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Ni lima ni piedra: el truco viral que promete afilar los cuchillos en 30 segundos con algo que todos tenemos en la cocina

Un método casero asegura que basta con doblar varias veces un pedazo de papel de aluminio y pasar la hoja por él. Sin embargo, los especialistas advierten de que su efecto es limitado y no sustituye un afilado real.

Los cuchillos son una herramienta imprescindible tanto en la cocina como durante una jornada en el campo, pero el uso continuado termina deteriorando su capacidad de corte. En redes sociales se ha popularizado una solución que promete recuperarla en apenas 30 segundos, sin piedras, limas ni afiladores: utilizar un pedazo de papel de aluminio doblado varias veces.

El procedimiento consiste en formar una lámina gruesa con varias capas de aluminio y deslizar cuidadosamente la hoja por su superficie varias veces, manteniendo un ángulo similar en ambos lados. Quienes comparten el truco aseguran que el cuchillo corta mejor inmediatamente después, aunque conviene aclarar qué sucede realmente con el filo.

El papel de aluminio no afila realmente el cuchillo

Para hablar de afilado es necesario que un material abrasivo retire una pequeña cantidad de acero y cree un filo nuevo. El aluminio doméstico, sin embargo, es considerablemente más blando que el acero empleado en la fabricación de los cuchillos y no posee capacidad suficiente para restaurar una hoja verdaderamente desgastada.

Un análisis publicado por el portal especializado Área Académica de Metalurgia explica que este material no actúa como abrasivo en sentido técnico. Como mucho, la fricción puede corregir levemente alguna rebaba o imperfección microscópica y proporcionar una sensación temporal de mejora, pero no devuelve al cuchillo su geometría original.

La diferencia está entre asentar o realinear una hoja y afilarla. En el primer caso se endereza un borde que se ha doblado ligeramente con el uso; en el segundo, se elimina parte del metal para construir de nuevo un borde cortante. Por eso un cuchillo poco deteriorado podría parecer algo más eficaz tras pasar por el aluminio, mientras que uno verdaderamente desafilado apenas experimentará cambios.

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Qué se necesita para recuperar el filo

Victorinox, uno de los fabricantes de cuchillos más conocidos del mundo, distingue claramente entre ambas operaciones. La chaira alinea el filo y puede utilizarse periódicamente, mientras que el afilado requiere una piedra, un afilador manual o eléctrico, o un material abrasivo como el diamante o la cerámica.

Una solución doméstica de emergencia más efectiva puede encontrarse en la base sin esmaltar de una taza de cerámica. Su superficie rugosa sí posee cierta capacidad abrasiva, aunque hay que deslizar la hoja con movimientos controlados, mantener un ángulo constante y extremar las precauciones. En cuchillos valiosos, muy desgastados o con melladuras, lo más prudente es acudir a un profesional.

También puede comprobarse el estado del filo intentando cortar una hoja de papel o la piel de un tomate sin ejercer presión. Si el cuchillo rasga el papel, se atasca o aplasta el alimento, necesita mantenimiento. Conviene recordar que una hoja desafilada también resulta peligrosa, pues obliga a aplicar más fuerza y aumenta el riesgo de que resbale.

Cómo conservar el cuchillo durante más tiempo

La superficie sobre la que se corta influye directamente en la duración del filo. Las tablas de madera o plástico blando resultan más adecuadas que el cristal, el mármol o el granito, materiales mucho más duros que castigan rápidamente el borde de la hoja.

Los cuchillos deben lavarse y secarse después de cada uso, guardarse sin que las hojas golpeen entre sí y no emplearse para abrir latas, hacer palanca o cortar alimentos congelados. Estos cuidados no evitarán que algún día sea necesario afilarlos, pero sí retrasarán considerablemente ese momento.

El papel de aluminio puede servir, como mucho, para un retoque ligero y provisional. Por tanto, el popular truco de los 30 segundos no es completamente inútil, pero tampoco obra el milagro que prometen algunos vídeos: cuando el acero ha perdido realmente su filo, no hay atajo doméstico que sustituya una herramienta abrasiva adecuada.

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