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La ejemplar historia de este cazador al que una bala rompió la médula espinal y no ha dejado de cazar

Javier Fernandez-Caballero

El salmantino Rubén Sequeros sufrió un accidente que lo dejó en silla de ruedas. 15 años después sigue disfrutando de su forma de vida sin rencor a la caza ni al cazador que lo hirió. Esta es su historia de superación.

25/1/2020 | Redacción JyS

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Rubén Sequeros, de cacería. / JyS

Se llama Rubén Sequeros, es de Salamanca y tiene 34 años. Hace casi quince se quedó en silla de ruedas después de que la bala que disparó un compañero rebotase en una piedra con tan mala fortuna que le fracturó la médula espinal. Jara y Sedal ha querido conocer su historia, en la que no hay lugar para el rencor: ni a la caza, ni al cazador que lo lesionó.

Su valentía y afán de superación no fue un impedimento para que volviese al campo a seguir haciendo lo que más le gusta: cazar. El pasado fin de semana, sin ir más largo, tuvo la oportunidad de abatir el primer muflón de su vida. «Es la primera vez que iba a por esta especie». «Fui hace cinco años a una montería de gamos, pero más que los gamos, los ciervos o los muflones, a mí la caza que me gusta es la del jabalí», explica.

Su última captura ha sido « en una montería en la provincia de Badajoz en la que se podía abatir muflón». «Tenía un tiradero bastante limpio en el que se cruzó este animal, dejándolo cumplir y, una vez pasada la línea de puestos, lo abatí de un disparo certero. Estuvo lloviendo toda la mañana mereció la pena», comenta Rubén.

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Rubén Sequeros, sobre los accidentes de caza: «las cosas se podían hacer mucho mejor en las monterías»

Le preguntamos sobre el accidente de 2005, y nos describe cómo se produjo: «Fue un rebote de otro cazador que estaba en el puesto de al lado. ¿Rencor a él o a la caza? Para nada. Fue mala suerte, sin más. Es algo que nos podía haber pasado a cualquiera. Es como aquel que tiene un accidente de coche y luego vuelve a conducir de nuevo. En todos los sitios hay riesgos, y en la caza hay riesgo porque estamos con armas», asegura Rubén sin titubeos.

«En mi caso, en aquella montería, fue un rebote, fue mala suerte. No fue ninguna imprudencia. El cazador disparó correctamente a un cochino, pero la bala rebotó en una piedra y me dio en la espalda. El proyectil me dio en la espalda, en un costado, y la onda expansiva me seccionó la médula, dejándome sin posibilidad de poder andar. No tiene operación», sigue narrando sobre su lesión.

«Aunque fue simplemente mala suerte, lo que sí es cierto –sigue contando- es que se podían hacer mucho mejor las cosas en las monterías, y bajo mi punto de vista pasan muchas cosas que se podían evitar». El joven salmantino se refiere especialmente a la colocación de los puestos: «Se debería hacer más hincapié en la seguridad de las monterías, porque hay veces que por aprovechar y meter más puestos de los debidos para ganar dinero, se pierde en seguridad. Y es entonces cuando pasan las cosas».

Un defensor de la caza social

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Sequeros, junto a un compañero cazador en una montería. / JyS

Rubén Sequeros es un cazador humilde que defiende la caza social: «La caza se ha convertido cada vez más en una actividad más comercial. Antes era más afición. Las orgánicas cada vez están haciendo más dinero. A mí me gusta ir a pueblecitos pequeños, a ganchos de sociedades de cazadores que te cobran muy poco y van a pasarlo bien, a comer, a hablar después de la cacería… otro tema completamente distinto», defiende.

Sequeros forma parte de un grupo de WhatsApp de caza a nivel nacional que se llama ‘Monteros justicieros’. «Lo crearon tres administradores y básicamente busca la caza social y que no nos engañen. Somos 200 personas. No solamente miramos lo que se caza, sino cómo se caza. Cada miembro del grupo hemos decidido que todas las monterías necesitan una crónica con distintos puntos. Ponemos la finca en la que se va a dar, quién la organiza, el número de rehalas, el precio de la montería, la armada que nos ha tocado y el puesto, el tipo de sorteo y la legalidad de éste, la seguridad del puesto, el resultado…», concluye el cazador defendiendo la caza social y la seguridad por encima de todo.

Otras grandes historias de superación que fueron protagonistas en Jara y Sedal

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El primer día que Tachi se unió a la cuadrilla tras el accidente sus compañeros le regalaron un nuevo chaleco firmado. / T.

Para finalizar, recordamos varias grandes historias de superación que fueron protagonistas en Jara y Sedal. La primera de ellas es la de José Manuel Suárez «Tachi», un jovencísimo cazador que en 2015 sufrió un accidente al caerse desde una roca durante una cacería cerca de la localidad leonesa de Almuzara que le dejó en una silla de ruedas. Es vecino de Robles y, por supuesto, sigue siendo un apasionado del mundo cinegético porque es su filosofía de vida. Esta es su historia.

También el pasado 18 de febrero, un caso similar fue protagonista en este medio. Fue el de Javier Díaz, cazador de la localidad madrileña de Navalcarnero, al que el pasado mes de enero un problema en la arteria femoral le cambió la vida: tuvieron que amputarle una pierna. Tras la operación llevada a cabo en el Hospital Universitario Rey Juan Carlos, en Móstoles, tuvo la caza como terapia para afrontar el día a día tras el grave problema que sufrió. Su encomiable testimonio revelado a este medio es todo un ejemplo a seguir.

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