¿Por qué la caza ayuda a un correcto desarrollo de los niños?

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Actividades como la caza o la pesca, en las que queda patente la relación e interacción con el medio, ayudan a prevenir el Trastorno por Déficit de Naturaleza (TDN). Aquí te contamos en qué consiste este problema de salud.

13/11/2017 | Redacción JyS

Trastorno por Déficit de Naturaleza
Foto: Shutterstock

En el día a día de la sociedad actual, desde los más pequeños de la familia hasta los más longevos están en continuo contacto con las tecnologías. Tanto es así, que en muchos casos estos nuevos dispositivos llevan a los más jóvenes a un aislamiento que les impide conocer aquello que les rodea. Esto puede conllevar, y en la mayoría de los casos es así, la aparición del Trastorno por Déficit de Naturaleza (TDN).

Este término fue acuñado por Richard Louv en su libro “Last Child in the Woods” en 2008. A través de este libro, Louv dio origen a un nuevo movimiento que plantea la necesidad de conectar e interactuar con el medio natural, algo que según los expertos ayuda al desarrollo de los niños.

De esta manera, el libro de Louv fue seguido por educadores y padres que buscan restablecer el vínculo entre los humanos y la naturaleza, un factor muy presente en la caza.

Según el catedrático de Psicología Ambiental de la UAM, José Antonio Corraliza, “el Trastorno por Déficit de Naturaleza (TDN) forma parte de un conjunto de problemas que, genéricamente, se denominan enfermedades psicoterráticas, que son trastornos que tienen su origen en una deficitaria o patológica relación con el entorno en el que vivimos”.

Corraliza explica a ABC que la interacción con el medio no es una moda “sino una necesidad fruto de la nostalgia, ya que el agua, los animales y la vegetación forman parte del ecosistema donde hemos tenido éxito evolutivo como especie”. Tal y como asegura, nuestro sistema nervioso no está adaptado a las ciudades “y se sobresatura”.

Así pues, actividades que se desarrollan en un entorno natural, como la caza, hacen que los niños aprendan de la naturaleza a la vez que experimentan. Pero no sólo les proporciona un beneficio a nivel físico, sino que también es importante para la parcela emocional. Las actividades como la caza, que se desarrollan en pleno medio natural, les proporcionan herramientas para que sean capaces de lidiar mejor con el estrés y sean más autónomos, a la vez que potencian su concentración y mejoran su salud cardiovascular y respiratoria.

¿Cuáles son los síntomas?

Bien, ahora que ya hemos planteado cuál es el problema general hablaremos de los síntomas.

Cualquier adulto en diferentes épocas del año necesita escaparse hacia un entorno rural en el que el contacto con la naturaleza y el medio ambiente es más directo. Pues a los niños les pasa lo mismo, solo que en la mayoría de ocasiones no saben cómo expresarlo.

Cuando pasa esto generalmente se relaciona con el estrés que nos produce la vida diaria en la ciudad, y la consiguiente ansiedad, irritabilidad y falta de concentración que aflora a raíz de ello. Los cazadores de hecho sentimos una libertad absoluta en el campo haciendo lo que más nos gusta que nos hace olvidarnos de las fatigas del día a día.

Otros signos de esta falta o carencia de relación con el entorno natural pueden ser la hiperactividad, la obesidad -provocada por el sedentarismo que llevamos como cotidianeidad debido a nuestro uso de las tecnologías- y carencia de vitamina D.

¿Qué hacer para evitarlo?

Como todo el mundo, queremos lo mejor para nuestra descendencia. Por tanto, para que los niños se desarrollen como es debido y tengan una salud de hierro es casi tan importante como la alimentación el separarlos de las nuevas tecnologías y llevarlos al campo con nosotros.

No hay nada mejor que predicar con el ejemplo para que un niño te acompañe de caza. Debes inculcarles el amor y el respeto por la fauna y flora, deja que te haga preguntas, que explore y experimente por sí mismo y que te pida ayuda o consejo cuando lo necesite.

Enséñales desde lo más básico, como puede ser identificar huellas o plantas y deja que sean ellos los que te vayan marcando el ritmo. No te impacientes y vete inculcándoles la actividad cinegética poco a poco.

Primero sal a practicar modalidades en las que vaya a ver mucha fauna y que sean más dinámicas, no trates de tenerlos horas y horas esperando a ver algo. Cuando ya tengan el gusanillo dentro no habrá quien los pare y serán ellos mismos los que te pidan esas horas de desconexión que tanto beneficio les aportarán.

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