fbpx

Un puesto así es el sueño de cualquier cazador de jabalí

Todos sabemos que cuando vamos a cazar el jabalí hay más posibilidades de volver a casa con las manos vacías que con una buena pieza para meter en la cazuela. Por eso los puestos como este no abundan, y son el sueño de cualquier cazador.

Javier Fernandez-Caballero

La caza es incierta. Cada vez que salimos al campo lo hacemos con la esperanza de cruzarnos con el jabalí, el ciervo, la perdiz, el conejo o la liebre de nuestros sueños… y ser capaces de ganarle la partida.

No es fácil. Los animales salvajes son más rápidos, más fuertes y conocen mejor el entorno que nosotros. En nuestro caso disponemos del arma más potente de todas: la inteligencia. La misma inteligencia que nos permite establecer tácticas de caza… y crear trampas o armas con las que poder llevarlos a nuestros estómagos.

Pero además de todo eso, de conocer la técnica, las costumbres, el escenario de caza y todos los secretos de las piezas, hay un factor que siempre es necesario: la suerte. Sin ella, no hacemos nada. Si no que se lo digan al protagonista del siguiente vídeo, que salió de casa rezando por tener suerte para cazar un jabalí, y acabó teniendo este regalazo de la diosa de la caza.

Varios jabalíes entran al puesto de un cazador, él decide indultarlos ¡pero no se quieren ir!

Varios jabalíes entran al puesto de un cazador, él decide indultarlos ¡pero no se quieren ir!

El cazador malagueño José Arrabal se topó hace unos días, durante una noche de espera, con una situación un tanto curiosa: en su puesto entró una piara de rayones que se acercaron hasta él e incluso los pudo tocar. Además, da la casualidad de que aquella noche le acompañaba en su puesto su novia Francisca Galán, que no era cazadora antes de empezar hace pocos meses con él, pero que le ha empezado a picar el ‘gusanillo’ del mundo cinegético conforme ha ido conociendo su realidad

El hecho ocurrió en un puesto de espera que José tiene en un coto en la provincia de Málaga: «Me puse en la búsqueda de un jabalí grande que sabía que estaba por allí y, a la caída de la noche, sentí ruidos. Como no tengo visor nocturno, vi un bulto en el llano y alumbré. En ese momento, vi cómo dos guarros se venían hacia mí y se ponían a un metro de distancia», relata el cazador. Te lo contamos en este enlace.