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La casta y los derechos de los animales

Felipe Vegue denuncia el peligro de que el Gobierno prohíba la cría de perros a particulares, como denunció Jara y Sedal.

Manifestantes animalistas en Málaga. © Pertti Hagelberg / Shutterstock.com

Por Felipe Vegue Contreras, presidente de la Oficina Nacional de la Caza y de ARRECAL

No sé si estarán al corriente de la reciente Jornada Hacía una nueva ley de bienestar animal. Una reunión de políticos hablando sobre las propuestas en materia protección animal modulada por la Real Sociedad Canina Española (RSCE) y donde el esclarecido Director General de Derechos de los animales, Sergio García, expuso su doctrina.

Todos los partidos presentes dan la impresión de tener pánico a no parecer más restrictivos que los otros. Es como si nadie se atreviera a decirle al rey de los derechos de los animales que está desnudo. Hay una suerte de tolerancia o de mirar para otro lado en estas políticas de los derechos de los animales. Pero tras estas buenas intenciones, este buenismo para con los animales, no debemos olvidar que el credo animalista antepone los ‘derechos animales’ a los del propio ser humano, el ecosistema, la biodiversidad o la ciencia…

Como traca final de las diversas soflamas, criadores de determinada raza están convencidos de las bondades del monopolio exclusivo que puede suponerles la venta de sus mascotas. Mi impresión, visto y oído el enfoque, es muy preocupante. Se apuntan todos sin excepción al enorme rodillo controlador de los nacimientos de mascotas, una autarquía que se alimenta desde dentro y empobrece a los pueblos. Sin importarles nada sus nocivas repercusiones sobre el mundo rural y la sociedad en general.

Es un alarde mezquino, una apuesta por la confrontación, un negocio que si no se remedia será monopolizado por protectoras (subvencionadas y excepcionadas de cualquier requisito de ordenación sanitaria) y la RSCE controlando y cobrando diversos registros.

El resultado para los criadores -sean estos amateur o profesionales-, convertirse en franquicia donde no exista libertad de elección, todo dirigido y programado sin la necesaria selección sobre las aptitudes naturales que necesitamos cazadores, ganaderos y los que utilizan el perro como auxiliar. No sólo son barrabasadas manifiestas como la esterilización obligatoria a todos los cachorros vendidos o transferidos. Es la imposibilidad de que con estas prácticas podamos seguir como hasta la fecha siendo garantes del tesoro genético, cultural y antropológico de nuestras razas caninas. Hay razas como el podenco andaluz no reconocidas por los libros genealógicos y que se cuentan por miles dedicados todos ellos al trabajo o la utilidad funcional.

No quieren reconocer cómo la reproducción es una función fisiológica esencial en la naturaleza. Además, la modificación del carácter y temperamento de un perro, y sus consecuencias psíquicas y anímicas cambian cuando se les extirpa su sexo, lo natural y por supuesto incuestionable de la vida en todos los seres “sintientes”, incluidos los perros. Aunque puede ser que pretendan que estos se reproduzcan con esporas o como los ángeles.

Nuestros perros, los de rehala, se eligen entre los que han demostrado cualidades para el trabajo y comportamiento equilibrado desde hace milenios, no siguen los dictados fanáticos de criadores que en pocas generaciones han deformado estructuras y funcionalidades, promocionando razas asiduas al veterinario y peluquerías caninas. No vamos a la moda. Nuestros compañeros perrunos de caza se eligen entre los más sanos, funcionales y aptos para las necesidades que tengan encomendadas: “vale quien sirve”. La rehala, se rige por sus propios cánones, por sus propias normas.

Tengo la sensación de con la pasividad manifiesta del PSOE, la radicalidad de Podemos extrapolada a los derechos de los animales supondrá una vuelta de tuerca más. Una nueva forma de darnos ordenes vía BOE, que es el refugio del desconocimiento de la realidad, del pragmático que simula consejo y consenso y luego se pasa los mismos por el arco del triunfo tras consultas públicas previas, imponiendo absurdas y abundantes Leyes y normativas que solo sirven para ahogar la libertad de todos.

Leyes oscuras, contradictorias, que nos enfrentan y limitan sin resolver nada y complican la vida del pobre ciudadano dinamitando un orden creado de concordia que estaba aceptado de hecho y por derecho.

Los defectos sociales que arrastramos en materia de sanidad, trabajo, educación y medio ambiente los dejarán para cuando nadie preste oído más que a las chorradas del que le toque turno. Ya veremos cómo los perros de las protectoras y criadores empiezan a descontrolar los precios y cómo los dueños se rascan el bolsillo. Es lo que tiene ser parte de este fabuloso negocio que no deja de crecer en el entorno mascoteril.

No quiero ser ejemplo de nada, pero la confusión está servida en medio de está ensalada de normas, normas y más normas. Imposible explicar tanto borrador y legalismo, tantas ganas de machacar al prójimo y tanta falta de lógica; son deseos de regular absolutamente todo y, claro, es inasumible tanta burocracia. Eso sí, a río revuelto ganancia de protectoras.