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Caza un jabalí medalla de oro después de que su mujer abandonara el puesto haciendo ruido

Este cazador ha conseguido hacerse durante una emocionante espera en Albacete con un enorme jabalí de 110 kilos y probable medalla de oro después de que su mujer abandonara el puesto con el móvil encendido y haciendo ruido.

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Dani Martí, con el jabalí. / D.M.

El cazador Dani Martí se ha topado con una increíble sorpresa durante una espera por daños en una zona cercana al nacimiento del río Mundo, en Albacete, donde ha cazado un descomunal jabalí de 110 kilos que echó a toda una piara de una siembra. Martín ha narrado todos los detalles a Jara y Sedal del lance en esta finca abierta de la región castellano manchega.

Dani Martí contaba con permiso por daños en este lugar, en el que se colocó en una de las torretas con las que cuenta el coto en abierto. «Esta zona la tienen muy machacada los jabalíes, sobre todo ahora con las siembras altas. Concretamente, la parcela en la que me encontraba era de multicereal, toda una delicia para los jabalíes y una condena para el agricultor», asegura Martí.

Desde las ocho y media de la tarde estaba situado en el puesto el cazador junto a su mujer Paola: «Vimos varias piaras con rayones, dos machos que no merecían la pena abatir por su pequeño tamaño y, en total, antes de que anocheciese, ya habíamos visto casi una treintena de ejemplares».

Martí explica que le «extrañaba mucho» que, por muy tranquilo que esté el campo durante estas semanas, entrasen tantos animales a plena luz del día, una duda que se le resolvió segundos más tarde. «Ya estábamos entre dos luces, a las diez menos cuarto aproximadamente, cuando asomó la jeta este descomunal animal y echó a quince guarros que había en la siembra», relata. Su enorme tamaño causaba hasta miedo a los demás cochinos, que «huyeron despavoridos como misiles del lugar en cuanto lo vieron aparecer».

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Más imágenes del jabalí. / D.M.

A la derecha de la torreta había un riachuelo, «y casi a dos luces nos cogió el aire y se fue hacia la zona de la siembra, perdiéndolo de vista», comenta el cazador. «Lo más increíble es que, desde las diez de la noche hasta las doce menos cuarto que salió de nuevo, no lo volvimos a ver, porque estaba comiendo de un lado a otro. Entonces fue cuando comprendimos por qué comía la piara de jabalíes en la siembra a esa hora: porque este animal llegaba minutos más tarde y los echaba del lugar. El jabalí que se quedase, tendría que enfrentarse a este enorme… y ninguno tenía la valentía de hacerlo».

A las once de la noche, hora en la que «empezó a refrescar», su mujer Paola decidió bajarse de la torreta con el móvil: «No sé por qué luego cacé al animal, porque incluso se tropezó con las piedras y se fue al coche… y nada más irse ella, escuché un ruido fuerte a mi izquierda. Un poco antes de las doce de la noche, el guarro debió saber que nos íbamos y, en cuanto se asomó a la siembra, vi que era él». El cazador no dudó un instante y, tras localizarlo a través de su visor, de un disparo certero se hizo con el animal.

Al llegar a él, se encontró con la sorpresa: «Pesaba unos 110 kilos, tenía nueve centímetros de navajas por fuera y dos y medio de ancho aproximadamente. Lo homologaré oficialmente, pero a simple vista creo que podrá dar de 110 a 115 puntos, porque las navajas las tiene muy afiladas, tiene un buen color… y las amoladeras son un espectáculo», relata el cazador tras un lance que llevó a cabo con su rifle Blaser R8 en calibre 8X68s y munición RWS Evolution de 200 grains.

Aunque esta espera la llevó a cabo a por su cuenta, sin acompañar a ningún cazador, Daniel Martí se dedica a la caza profesional con su empresa www.cazasopieysabana.com.

Acuden a una espera de jabalí por daños y les entra este monstruo: «parecía un becerro»

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El tremendo jabalí abatido por Adrián Fernández. / JyS

El joven catalán Adrián Fernández dio caza hace unos meses a un colosal jabalí que finalmente ha sido medalla de oro tras una apasionante jornada de espera en un coto social de Cataluña. «Todo empezó una tarde calurosa de verano, donde un amigo y yo nos disponíamos a ir de espera a unos campos de trigo donde hacían daños los jabalíes», comienza relatando a Jara y Sedal el joven. «Buscamos un sitio en alto desde donde veíamos un barranco rodeado de campos en el que creíamos que dormían los jabalíes. Al poco tiempo de llegar, escuchamos que algo se movía debajo de nosotros», añade. Te lo contamos aquí.

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