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10 habilidades que debes tener si eres cazador

Se puede salir al campo sin dominar alguna de ellas, por supuesto, pero debes poner en práctica todas y tratar de aprenderlas porque forman parte de la herencia cultural que nuestros antepasados cazadores nos transmitieron. ¿Aún no controlas alguna? No te preocupes, te explicamos con detalle en qué consisten.

Jara y Sedal

Adelantar el tiro a un cochino cruzado

© Shutterstock

Ha llegado el gran día. Por fin te toca un puesto de montería en el que estarás tú solito. Si es la primera vez que vas a disparar sobre un jabalí a la carrera debes tener en cuenta ciertas consideraciones. Los rifles son armas de precisión fabricadas para disparar sobre un objetivo inmóvil y con un apoyo fiable: es decir, todo lo contrario a lo que sucede en las monterías o batidas. Cuando llegues tómate tu tiempo para analizar el tiradero. Ten en cuenta dónde están tus puestos vecinos y por dónde puede romper la caza. Analiza cada ‘ventana’ entre los árboles, arbustos y piedras y decide cuál será la correcta para apretar el gatillo. La caza viene empujada por la rehalas, por lo que en muchas ocasiones entrará a toda velocidad. No dudes en adelantar el disparo, ya que los jabalíes suelen ir mucho más rápido de lo que aparentan y si te limitas a apuntar a la caja dejarás el tiro trasero o incluso lo errarás. También debes tener en cuenta el calibre que utilizas, si es rápido o lento, para adelantar más o menos.

Apiolar una liebre

Comienza separando el cuarto dedo de las dos patas traseras del resto. Pon la oreja: un sonido seco te indicará cuando está listo. A continuación retira la piel de ambos dedos y deja los huesos desnudos. Escoge uno de éstos y pártelo por la mitad de modo que quede unido al cuerpo únicamente por el tendón. El último paso será meter este hueso por el hueco entre tendón y el dedo de la otra pata y girarlo para formar una ‘T’ que servirá de tope. De esta modo ancestral podrás colgar las rabonas de tu cinto o percha sin que se caigan.

Desollar un conejo

Es una de las prácticas más ancestrales y una de las primeras cosas que todo cazador novel debe conocer. La carne del conejo es deliciosa, por lo que un trato adecuado de la pieza en el campo es fundamental para poder disfrutarlo en condiciones. Aunque a estas alturas del año las temperaturas no son altas, debes tener especial cuidado con los insectos que se sentirán atraídos por la carne y las vísceras. Usa una pequeña navaja o cuchillo que te permita cortar sin problemas la piel de las extremidades para empezar a desollarlo. Una vez suelta la piel en las patas y las manos lo mejor es dar un fuerte tirón para separarla de la carne. Con un pequeño corte en la tripa podrás extraer la totalidad de las vísceras, dejando la canal limpia y lista para su consumo. No te preocupes en exceso por conservar la carne en frío en el campo: es invierno y tardará en echarse a perder, pero en cuanto llegues a casa, trocéala, límpiala y congélala.

Adivinar las zonas de querencia y dormida de las perdices

Controlar el movimiento, las actitudes y las costumbres de los animales que habitan nuestros terrenos es fundamental si queremos tener éxito nuestras salidas de caza. Que no te preocupe perder una o dos mañanas en visitar el coto sin la escopeta y dejando al perro en casa. Acude temprano, madruga y visita cada rastrojo de manera que puedas ir localizando los bandos de perdices y conocer sus movimientos. Todo este estudio de campo te ahorrará mucho tiempo el día de caza: entonces sabrás perfectamente por dónde moverte y cuáles son las mejores zonas para empezar la cacería. Las patirrojas, como casi todos los animales, presenta unas querencias bien marcadas, por lo que no será difícil tenerlas bajo un cierto control. Si eres nuevo en el coto intenta que algún pastor o guarda te facilite información relevante y evita cazar a lo loco: lo único que conseguirás es sumar kilómetros a tus piernas y poblar los cotos vecinos con tus perdices… por no hablar del trauma que le supondrá a tu perro no poder realizar ninguna muestra.

Desmontar una semiautomática

Aunque las escopetas modernas están fabricadas de tal manera que presenten un casi nulo mantenimiento a todos nos gusta tener nuestra escopeta siempre limpia y a punto. Para ello lo primero será separar los elementos necesarios para realizar la limpieza de los mecanismos más importantes así como de las partes externas del arma y del interior del cañón.

El primer paso es aflojar y soltar el tapón del guarda manos y limpiar su interior ya que en el se deposita en residuos de pólvora. Lo mejor es usar un disolvente para eliminar los restos de aceite y después lubricarlo.
Otra parte fundamental es el pistón que tiene que deslizarse con holgura y suavidad sobre el eje. En papá un trapo de algodón el disolvente y frota sin miedo. Cuando esté todo limpio echa aceite suficiente para que resbale sin problema. Una de las partes que más sufren es el cañón. Se para lo del resto del arma y utiliza una baqueta con una grata de bronce o cepillo para desprender todos los posibles recibos de pólvora. Acaba con la grata de algodón para terminar de pulir el interior.

Poner a tiro tu rifle

© JyS

Aunque parezca mentira, los rifles y las miras se mueven de un año a otro y debes comprobarlos antes de salir de caza. Además, es fundamental que siempre dispares con la misma bala, ya que la diferencia entre puntas y grains varía considerablemente el punto de impacto. A la hora de poner tu rifle a tiro chequea la tabla balística del fabricante y trata de hacer cero a la distancia que más se ajuste a tus habilidades cinegéticas. Una distancia correcta y estándar que cubre casi todas las medidas con desviaciones mínimas son los 150 metros. Con el rifle puesto así podrás disparar sobre piezas cercanas y, al mismo tiempo, hacer blanco sobre objetivos que rebasen los 200 metros sin tener que corregir tu visor. Ten en cuenta que todo esto siempre depende del calibre.

Sacar los colmillos a un jabalí

jabalí
Los colmillos de un jabalí. / JyS

Si eres un manitas y si te dan bien los trabajos de bricolaje puedes ahorrarte un dinerillo haciendo tú mismo la taxidermia de los jabalíes que consigas abatir. Lo primero que debes hacer es desollar bien el morro, tratando de dejar al aire la mayor parte de hueso y eliminando la carne la grasa. Cuando tengas la jeta limpia sólo tienes que meterla en agua hirviendo y esperar a que cueza. En este punto has de ser muy cuidadoso con los tiempos para no pasarte con la cocción, que dependerán de la edad del animal, de si ha estado congelado… así que tendrás que ir comprobando si los colmillos empiezan a moverse: cuando esto suceda trata de sacar las amoladeras primero.

Una vez fuera, es turno para las navajas. La parte del colmillo que se encuentra dentro es de diámetro superior al del hueco de la encía, por lo que no podrás extraerlas fácilmente. La forma más cómoda de hacerlo es sacando la tercera muela de la mandíbula inferior y cortando la mandíbula con una sierra de hilo. Así abrirás el hueco necesario para que salga la navaja sin dañarla: sólo tendrás que empujar hacia dentro. Con las cuatro piezas en tus manos, descarna su interior y rellénalas rápido con cualquiera de los productos y resinas que se venden para ello para que no se agrieten hasta que decidas montar la tabla.

Hacer buenas migas

Ingredientes:

  • 500 g de pan del día anterior.
  • 200 ml de agua con sal.
  • 150 ml de aceite de oliva.
  • 1 cucharada de pimentón dulce.
  • 8 dientes de ajo.
  • 7 tiras de panceta fresca
  • de 1 cm de grosor.
  • 4 choricitos frescos.

El pan es imprescindible: mejor si de pueblo, que tenga la miga bien prieta. Debemos humedecerlo el día anterior con agua y pimentón dulce si vamos a hacer migas rojas. Al ponernos manos a la obra primero rehogaremos los ajos machacados en un buen aceite de oliva virgen para que suelten todo su aroma y sabor. Una vez dorados, los reservaremos y agregaremos la panceta. Cuando se dore, reservaremos también y, a continuación, haremos lo mismo con el chorizo.

Ya con la carne y los ajos en un bol añadiremos a la sartén una cucharada de pimentón y sofreiremos unos segundos antes de agregar un chorrito de agua para cortar la cocción. Parte de este agua lo reservaremos para remojar poco a poco las migas que iremos echando en la sartén con el fuego lento para que así se sequen por fuera pero crujientes y jugosas por dentro. Es importante ir moviendo la sartén para oxigenarlas y eliminar así la humedad. Agregaremos la carne y los ajos y seguiremos removiendo. Terminadas, las pondremos punto de sal… y listas. Sardinas, pimiento frito, uvas, aceitunas, membrillo y huevo frito son las guarniciones más habituales. Las migas blancas, sin pimentón, incluso se pueden guarnecer con leche. Por último, un truco: si te quedan demasiado húmedas, el secreto es agregar un puñado de pan rallado, secará las migas y las dejará separadas y no compactas.

Grabar tus lances

© Pedro Ampuero

Lo mas importante es tener claro muy cuál es nuestra verdadera prioridad: cobrar una pieza o intentar grabar un vídeo. Inmortalizar un cacería de esta manera es una forma fascinante de compartir un recuerdo con los amigos, pero debes asumir unos sacrificios: no sólo es algo en lo que debes emplear muchísimo tiempo, en muchas ocasiones perderás grandes oportunidades de abatir un animal al intentar grabar el lance. Otra cuestión importante es: ¿para qué quieres el vídeo? ¿Para enseñarlo en el móvil a los amigos o para hacer una película corta? Si este último es tu caso, has de saber que grabar el tiro es importante, pero aún más contar una historia. Hay que dedicar tiempo a grabar todo lo que precede al tiro para contar una historia completa: dónde estamos, cómo planificamos la entrada, imágenes de los animales… Muchas veces pensamos que para hacer un buen vídeo hay que tener el mejor equipo del mercado cuando lo fundamental es tener una gran historia que contar. Por último, dos aspectos importantes. Primero, utiliza un trípode siempre que sea posible. Segundo, ten en cuenta que un vídeo con una imagen de mala calidad se puede llegar a ver, pero si el audio es malo será algo insufrible.

Hacer un nudo para sacar una res del monte

Hablamos del nudo de arrastre, polea de cuerda o romano, pues estos arrastraban con él sus catapultas. Primero necesitarás un buen punto de apoyo o anclaje fijo: un árbol, una roca o el paragolpes de tu todoterreno. Ancla la res con un nudo simple. Después haz un bucle en la mitad de la misma cuerda ➊ . Toma el extremo de cuerda en dirección al punto de apoyo, introdúcelo por el bucle y ajústalo ➋: ya tienes tu polea. Por último, con el sobrante de tu cuerda pásalo por dentro de la polea y empieza a tirar ➌. Si la pieza es muy grande puedes cambiar de sentido y hacer otra polea para aumentar la tensión y optimizar tu esfuerzo.