Con la llegada de la primavera, calles, parques, riberas y caminos de media España vuelven a llenarse de una especie de ‘pelusa’ blanca que flota por el aire y se acumula en esquinas, cunetas y jardines como si fuera algodón. Mucha gente la relaciona automáticamente con las alergias típicas de esta época del año, pero los especialistas insisten en que esa asociación es errónea. Lo que vuela estos días no es polen, sino el llamado vilano de los chopos y álamos.
La confusión se repite cada temporada. Basta con que aparezcan estornudos, picor de ojos o congestión nasal para que muchos señalen directamente a esas bolitas blancas que parecen nieve en pleno abril o mayo. Sin embargo, los alergólogos recuerdan que el verdadero responsable suele ser otro enemigo mucho más pequeño e invisible: el polen de las gramíneas.
Jesús Jurado-Palomo, doctor alergólogo del Hospital General Nuestra Señora del Prado de Talavera de la Reina, lo explica claramente en declaraciones recogidas por Eltiempo.es: «Muchos pacientes acuden a la consulta equivocados con la pelusa que ven volando y creen que produce alergia».
El especialista añade: «Pero la pelusa blanca que se ve volando en la primavera no es la responsable de los síntomas de alergia. Las partículas de polen tienen un tamaño de 2.5 a 250 micrómetros, necesitaríamos un microscopio para poder visualizarlas, mientras que este algodoncillo blanco que envuelve las semillas del chopo se puede apreciar a simple vista».

Qué es realmente esa pelusa blanca
Esa falsa ‘nevada’ primaveral procede principalmente de árboles del género Populus, conocidos popularmente como chopos o álamos. En la península Ibérica abundan especialmente el chopo negro (Populus nigra) y el álamo blanco (Populus alba), especies muy comunes junto a ríos, parques y zonas húmedas.
Durante la primavera, estos árboles liberan semillas envueltas en una especie de plumón algodonoso llamado vilano. Su función es muy sencilla: permitir que el viento transporte la semilla a grandes distancias para favorecer la reproducción del árbol. Este mecanismo natural recibe el nombre de anemocoria.
El problema es que la aparición de estos vilanos coincide en el tiempo con los momentos de mayor concentración de polen de gramíneas, que sí provoca alergias intensas en miles de personas. Según explicó el biólogo del CSIC Omar Flores en su blog divulgativo, ambas cosas se confunden porque suceden prácticamente al mismo tiempo. Además, debido a su estructura ligera y fibrosa, estas pelusas pueden arrastrar partículas microscópicas de polen en suspensión, lo que aumenta todavía más la falsa sensación de que son ellas las que provocan los síntomas.

El verdadero peligro
Aunque el vilano es inocuo desde el punto de vista alérgico, sí presenta otro riesgo importante que preocupa especialmente en el medio natural: su alta inflamabilidad. La acumulación de esta pelusa seca en cunetas, caminos, montes o solares puede prender con enorme facilidad ante una simple colilla mal apagada, una chispa o cualquier pequeña fuente de calor. Por eso, tanto expertos como administraciones recuerdan la importancia de extremar las precauciones durante estas semanas.
El riesgo aumenta especialmente en jornadas secas y ventosas, cuando estas fibras se acumulan en grandes cantidades junto a vegetación seca. En muchos pueblos y ciudades cercanos a riberas de chopos, esta imagen se repite cada primavera.
Mientras tanto, los niveles reales de polen siguen disparados en buena parte de España. El sistema ED Palinocam de la Comunidad de Madrid registró durante la semana del 6 al 12 de abril valores especialmente elevados en municipios como Getafe, Alcalá de Henares o Madrid capital, con picos que superaron ampliamente los mil puntos diarios.








