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Siete consejos para cazar corzos durante los primeros días de la temporada

¿Aún te dispones a afrontar tu primer rececho de la temporada de corzo que acaba de comenzar? A continuación te mostramos siete consejos que te permitirán cazar al duende del bosque como Dios manda.

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Corzo. © Shutterstock

Probablemente si estás antes la primera salida tras los corzos de la temporada, cuentes con la mochila cargada de ilusión y ganas de salir al campo. Pero ese entusiasmo no debe jugarte una mala pasada. Si vas por el monte como pollo sin cabeza probablemente des al traste con uno de los mejores meses para el avistamiento de los machos de corzo de tu coto. Echa un vistazo a los siguientes consejos y no pierdas la oportunidad de hacer las cosas bien, ahora que salen francos a las querenciosas siembras, la pradera o la linde del monte y que aún no andan resabiados.

1. Busca la linde del monte con las siembras

La espera corcera por antonomasia. Localiza el punto adecuado entre la siembra y el monte y limítate de paciencia. Es fundamental que el aire sea constante y no cambie a mitad del aguardo. Intenta que tu figura esté lo más disimulada posible. Para ello viste con el camuflaje más adecuado al entorno y asegúrate que detrás de ti dispones de una buena masa de arboles o bosque que disimulen tu silueta y eviten que se recorte en el horizonte.

2. Haz asomadas desde el monte a los claros

Un corzo en el bosque. © Shutterstock

Siempre y cuando el aire te pegue en la cara y el terreno lo permita, podrás intentar alcanzar las siembras más querenciosas de tu coto a través del bosque que lo circunde. Deberás caminar sigiloso como un sioux, poniendo mucho cuidado en no hacer ruido, y asegurarte de que los corzos ya se encuentran comiendo en el cereal.

3. Ve por los carriles

Un camino despejado de ramas y piedras siempre es una buena opción para entrar a una siembra y aguardar la aparición de los corzos. Si el aire esta de tu lado sólo tendrás que preocuparte de llegar sin hacer mucho ruido, aparecer con suficiente tiempo de antelación y apostarte lo más oculto posible. Lo más fiable es tumbarse en el suelo.

4. El agua siempre ayuda

Aunque en el mes de abril el calor no es todavía asfixiante, un punto de agua limpia siempre es lugar de reunión para la fauna de la zona y, cómo no, para el pequeño cérvido. Si el día se presenta especialmente ‘caliente’ no importa la hora a la que intentes el aguardo: incluso es posible que observes ejemplares que entran a los aguaderos en las horas centrales del día. La recomendación es la de siempre: mucho cuidado con el aire. Si lo controlas, el corzo es tuyo.

5. Ten en cuenta que todavía hay borra

Si bien es cierto que muchos corzos, sobre todo los más grandes y adultos, lucen sus cabezas ya ‘terminadas’ a principio de temporada, es bastante habitual que te encuentres con machos con su trofeo aún cubierto de terciopelo. Ten paciencia y que no te pueda la codicia: en unos días lo frotarán contra una jara o pinaza quedando su botín al descubierto. En otros países como Francia o Inglaterra acostumbran a cazarlos con correal, no así en nuestro país. Espera a que estén limpios y déjales que formen sus cuernas por completo. Son las reglas del juego y hay que respetarlas.

6. Les pierde lo verde

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Dos machos, uno aún sin descorrear, en una siembra. @ Shutterstock

Las lluvias del invierno, pocas o muchas, y los primeros calores primaverales traen consigo los brotes tiernos y jugosos. Son la perdición del corzo que, como buen sibarita, y tras unos meses duros, estará ávido de frecuentar los mejores restaurantes. Las bellotas de encinas y robles dejan paso a los frescos pastos naturales y a los incipientes sembrados de trigo y cebada. Recuerda que es un animal rumiante y que necesita ingerir alimento varias veces al día. Si lo aguardas en la linde del monte junto a una siembra tranquila, tarde o temprano hará acto de aparición.

7. En abril, aguas mil

Es habitual que llueva en el inicio de la primavera y que te sorprenda en el campo algo más que una tormenta de verano, probabilidad que variará según la localización tu coto. Ellos piensan igual que tú: les molesta el aire, el frío y el agua, así que si decides salir a buscarlos hazlo cuando las condiciones meteorológicas sean algo más favorables. Unos tibios rayos de sol alumbrando un trigo después de un buen chaparrón es sinónimo de corzo: necesitan secarse y para ello salir del monte, que está empapado. Aguanta, no seas víctima de tus ansias y aumentarán las probabilidades de obtener tu recompensa.