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Tres viejos trucos del abuelo para cazar zorros que todavía funcionan

Sí, pueden ser algo rudimentarios e incluso parecer demasiado simples, pero eso no significa que te permitan cazar zorros. Son un legado de nuestros antepasados, obligados a aguzar el ingenio para ganar la partida a un rival demasiado astuto con el que competían por el sustento.

Edu Pompa

Haz la chilla con reclamos improvisados

Existen auténticos especialistas en imitar la chilla para llamar la atención de los zorros de la zona, aunque en ocasiones también puede servir atraer la atención de algunos córvidos y otros predadores.

Para ello puedes recurrir a los reclamos que puedes encontrar en las armerías… o recurrir a técnicas más redimentarias y ancestrales pero no menos efectivas, como soplar sobre el canto de una hoja de laurel, succionar el dorso de tu mano…

También puedes fabricar tu propio reclamo con una ramita de olivo. Con un cuchillo talla un pequeño ‘palillo’ de un centímetro de grosor y siete de longitud, siérralo de manera longitudinal en dos mitades iguales e introduce entre ambas una lámina de plástico como el que envuelve los paquetes de tabaco.

Realiza un pequeño rebaje en la parte central –será por donde soplemos haciendo vibrar el plástico– y para terminar los extremos de ambas partes con cinta aislante o dos casquillos de bala. Al principio sólo engañarás a los zorros más jóvenes, aquellos del año que en media veda entran confiados. No desesperes. Con práctica perfeccionarás tu técnica.

Dibuja rastros con despojos para llevar a los zorros a tu puesto

Para marcarlos puedes utilizar los despojos de tus piezas de caza –como pieles, vísceras…–. Tendrás que ponerte manos a la obra antes de que llegue el atardecer. Es sencillo: a pie o con ayuda de tu coche, arrastra el cebo por senderos y caminos trazando una forma similar a una estrella de cinco puntas.

Todos los rastros deben confluir en un mismo punto que estará situado en el centro del dibujo: aquí será donde habrás instalado tu puesto y hasta donde llegará el zorro atraído irremediablemente por el olor a comida.

Suele acudir, en la mayoría de las ocasiones, con la nariz pegada al suelo y sin prestar atención a lo que le rodea, por lo que si hacemos un buen ejercicio de paciencia y le dejamos cumplir como es debido es capaz de meterse hasta nuestros pies. No obstante, no te confíes. Procura colocarte delante de árboles, arbustos, piedras u otros elementos que sirvan de parapeto y eviten que tu silueta se recorte en el horizonte.

Si eres capaz de permanecer inmóvil como una estatuta y te equipas con un buen traje de camuflaje, ni siquiera necesitarás taparte por la parte delantera. Evita también los reflejos que la luz del sol pueda provocar en el cañón de tu escopeta, tu reloj u otros elementos metálicos. Antes del anochecer seguramente habrás abatido algún raposo. 

Colócate en las rodadas de los barbechos

Se dice que los zorros son animales de costumbres que en su huida siempre toman las mismas trochas. De ahí que cuando realicemos ojeos, batidas u otras cacerías lo más aconsejable sea organizar la mano de manera que dirija la huida del raposo hacia el puesto que previamente habremos colocado en una portilla, un sendero, un paso… o en la rodada de un todoterreno o un tractor sobre un barbecho.

Sí, has leído bien. En estos terrenos el raposo camina con mucha dificultad, y cuando se ve obligado a cruzarlos –por ejemplo cuando se siente molestado– buscará el firme más estable que le ofrecen estas rodadas. No es el primero que he abatido junto a mi padre colocándonos en estos lugares.

Solemos dibujar primero las rodadas, surcos o carriles de manera paralela a la linde y perpendicular a su encame. Después preparamos un puesto en alguna retama o chaparro cercano al carril. Ya son unas cuantas decenas de zorros los que con ayuda de esta vieja técnica hemos abatido en las mismas tierras… y en la misma chaparra.

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