo de hace 500 o 1.000 o 2.000 años desde una escala de valores basada en modas, totalitarismo y liberticismo?», se preguntó.

El periodista explicó que a este movimiento «hay que combatirlo con argumentos». Y es que «estamos huyendo de lo que esencial de nosotros mismos y de la naturaleza, eso es una deshumanización tremenda», con lo que se llega «a un grado de delirio tremendo». Por eso «es el momento de dar la batalla con argumentos, con fuerza y con firmeza». Por último, dejó claro que hay que tener «esperanza» porque «tenemos razón, tenemos razones, tenemos argumentos, tenemos la naturaleza detrás y tenemos una misión que cumplir».

Ángel Expósito: ¿Quién respeta más a un animal que un cazador?

El también periodista Ángel Expósito clausuró el Congreso Conservación Caza y Cultura poniendo el acento en la importancia del sector cinegético como generador de empleo y riqueza con casi 200.000 puestos de trabajo.

En su intervención, el comunicador se preguntó de manera retórica por quiénes son los más interesados en la defensa del medio ambiente, en referencia a los cazadores que pasan largas jornadas en el campo, a la vez que también se ha preguntado por quienes son los más perjudicados si este mismo medio ambiente es destrozado. En la misma línea, Expósito se preguntó quién respeta más a un animal que un cazador o quién respeta más a un toro que un torero, e ironizó sobre los que hablan del cambio climático, pero cómodamente desde un despacho.

Ángel Expósito hizo referencia a la situación que se está dando de «supremacismo» del mundo urbano sobre el rural, algo que considera que es un error porque «España es mucho más que Madrid».

Por último, el director de La Linterna ha defendido la cultura, no solo como el teatro, el cine, ir al Museo del Prado, etc., sino también como el respeto a las normas y a las tradiciones, a nuestros mayores y a la historia y las costumbres. La caza, concluyó, es sinónimo de sostenibilidad y de medio ambiente.

Mora Aliseda reclama que Extremadura reciba ingresos por el efecto «sumidero»

Durante su intervención, el catedrático de la Universidad de Extremadura Julián Mora Aliseda reclamó ingresos extraordinarios para Extremadura por el «efecto sumidero» de CO2 que tiene la región puesto que si «quien contamina más paga, quién conserva debería cobrar».

Para argumentar estas palabras, Mora Aliseda indicó que Extremadura tiene 722 millones de árboles, además de ser un gran exportador de energía, lo que son cuestiones que «deben tenerse en cuenta» porque no parece lógico que se pague en la factura de la luz los gastos de emisiones o el transporte de la energía. También ha señalado que Extremadura cumple con todos los objetivos de desarrollo sostenible, lo que también debería tenerse en consideración.

Mora Aliseda, durante su intervención. ©Israel Hernández
Julián Mora Aliseda, durante su intervención. © Israel Hernández

Estas afirmaciones las realizó durante su ponencia en el congreso titulada «El último zagal» con la que pretendió llamar la atención sobre el problema de despoblación que está sufriendo el mundo rural en general y Extremadura en particular.

Según los datos ofrecidos, Extremadura cuenta con 25 habitantes por metro cuadrado, pero hay «enormes extensiones» de población con poco más de 1-2 habitantes por kilómetro cuadrado, multiplicando por siete el problema demográfico de España, algo que es muy preocupante. Además, el 91% de los municipios están en regresión demográfica y en el último decenio se han perdido 48.000 habitantes, con una tendencia que seguirá en los próximos años.

Estas cifras nos muestran que «Extremadura está en peligro» y «la especie más amenazada en la región es la especie humana y los extremeños» por lo que limitar las actividades es limitar el crecimiento y el futuro de la región.

La importancia de la agricultura, la ganadería y la caza

En esta línea, Mora Aliseda destacó la importancia de actividades como la agricultura, la ganadería o la caza como elementos para fijar población en el territorio y ha defendido la importancia del Congreso celebrado en Cáceres como instrumento para reivindicar buenas condiciones de vida en el mundo rural y la necesidad de oportunidades, donde la caza forma parte de éstas. Si se siguen limitando las actividades a desarrollar en el ámbito rural, concluyó, «se nos limita el crecimiento».

Por su parte, el director de ABC, Julián Quirós, destacó la «transversalidad» de la caza, un sector, dijo, que a pesar de todo «no ha utilizado todavía las armas de la sociedad moderna», de forma que sigue sin ser capaz de influir como debería en los poderes políticos. Quirós señaló que a día de la caza «empieza a ser algo poco moderno para cierto discurso contemporáneo», algo que, en realidad, supone desvirtuar lo que es en realidad la caza.

Para el director de ABC, el gran problema a día de hoy del mundo rural es que «la vida natural se define en la ciudad, desde allí se dice cómo hay que vivir en el mundo rural». Por eso, «hay que insistir en que el mundo rural debe definir su manera de vivir, no se la pueden imponer desde fuera». Y es que, alertó hay una corriente «que quiere imponer un modelo ajeno, alejado de la realidad, desde un sofá en el que están poniendo tuits».

El Coloquio 'Coyuntura Social y Rural en Pleno Siglo XXI.
El Coloquio ‘Coyuntura Social y Rural en Pleno Siglo XXI. © Israel Hernández

«Esos que más chillan están imponiendo sus ideas, sus dogmas»

En el Coloquio ‘Coyuntura Social y Rural en Pleno Siglo XXI, José María Mancheño, presidente de Mutuasport y de la Federación Andaluza de Caza, incidió en que «hoy día en la ciudad aparecen nuevos dogmas, nuevas formas de conducta y de comportamiento… y llega un momento en el que se pretende desde la ciudad reinventar el mundo rural, reurbanizar nuestras costumbres, nuestras prácticas… nuestras formas de vida se intentan analizar, se juzgan desde la ciudad y se pretende convertirnos en lo que no somos». «Esos que más chillan están imponiendo sus ideas, sus dogmas», añadió.

Manuel Gallardo, presidente de la Real Federación Española de Caza, lamentó que actualmente «las leyes se hacen sin discriminar mundo rural y mundo urbano, y la legislación debe adaptarse al mundo rural». A su juicio «el principal problema del mundo rural es la falta de oportunidades». Así, tiene claro que «los fondos europeos deberían implementarse en ayudas directas a ese mundo rural».

Rufino Acosta, doctor en Antropología Social, auguró un «futuro oscuro» para las zonas rurales porque «su gran problema es que la gente no quiere vivir en los pueblos».