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¿Cómo actuar ante el ataque de un jabalí?

La mayoría de los cazadores nunca se plantean que puedan ser víctimas de una situación comprometida cuando salen a cazar. En este artículo explicamos cómo actuar ante el ataque de un jabalí, uno de los peores –y más probables– escenarios ante los que nos podemos encontrar.

Jara y Sedal

Por Juan Ignacio Contreras

Si hay una especie en España que se acerca a lo que en otros países se conoce como ‘caza peligrosa’ ésa es, sin duda, el jabalí. Y no lo decimos porque sí. Es el animal que más bajas ha causado en las recovas y el que ha mandado a más monteros y rehaleros al hospital. Incluso ha llegado a matar a algunos cazadores.

La colmillada de un jabalí suele ir al mismo sitio que la cornada de un toro: cerca de la ingle y buscando la femoral. Por su parte, el mordisco de una guarra te puede partir cualquier hueso del cuerpo con una facilidad pasmosa y eso, amigo cazador, son palabras mayores. No existe tablilla que lo merezca.

Si se encuentra acorralado o herido, o simplemente se siente amenazado, es muy peligroso y no duda en arremeter contra lo que se le pone por delante. Su rapidez, su tremenda fuerza y sus colmillos pueden poner en un aprieto a cualquier cazador. Por eso, en este artículo vamos a enumerar distintas situaciones que se pueden producir en el campo y las diferentes formas de actuar según las circunstancias.

¿Qué hago si me ataca?

  1. Lo primero que debes hacer es mantenerte en alerta. Evita que te sorprenda. Si el jabalí carga contra ti y no lo has visto ni sabes que te está buscando, lo más probable es que te alcance. Abortar el ataque antes de que tenga lugar es la mejor estrategia.
  2. Memoriza posibles escapatorias. Generalmente el ataque del jabalí se va a producir cuando se siente en peligro, por lo que tú estarás prevenido y no te pillará por sorpresa. Antes de aproximarte a él, visualiza el entorno buscando elementos para ponerte a salvo –árbol, piedra o cualquier otro elemento que te permitan ponerte a salvo de sus colmillos–.
  3. Mantén tu arma lista. Permanece con la guardia alta –incluso encarada– y con tu arma lista para disparar. No olvides quitar el seguro, si el animal se va a por ti tendrás que reaccionar en cuestión de segundos.
  4. Mantén la calma y no falles. Tienes un arma capaz de detenerlo en un segundo. Eso debe darte la confianza necesaria para no ponerte nervioso. Si finalmente te ataca generalmente correrá frente a ti. Eso significa que no ofrecerá mucho blanco. Tendrás ‘menos’ jabalí para apuntar, pero por contra te podrás centrar en su parte más vulnerable: la zona de cabeza, cuello, columna. Si colocas ahí la bala lo más probable es que frene en seco. No te precipites y tampoco falles, porque él no lo hará.
  5. Cuidado con los perros. Si el jabalí viene seguido de perros, debes mantener la calma y, llegados al extremo, no dispararle, como hace el protagonista del siguiente vídeo.

Enfréntate al jabalí ‘acorralado’ para proteger a los perros

En la montería es muy habitual que los perros agarren tanto a jabalíes heridos como no heridos. Si esto ocurre cerca de un puesto y los rehaleros se encuentran lejos del jabalí es obligación del montero acudir al remate para evitar que hiera a algún perro.

Esto te obligará a abandonarlo, por lo que lo primero y más importante que debes hacer es avisar a las posturas colindantes de que vas a entrar en la mancha. Si eres un cazador inexperto en este tipo de lances lo mejor es que te abstengas de acudir o vayas acompañado de alguien con más experiencia que tú.

Comprueba la dirección del viento

La forma de entrar al cochino sujeto por los perros es sencilla, al menos en la teoría. Lo primero que debes hacer cuando llegues al escenario es no echarle el aire al guarro. Es muy importante que no detecte olor humano: para ellos el verdadero peligro viene de nosotros.

Después echa un vistazo rápido al entorno y traza mentalmente una posible huida o localiza un árbol al que encaramarte si el jabalí se zafa de los canes y va a por ti. No te preocupes si no estás en plena forma: si se arranca el macareno te subirás a él con una facilidad pasmosa –lo digo por experiencia–.

Después aproxímate despacio y en silencio, intentando siempre que no te vea. Intenta por todos los medios no asustar a los perros. En ocasiones algunos huyen de aquel que no sea su dueño, pues hay monteros que cuando están ‘comiendo’ un cochino les golpean con un palo: por esta razón desconfían y pueden llegar soltar a su presa, dejándote sólo ante el peligro. 

Cuando tengas el costillar del jabalí al alcance de tu cuchillo busca un hueco detrás de la paletilla o delante, en el cuello. Apoya la punta de la hoja sobre el cuero y clávalo con fuerza. Cuando no puedas introducirlo más muévelo hacia arriba y hacia abajo sin extraerlo para hacer más letal la cuchillada.

Si es posible, sujeta al guarro por el rabo o por una pata para evitar que se vuelva y te lance un derrote con sus colmillos: podría tener consecuencias nefastas para ti.

Tras el lance, es importante que vocees de regreso a tu puesto para que nadie te pueda confundir con una pieza.

Noche y jabalí… una mezcla peligrosa

No siempre nos encontramos un guarro agresivo durante el transcurso de una montería: las esperas también nos deparan muchos encuentros peligrosos con este animal. Aunque la noche es mala compañera para arrimarse a uno de ellos y la prudencia nos invita a dejar su cobro para la mañana siguiente, hay situaciones que nos obligan a jugarnos el pellejo.

Pondré como ejemplo una anécdota personal. Me encontraba en un trigal esperando la entrada de un macareno que tenía toda una orilla comida. A eso de la medianoche se dejó ver, cumplió y le puse el tiro en su sitio. Al disparo, el animal inició una carrera y se internó en un espesar de jaras.

Dejé transcurrir un tiempo prudencial y me fui al coche a por mi teckel. Poco después de ponerlo en el rastro se formó una gran algarabía en el jaral. Express, mi perro, se quejaba de vez en cuando como si el cochino lo hubiese agarrado, y éste hacia chascar los dientes de tal forma que parecían castañuelas. No me quedaron más narices que adentrarme en la espesura para que no le hiciese nada al perro. Lo hice intentando no darle aire y, al encender el foco, lo pude ver aculado gracias al movimiento de unas jaras. Esto que hice fue una temeridad, sobre todo estando solo. 

A continuación te dejamos una recopilación de ataques de jabalí para que te hagas una idea de a qué te vas a enfrentar, llegado el caso.