fbpx

Duerme tres días en el monte hasta que logra cazar un magnífico y resabiado sarrio

Javier Fernandez-Caballero

Este cazador disponía de una semana para tratar de dar caza a uno de los sarrios que le quitaban el sueño. Tuvo que emplear tres días en la montaña para conseguirlo y cuenta para Jara y Sedal cómo sucedió.
25/3/2019 | Redacción JyS 

sarrio
El joven Nil Socias estuvo hasta tres días durmiendo en la montaña para conseguir el trofeo que buscaba. / N.S,.

Se llama Nil Socias Nieto, tiene 22 años, es cazador desde que tiene uso de razón y el pasado mes de septiembre abatió un viejo y resabiado sarrio medalla de oro en los Pirineos después de tres días durmiendo en la montaña. Ahora, en el repaso a las grandes piezas de la temporada pasada, Jara y Sedal ha contactado con el protagonista de esta historia, que ha narrado cómo consiguió hacerse con el animal.
sarrio
Socias, con el sarrio tras abatirlo. / N.S.

102 puntos dieron finalmente los cuernos de este bello sarrio, una especie que en Andorra solamente puede cazarse durante una semana al año, siempre a mediados del mes de septiembre. «Depende de cómo van los recuentos que se hacen en verano se dan más o menos capturas», explica Socias.
Estas capturas se reparten en distintas «collas» de cazadores. Cada una de ellas acostumbra a cazar cada año en el mismo cuartel: «La nuestra caza en la zona de Encamp, donde pude abatir este animal», explica el joven. «Lo curioso es que después de ver rebecos durante toda la semana, llegado el miércoles ya me quede sólo cazando porque los compañeros de mi colla ya no podían venir más» por cuestiones laborales, añade Socias.

Tres días durmiendo en la montaña

sarrio
Otra imagen del sarrio. / N.S.

El joven Nil Socias estuvo hasta tres días durmiendo en la montaña para conseguir esta captura. «Después de jueves, viernes y sábado pernoctando en la zona, en la que había otros sarrios más pequeños, di con éste, que nada tenía que ver con los demás», explica. Lo divisó el domingo a unos 800 metros y desde ese momento necesitó hasta cuatro horas para conseguir abatirlo.
Estaba acostado al lado de unas peñas «donde era imposible acercarse», relata el joven. «Tuve que cambiar de ladera y aproximarme por la parte de atrás, para luego pasar por una zona muy escarpada y esconderme detrás de unas piedras, esperando que se levantara a comer para avanzar así más». Durante esas cuatro horas, el sarrio estuvo «atento y vigilante» a todos los movimientos de la zona.

El lance, a las 16:15 horas

A las 16:15 horas de la tarde llegó el momento de disparar. Según Nil: «El sarrio se levantó durante 10 minutos a comer la poca hierba que había en las peñas donde estaba y eso me dio la oportunidad de avanzar de piedra en piedra hasta que llegué a un rincón donde tuve que escalar 10 metros de pared. Entonces, pude apostarme para tirar», explica. 
Haciendo el menor ruido posible, una vez tumbado a 185 metros de distancia y sin que el animal se percatase de que el cazador estaba allí, Nil lo metió en el visor. Las condiciones «eran favorables, el viento estaba en contra y la luz del sol no daba directamente». En ese momento, el joven se puso nervioso: «Cada vez que el sarrio movía la cabeza, yo sólo veía esas antenas que jamás había observado».
Sin embargo en ese instante el animal se volvió a tumbar, por lo que Nil debió esperar a que se levantase: «Tardó unos 10 minutos más que se hicieron eternos en los que no paraba de repetirme a mí mismo que no podía fallarlo porque era el sarrio de mi vida», relata. Una vez levantado, comenzó a moverse sin darle al joven la oportunidad de dispararle con su Sauer 404 XT en calibre .30-06 Springfield y munición Remington Accutip de 150 grains, «un poco grande para los sarrios», confiesa. 

Y llegó el momento clave

sarrio
El sarrio ha sido medalla de oro. / N.S.

«Justo cuando se paró, a unos 190 metros, le disparé de pecho. El animal no cayó al instante y saltó de las peñas corriendo hacia abajo», dice Nil. «Pensaba que no lo había tocado, por lo que le tiré a la carrera con la suerte de darle por segunda vez», relata. 
«Saltando de alegría, llegué al animal y estuve una hora solo sacando fotos, colocándole la anilla y vaciándolo para poder meterlo dentro de una mochila de 35 litros», nos cuenta. Y finaliza diciendo que, una vez realizada la gran captura, subió ladera arriba hacia el coche  con el animal a cuestas sin perder la sonrisa en un trayecto de dos horas.