Abraham Álvarez Mouaffou es pescador, escritor y un declarado amante de la naturaleza. Ahora, además, ha sido el protagonista de una escena de pesca que le va a ser muy difíciles olvidar. Esto se debe, principalmente, a un ejemplar de black bass que ha conseguido capturar en el río Guadiana, cerca de la ciudad de Mérida, el pasado lunes, 1 de julio.

La jornada no comenzó nada diferente a cualquier otro día en el que acudía a pescar, en compañía de su amigo Pedro, con un objetivo concreto en la mente. «Quería tentar a los peces en una zona que previamente le había comentado a mi compañero», ha comenzado contando Abraham al equipo de Jara y Sedal.

«Tuve como una premonición, pero por azares de la vida nos paramos en un par de lugares antes», ha explicado. Sin embargo, por las ganas de llegar a la zona que tenía previsto, ni siquiera tiró aquí más de dos veces el señuelo al agua. «Me separé de Pedro y fui a dicho lugar sobre las 19:35 horas», ha añadido.

No pasaron ni 20 minutos desde que llegó a ese segundo punto cuando se paró y comenzó a leer el agua. «Como si fuese a adivinar donde podría encontrarse ese ‘tarugo’ de río que todos buscamos», ha destacado.

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A la tercera fue la vencida

«Después de unos cuantos lances intuitivos», ha continuado narrando, «entre unos ramas que rozaban el agua, el agujero del cepellón de un árbol tirado tiempo atrás por la fuerte corriente y unas algas de superficie, vi que se estaban dando las claves que podrían ser de éxito».

Al llegar al enclave, observó una estela hacia su señuelo. «Recuerdo que pensé: ‘ahí está’», ha asegurado el pescador. «Hice un pequeño tirón del sedal y se produjo el ataque, pero falló. Volví a ejecutar el tirón, de nuevo la estela hacia el señuelo, de nuevo falló».

«Me estaba poniendo nervioso», ha confesado Abraham». «Me estaba acercando a las algas con el paseante y corría el riesgo de enganchar y perder la tercera y vencida picada. Pero no ocurrió. Otro tirón produjo otro ataque y, por fin, lo tenía al extremo de mi caña».


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Fue en este momento en el que dio comienzo su lucha con ese ejemplar con el que tanto había soñado. «Rápido noté que quiso saltar fuera del agua para zafarse del señuelo y mi primera reacción fue introducir la punta de la caña dentro del agua. Logró sacar un poco la cabeza, y al verlo, los nervios se hacían mas presentes», ha concretado.

«Era un monstruo», ha resaltado el pescador. Tras una «intensa lucha», finalmente consiguió sacarlo del agua. «Una vez en mis manos temblorosas no me lo creía. Un black bass de río a superficie, con sus 3,200 kilogramos y con 12 años aproximadamente que podría tener. Es mi récord personal», ha concluido destacando.