Las primeras imágenes de los pollitos de urogallo cantábrico nacidos este año en el Centro de Cría de Valsemana han devuelto la esperanza a uno de los programas de conservación más ambiciosos de la fauna española. Los pequeños ejemplares, difundidos a través de un vídeo compartido por Naturaleza Castilla y León, llegan tras una campaña de reproducción histórica y representan una nueva oportunidad para intentar recuperar una especie que se encuentra al borde de la desaparición en la cordillera Cantábrica.
Los nacimientos se producen después de una temporada marcada por cifras récord en las instalaciones leonesas. Según informó el propio centro, este año se han contabilizado 115 huevos, una cifra sin precedentes que consolida el trabajo desarrollado durante los últimos años en el programa de reproducción en cautividad.
Sin embargo, detrás de las imágenes de los pollitos recién salidos del cascarón se esconde una realidad mucho más compleja. Los técnicos recuerdan que ahora comienza una fase «tensa, delicada y difícil», en la que el objetivo será sacar adelante al mayor número posible de ejemplares durante sus primeras semanas de vida.
Ya han nacido los primeros pollitos de #UrogalloCantábrico en el centro de cría en Valsemana @jcyl, tras una temporada récord con 115 huevos.
— Naturaleza Castilla y León (@naturalezacyl) June 11, 2026
Comienza una tensa, delicada y difícil etapa para sacar adelante al mayor nº posible, pero el equipo está a tope de compromiso e ilusión. pic.twitter.com/uF6WkpReZB
Un proyecto millonario para salvar una especie al límite
La Junta de Castilla y León ha destinado más de cinco millones de euros entre 2019 y 2026 a la conservación del urogallo cantábrico. Buena parte de esa inversión ha permitido ampliar y mejorar las instalaciones de Valsemana, desarrollar programas de reproducción asistida y avanzar en técnicas que buscan aumentar el éxito reproductivo de la especie.
Los resultados obtenidos dentro del centro invitan al optimismo. La pasada temporada se incubaron 105 huevos con una fertilidad del 97 %, eclosionaron 90 y sobrevivieron 76 pollos. Unos datos que reflejan una evolución positiva de un programa que durante años ha intentado evitar la desaparición de una de las aves más emblemáticas de los bosques cantábricos.
A ello se suman los avances científicos alcanzados por los investigadores. Diversos estudios han constatado que la inseminación artificial incrementa significativamente la fertilidad respecto a las cópulas naturales no controladas. Además, una reciente publicación en la revista Animal Reproduction Science destacó la excelente salud reproductiva de los urogallos cantábricos y pirenaicos mantenidos en Valsemana.
El gran problema aparece cuando vuelven al monte
Pese a los buenos resultados obtenidos en cautividad, la principal dificultad continúa apareciendo cuando los ejemplares son reintroducidos en libertad. La primera liberación experimental de urogallos criados en Valsemana, desarrollada en el otoño de 2025 en la ZEPA Alto Sil, dejó un balance tan valioso desde el punto de vista científico como preocupante para la conservación. De los 30 ejemplares liberados, solo una hembra seguía viva seis meses después.
La depredación fue la principal causa de mortalidad. Los seguimientos realizados mediante dispositivos GPS permitieron determinar que la mayoría de las bajas estuvieron relacionadas con ataques de depredadores. El zorro apareció como el principal responsable, seguido por aves rapaces y martas.

Estos resultados han reforzado una idea que los especialistas vienen señalando desde hace años: criar urogallos ya no es el principal obstáculo. El verdadero desafío consiste en conseguir que sobrevivan una vez abandonan la protección de los voladeros y regresan a un entorno donde deben enfrentarse a depredadores perfectamente adaptados al medio.
Una nueva generación bajo vigilancia
Por ese motivo, los nacimientos de estos primeros pollitos de 2026 son recibidos con satisfacción, pero también con prudencia. Cada nueva cría representa una oportunidad para reforzar una población que continúa en una situación crítica, aunque los responsables del programa saben que el éxito definitivo no se medirá únicamente por el número de nacimientos.
La estrategia de conservación seguirá centrada en mejorar las tasas de supervivencia tanto dentro del centro como entre los ejemplares que puedan ser liberados en el futuro. Para ello se continuará trabajando en las mismas líneas desarrolladas durante los últimos años, combinando investigación, reproducción asistida y gestión del hábitat.
Mientras tanto, las imágenes de los pequeños urogallos correteando por las instalaciones de Valsemana vuelven a ofrecer una estampa poco habitual de una especie cuya supervivencia sigue dependiendo, en gran medida, de que la ciencia consiga resolver el reto más complicado: que estos pollitos lleguen algún día a sobrevivir en libertad.








