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¿Por qué el taco es tan importante en el cartucho de caza? (y muchos cazadores lo ignoran)

El taco fue concebido en sus orígenes para separar la pólvora del otro protagonista de este artículo, el perdigón. Hoy sigue siendo el gran olvidado, a pesar de que juega un papel crucial en el comportamiento de la munición, en la regularidad de las presiones y velocidades.

Taco y perdigones de un cartucho. © JyS
Taco y perdigones de un cartucho. © JyS

«No vales ni para taco de escopetas», reza una expresión popular de cuando éstas eran de avancarga, se cargaban por la boca del cañón y cualquier cosa valía para separar la pólvora de los perdigones. Es el gran olvidado de los componentes del cartucho, cuando su función es fundamental en la consecución de la regularidad balística en presiones y velocidades. De hecho, la calidad de una munición depende en gran manera de la de su taco: cuanto mejor sea éste, mejor rendimiento y mayor garantía del funcionamiento óptimo de la munición.

¿Qué es el taco en un cartucho?

A grandes rasgos, es la parte del cartucho que separa la pólvora del perdigón. Suele ser de plástico e incorporar aletas que protegen los perdigones evitando su fricción con el cañón. Evita, en primer lugar, que éste se emplome: los perdigones, al salir muy calientes y encontrarse con el choke, tienden a desprender pequeñas partículas, residuos de plomo que, a la larga, quedan pegados en la boca de la escopeta. Si no se limpia adecuadamente los tiros posteriores serán deformes.

Un segundo cometido es el de permitir aprovechar al máximo los gases fruto de la combustión de la pólvora, por lo que su parte posterior, la que está en contacto con ésta, debe ser ligeramente de mayor diámetro. Además, si posee una buena capacidad de amortiguación hará que el disparo sea más suave.

Sus aletas también cumplen una función: cuando el taco sale del cañón se abren para hacerlo caer cuanto antes y evitar que pueda distorsionar el cono de disparo de los perdigones. Aunque es algo que está hoy muy estandarizado, aún vemos tacos defectuosos o en los que ningún aleta se abre, con lo que el taco acompaña a los perdigones demasiado tiempo pudiendo provocar huecos en el disparo.

Así son los perdigones

Son cada una de las pequeñas bolas de plomo que contiene un cartucho y el elemento principal de éste. Siguiendo antiguas reglas inglesas, son mayores cuando su número es más pequeño, y al revés: uno del 9 tiene dos milímetros de diámetro por 2,75 de uno uno del 6.

Los países del centro de Europa, sobre todo Alemania, Austria y Suiza, recurren para su identificación a su diámetro en milímetros. Esto tiene sentido para saber claramente el tamaño del perdigón y para unificar criterios, ya que, por ejemplo, el número 8 en Italia mide 2,30 milímetros, en España 2,25 y Gran Bretaña 2,20 –lo mismo ocurre con la munición de mayor: en España decimos calibre .30-06 y 180 grains y sabemos lo que pedimos… pero no cuánto pesa un grain; en Alemania, calibre .30-06 y 11,70 gramos, mucho más claro–.

¿Qué perdigón se debe usar para cazar?

De forma genérica, para cazar se debe utilizar un perdigón blando, con 1,5% de antimonio máximo en su composición; para tirar al plato, lo más duro posible, con un mínimo del 2,5% –disponible en el mercado hasta el 5%–.

Unos perdigones finos, de 9ª o 10ª, perderán mucha velocidad una vez que salga del cañón, pues el peso específico de cada uno es muy pequeño y la velocidad tiende a disminuir rápidamente. Miente el que afirme que un cartucho de 9ª o 10ª tiene, a 20 metros, una velocidad de 340 metros por segundo.

Un perdigón gordo, del 0 o 00, conservará su velocidad durante mucho tiempo, pudiendo ser peligroso a mayor distancia de lo acostumbrado en un cartucho, por lo que habrá que tener mayor cuidado con los disparos ciegos.

Tacos fotodegradables

Algunos cartuchos están dotados de un taco graso biodegradable con una tapa de cartón que garantiza la hermeticidad necesaria para los gases. Diseñado para producir el menor el impacto medioambiental, según las restricciones ecológicas de algunos países, es recomendable, sobre todo, en actividades intensivas de caza –como ojeos–.

La degradación consiste en la progresiva pérdida de la propiedad química y fisico-mecánica de la cadena macromolecular que constituye el polímero. El proceso dura unos dos años, en función del grado de exposición a los rayos solares –tiempo e intensidad– y de la estructura del taco –espesor–.

Balas de escopeta

Dentro de la munición para escopetas destacan los cartuchos para cierto tipo de caza mayor, los denominados Brenneke. Se caracterizan por contar en su interior con una única bala de plomo con unos nervios longitudinales que ayudan a estabilizar su trayectoria. Este tipo de munición suele emplearse para la caza del jabalí y resulta eficaz hasta una distancia máxima de 60 metros.

Producción tradicional de los perdigones de caza

Torre de fundición de perdigón de la fábrica de Montorretas.

Los perdigones hoy en día se siguen fabricando como antiguamente: torre, caída de plomo líquido en agua y selección de perdigón por esfericidad y tamaño. Los métodos de esta selección se han perfeccionado y mucho, pero la forma inicial es la misma. Sólo los perdigones grandes, del número 2 en adelante, se fabrican por medio de estampación con troqueles. Para buscar un buen perdigón no hace falta irse muy lejos: en España tenemos a la fábrica de Montorretas (Durango, Vizcaya) –en las fotos– que fabrica un producto de excelente calidad.