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Berrea: así puede ayudar la caza a la gestión del ciervo durante el celo

La berrea no debe ser tratada como una etapa aislada en su ciclo vital, sino como un momento clave para la gestión de la especie. Las diferentes actuaciones que llevemos a cabo sobre las poblaciones tendrán una importante repercusión en el éxito reproductivo de la especie, así que lee con atención las próximas páginas: el gestor que llevas dentro lo agradecerá.

Jara y Sedal

Por P. Gonçalves, D. Risco, P. Fernández Llario

El éxito reproductivo es uno de los aspectos esenciales a la hora de realizar una gestión eficiente. En el caso del ciervo hay una etapa en su ciclo reproductivo que despierta un especial interés: la berrea. En España el celo en el ciervo tiene lugar entre finales del mes de agosto y principios del mes de octubre y viene condicionado por el fotoperiodo, cuando los días son cada vez más cortos y las noches se van alargando. Suele alcanzar su máximo esplendor entre el 15 y el 30 de septiembre, aunque algunos animales jóvenes pueden seguir berreando durante el mes de octubre e, incluso, en noviembre. 

La temporalidad del celo es muy importante ya que de esto dependerá que las crías nazcan en primavera, momento en que las condiciones climatológicas y nutricionales son más apropiadas para que las hembras puedan sacar adelante a su descendencia. Pero en la España mediterránea, para que las crías puedan nacer en primavera, el celo comienza tras una época de gran dureza climatológica y nutricional: el verano. El cambio de estación lanza la señal para el inicio del celo y estará fuertemente condicionado por la dureza del verano, la bonanza de la primavera y, en definitiva, por el estado nutricional de los animales. 

¿Cómo influye el estado nutricional de los ciervos en la berrea?

La disponibilidad de alimento es uno de los aspectos que más condicionan la época de celo y será la primera cuestión en la que nos fijaremos. El inicio de la berrea se retrasa o es poco sincrónico en años de mala alimentación. En zonas en las que la población de ciervo tiene condiciones de mala alimentación las hembras pueden no alcanzar una condición corporal óptima para el celo, y comenzarán el mismo tardíamente.

Las berreas tardías deben ser interpretadas de manera general como una señal de alarma, sobre todo cuando los ciervos continúan berreando más allá de la primera quincena de noviembre. Son sinónimo de un mal estado nutricional o de una población de machos muy joven. 

El problema esencial de una berrea tardía es que cuanto más tarde se produzca la concepción, más tarde tendrá lugar el parto y por tanto, más cerca de los meses de verano nacerán las crías. Las crías nacidas en verano tendrán una menor tasa de supervivencia y, en general, un peor estado de salud.

¿Cuál debe ser tu objetivo en la berrea?

Uno de los objetivos a la hora de gestionar una finca de caza debe centrarse en procurar que los animales lleguen a la época de celo con una buena condición corporal. Este propósito no debe focalizarse sólo en los machos: el estado nutricional de las hembras también es importante, ya que como decíamos estas retrasarán el celo si no tienen una condición corporal apropiada. ¿Qué herramientas de gestión podemos poner en marcha para que los individuos alcancen la época de celo con un buen estado nutricional? Las diferentes estrategias dependerán de las características de la finca que gestionemos. 

Uno de los primeros aspectos que debemos abordar es la densidad poblacional. ¿La densidad poblacional de nuestra finca se establece acorde a la capacidad de carga del ecosistema?, ¿tenemos una adecuada pirámide poblacional?, ¿la proporción de sexos esta equilibrada? Si la respuesta a estas cuestiones es negativa debemos plantear un plan de caza selectivo. Si nuestra población ha superado la capacidad de carga del ecosistema, los individuos difícilmente mantendrán un estado nutricional óptimo. A la hora de plantearnos las estrategias de caza debemos considerar que lo ideal es que la sex ratio se ajuste lo máximo posible a la proporción 1:1, con machos y hembras de los diferentes estratos de edad.

Cazador colocando un precinto a un ciervo selectivo. /Ángel Vidal
Cazador colocando un precinto a un ciervo selectivo. /Ángel Vidal

¿Y si cazamos en fincas abiertas?

En fincas abiertas, este objetivo es complejo de alcanzar, en este tipo de explotaciones la mayoría de los machos apenas alcanzan los tres años de edad y la proporción de sexos suele estar muy sesgada hacia las hembras.

Como resultado, durante la berrea solo unos pocos machos se aparearán. Estos ejemplares, generalmente jóvenes, cubrirán muchas hembras, incluso a sus madres, hermanas o hijas de anteriores temporadas, generando un problema de consanguinidad y endogamia –cruce entre parientes–. Esto puede ocasionar la aparición de problemas en nuestra finca, desde bajas tasas de fertilidad de las hembras, problemas en el desarrollo y supervivencia de las crías, hasta la aparición de determinadas enfermedades asociadas a la falta de variabilidad genética.

Incluso se ha visto que parece existir una correlación positiva entre la falta de diversidad genética y la severidad de las lesiones de tuberculosis en ciervos (Acevedo Whitehouse, K y otros, 2005). El control poblacional en este tipo de fincas debe centrarse en disminuir el número de hembras, alcanzando densidades acordes con la capacidad de carga del ecosistema. Además, en la medida de lo posible debemos favorecer el envejecimiento de los machos.

Caza selectiva de ciervos en fincas cerradas

En fincas cerradas, también debemos plantearnos un plan de caza selectiva, siguiendo las premisas anteriores, pero tratando de eliminar los ejemplares que aporten menos a la finca, como pueden ser los machos selectivos, las hembras que no sean productivas o ejemplares enfermos. En el caso de las hembras, controlar el exceso de densidad además de un aporte económico extra por la venta de la carne, permitirá que el resto de la población tenga más recursos a su disposición. 

Debemos considerar que, de manera ideal, la caza de gestión de hembras debe realizarse alejada del último tercio de la gestación –de finales de febrero a principios de julio–. En el caso de los machos, en muchas ocasiones la caza selectiva se realiza durante la berrea. El comportamiento natural de la especie hace que durante el celo machos de alta calidad, que normalmente pasan desapercibidos, se hagan visibles en la lucha por aparearse con las hembras. Este momento es elegido por los cazadores para acceder a ejemplares que de otra forma no podrían ser cazados. 

Este tipo de caza, en fincas en las que contamos con poblaciones abundantes, bien estructuradas y con un número considerable de machos de calidad, apenas afectará a la dinámica poblacional. Sin embargo, en poblaciones de menor calidad o en las que abundan los machos jóvenes, eliminar solo los de mayor tamaño, especialmente cuando se matan al inicio de la berrea, puede tener consecuencias en nuestra población, entrando en conflicto con los mecanismos de selección sexual de la especie (Carranza. 1999).

Si eliminamos exclusivamente los machos de mayor calidad estaremos facilitando que machos más jóvenes, de menor calidad o defectuosos, accedan más fácilmente a las hembras. Por tanto, en berrea no deben capturarse solo machos de calidad, si no que junto con estos debemos eliminar otros selectivos que no alcancen los estándares de calidad.

Pareja de ciervos en berrea. /Shuttertstock
Pareja de ciervos en berrea. /Shuttertstock

La comida, fundamental

Además de mantener la densidad poblacional en niveles compatibles con la capacidad de carga de nuestro coto, en el caso de las fincas cerradas existe otra práctica que puede mantener el estado nutricional de los ciervos: la alimentación suplementaria. La siguiente cuestión a resolver sería ¿cómo afecta la suplementación alimenticia al celo de los ciervos? De manera natural, las hembras suelen entrar en celo con casi dos años y medio de edad, sin embargo cuando las condiciones de alimentación son favorables, las hembras pueden entrar en celo con apenas año y medio. Se estima que hasta un 50% de las primalas pueden llegar a parir al alcanzar los dos años de edad si en la berrea anterior ya tenían el 70% del peso de adulto (Montoya Oliver, 2001). 

En el caso de los machos, un mal estado nutricional puede generar un retraso en la berrea. Es importante que nuestra población disponga de alimento suficiente durante los meses de primavera y especialmente durante el verano. Si hemos conseguido mantener su densidad en niveles compatibles con la capacidad de carga de nuestra finca, esta puede proporcionar el alimento natural suficiente para mantener nuestra población en un buen estado nutricional. Sin embargo, en la mayoría de los casos la dureza del verano hace que los recursos naturales escaseen y sea necesario aportar alimento suplementario. 

En el caso de los machos, además de mantener la condición corporal, el objetivo de la suplementación puede ser otro: conseguir una mayor calidad estructural de los trofeos. En este caso, el aporte de alimento no debe centrarse de manera exclusiva en los meses de verano: debemos aportar una alimentación equilibrada durante todo el proceso de formación de la cuerna –desde el desmogado hasta al menos la fase de formación de la corona–. Una mejora estructural de la cuerna disminuirá las posibles roturas generadas por las luchas de los machos durante la berrea.

En años especialmente duros, en los que los recursos naturales son escasos también durante la primavera, es importante que las hembras tengan alimento a su disposición durante el último tercio de la gestación. En esta fase sus necesidades energéticas aumentan considerablemente.