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De animalista a mujer cazadora: así pasó de boicotear batidas a cazar jabalíes en Galicia

Marga Pregal es ecologista y defensora del medioambiente y los derechos de los animales. Odiaba la caza y participó en el boicot de varias cacerías en Pontevedra. Un día acudió a una jornada de caza de jabalí. Así se convirtió en una mujer cazadora.

Javier Fernandez-Caballero

De animalista a mujer cazadora. De boicotear batidas a ocupar uno de sus puestos cazando jabalíes (Sus scrofa). Marga Pregal, de 26 años y natural de Pontevedra, se considera ecologista y firme defensora del medioambiente y de los derechos de los animales. Hace cinco años la caza no tenía cabida entre sus ideales. Incluso participó en el boicot de varias cacerías. Hasta que un día decidió acompañar a su tío a una jornada de caza de jabalí. Así fue el cambio radical que esta joven gallega experimentó hace cinco años y que ahora cuenta a Jara y Sedal.

Durante una comida familiar volvió a salir el mismo debate de siempre: caza o animalismo. «Entoces mi tío me propuso acudir con él a una batida de jabalíes para que supiera qué era la caza y tuviera argumentos para hablar de ella. Acepté, pero no con la intención de conectar con los cazadores sino de reafirmarme en mis creencias, de sacar sus trapos sucios, de encontrar más razones para denunciarles… Mi deseo era acabar con lo que llaman una forma de vida. Lo último que me esperaba es lo que sucedió aquel día», nos cuenta Marga.

Su primer día como mujer cazadora

El día de la batida, lo primero que le sorprendió fue la actitud de los cazadores. «Había participado en el boicot de varias cacerías de esta zona y ahora estaba entre aquellas personas a las que había insultado. Esperaba que me lo echasen en cara… Nada de eso. No tuvieron una mala palabra para mí. Me gastaron bromas sobre aquello desde el primer minuto y me hicieron sentir como a una más».

No fue una buena jornada de capturas, algo que a Marga, reconoce, le alegró. «Me lo había pasado muy bien con los perros. Al terminar quedamos en el bar. Me esperaba encontrar caras largas porque no habían conseguido abatir nada. Todo lo contrario, todo eran risas y buenas palabras», recuerda.

Marga decidió repetir al día siguiente. En su segunda batida levantaron un enorme jabalí y fue con los perros en su búsqueda. Entonces, Marga descubrió que iba acompañado de rayones. «Antes de que pudiese decir nada, escuché por la emisora de mi compañero que la batida se detenía porque había crías. De nuevo el día terminó sin abatir un solo animal… y me sorprendieron mucho las sensaciones que tuve».

Las lecciones de la caza de jabalí

La caza se fue transformando en su forma de vida. «Como mujer cazadora mis valores siguen siendo los mismos, pero esas personas a quien odiaba se transformaron en prácticamente mi familia», confiesa. «Me vi en la obligación moral de pedir disculpas. Los cazadores no odian al ecologista o animalista. La caza», reconoce Marga, «me abrió los ojos y me enseñó que no puedes odiar algo que no conoces».

Marga se fue haciendo con varios perros de caza. «No son mis mascotas, son mis compañeros, y así es como les trato. Les doy mimos, buen alimento, medicamentos… Cada perro tiene unas necesidades y soy quien mejor las conoce. Están en casa con nosotros, juegan con los niños… y, además, cazan», concluye su relato esta mujer cazadora.

Así, llegó un día en que Marga no se perdía una batida: «Sólo falté aquellos fines de semana que no tenía con quien dejar a mi hijo. Ahora le he educado con los valores que he aprendido de la caza. Y, al final, cómo es la vida, me acabé casando con un cazador… y hoy me considero cazadora».

Ella era anticaza, él cazador. Se enamoraron y ahora su rifle es rosa y aguardan jabalíes juntos

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Javier y Raquel con el enorme jabalí que abatieron durante la primera noche de espera juntos.

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