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De caza extrema con Pedro Ampuero: recechando caribúes en Noruega

No hay muchos lugares en Europa donde puedas perderte completamente en el desierto durante una semana, viviendo sólo de lo que puedes llevar en tu mochila, mientras persigues animales salvajes en un paisaje impresionante. Esto es exactamente lo que llevó a Pedro Ampuero hasta este país.

caza

Por Pedro Ampuero

La alarma suena. Saco la cabeza del saco de dormir mientras escucho la lluvia golpear la tienda con fuerza, una vez más. Ahora entiendo por qué muchos europeos vienen a España durante el verano, el clima aquí no nos ha dado un solo día de descanso, y estamos en agosto. Todavía está oscuro, así que no me molesto en abrir la puerta de la tienda.

Recojo la estufa y empiezo a calentar un poco de agua para preparar un poco de café instantáneo, mientras le doy un empujón a Lewis para despertarlo. Mentiría si dijera que las esperanzas eran altas, pero es nuestro sexto día en la montaña y aún no hemos visto un solo macho. Mañana es el último día de esta aventura de caza extrema y nos estamos quedando sin creatividad.

A pesar de que nuestra situación puede parecer un poco triste, es exactamente para lo que vinimos a Noruega. Si tuviera que definir qué significa para mí este tipo de caza, sería libertad. Puedes ir a cualquier lugar, dormir donde te plazca. Sin duda, un lujo en el mundo de hoy en el que todo está vinculado a horarios, rutinas y leyes.

Tareas de localización previas a la caza

Nos sentamos en un punto de ventaja para tratar de controlar tanto terreno como sea posible. Como solía decir el abuelo de Fredrik, «Gå lite, se mye», que significa caminar poco, ver mucho. En la caza extrema de montaña, algunos días hay que caminar durante horas y otros, solo hay que esperar. Para mí, el segundo tipo de días son mucho más agotadores, pero pueden ser más productivos.

Con los teles, descubrimos algunas antiguas cabañas de caza construidas en roca justo debajo de nosotros, lo que nos hace pensar que no estamos en el lugar equivocado. Revisamos un vasto valle meticulosamente sin ningún éxito. La zona es increíble, con mucha comida para los animales. La principal fuente de alimento del caribú es el liquen y es curioso que sea el único mamífero grande capaz de metabolizarlo gracias a una bacteria especial que tienen en su sistema digestivo. Su tipo favorito se llama «musgo de reno», y estamos literalmente cubiertos por ese vegetal.

Debo admitir que tengo un gran respeto por los noruegos, su ética y los detalles como la prueba de tiro que tuve que pasar el día que llegué al país. Consistía en cinco disparos de rodillas a 100 metros en un diámetro de 25 centímetros para demostrar que podía disparar un rifle de forma responsable. También está prohibido disparar durante las últimas horas del día para permitir que el caribú se alimente con calma. Además, también hay algunas zonas en las que se prohibe el tiro para asegurar que el caribú pueda seguir sus rutas de migración sin la perturbación de los cazadores. 

Llevamos días buscando algún buen macho pero no hemos localizado nada aún. Si deseas resultados diferentes, necesitas probar cosas diferentes, por lo que decidimos mudarnos de emplazamiento justo en el último día de caza. Regresamos al campamento, empacamos todo en nuestras mochilas y comimos algo rápidamente: iba a ser una tarde larga. 

El liquen, el alimento favorito del caribú. ©Pedro Ampuero

Todo un reto

Si quieres divertirte en estas cacerías, debes venir física y mentalmente preparado. Descubrí que el mayor error que cometen las personas es no entrenar con una mochila pesada para estos viajes. Correr, andar en bicicleta y cualquier otro deporte es excelente para el acondicionamiento general, pero escalar montañas para este tipo de caza extrema con cargas pesadas es una actividad muy específica que requiere mucha fuerza y resistencia.

 Ya era medianoche y después de un montón de kilómetros, Fredrik dijo que ya estabamos en la zona adecuada, por lo que hicimos todo lo posible para encontrar un terreno plano en la colina en la que estabamos. Exhaustos, establecimos el campamento lo mejor que pudimos y calentamos un poco de agua para cocinar algo calentito. Ya era hora de descansar, el próximo día tendríamos la última oportunidad y no queríamos fallar.

A través de los numerosos valles te puedes encontrar con auténticos ríos de montaña. ©Pedro Ampuero

Nos levantamos con bastante niebla pero tan pronto como la visibilidad mejoró, comenzamos a cubrir la mayor cantidad de terreno hasta que finalmente localizamos un grupo de machos. El grupo comenzó a alejarse después de que un cazador local disparase a uno de los machos y decidimos ir tras ellos, sin éxito. Exhaustos, nos tumbamos en el suelo para recuperar el aliento. Estábamos sentados en silencio, reflexionando sobre nuestra mala suerte, cuando Lewis señaló el horizonte preguntando qué era esa silueta que se recortaba en el horizonte. Levanté mis prismáticos y descubrí otro grupo que poco a poco se dirigía hacia nuestra posición.

Comenzamos a examinar a todos los machos, cuando Fredrik y yo exclamamos al mismo tiempo: «¡ese es un monstruo!». Había un macho en el grupo que no se parecía a nada que hubiésemos visto antes. Nos tumbamos y esperamos que se acercaran: 600 metros, 520, 440, 370, 290, 250 metros… El disparo retumbó y la bala impactó justo por detrás del hombro. El macho caminó unos metros y doblé el tiro para hacer que se desplomara definitivamente.

Misión de caza extrema cumplida

Es difícil explicar la sensación que se siente después de estar una semana en esas montañas, sin ver animales y cobrar un macho así al final. Es un sueño hecho realidad y lo quiero agradecer a todo el equipo: a Fredrik por alojarnos y guiarnos en estos días, así como a Lewis por acompañarnos en la documentación de la cacería.

Después de varios días sin éxito, Pedro pudo por fin descansar junto a su animal soñado. ©Pedro Ampuero

El caribú era de todos nosotros. Caminamos hacia abajo y pusimos nuestras manos en él. ¡Qué animal tan hermoso! Fue entonces cuando nos dimos cuenta del trabajo que teníamos por delante. Sacamos toda la carne y la colocamos en bolsas. El GPS marcaba 12 kilómetros hasta el coche, y con la carne a cuestas íbamos a tardar unas siete horas. No hay nada más especial que caminar en la oscuridad, llenó de dolor, pero con una sonrisa de oreja a oreja. La mochila es tan pesada que ya no sabes si lloras de alegría o las lágrimas son producto del esfuerzo.

Llegamos al coche a medianoche completamente agotados pero con la alegría de haber cumplido la misión. Cuanto más trabajas por algo, más gratificante es.

Una aventura de caza extrema grabada en vídeo

SI después de leer el fascinante relato de Pedro Ampuero sientes curiosidad por cómo es vivir una cacería así en primera persona, sólo tienes que ver el siguiente vídeo. ¡Qué lo disfrutes!