Las llamas desaparecieron hace mucho tiempo. También las cámaras de televisión, los directos desde las carreteras cortadas, las fotografías de montes arrasados y buena parte de las publicaciones que inundaron las redes sociales durante aquellos días. Pero en Quintana y Congosto, en León, los cazadores siguen entrando un año después en los terrenos afectados por los incendios de agosto de 2025 para llevar agua a los animales.
Así lo muestran las imágenes enviadas a Jara y Sedal por Jorge Vidgar, uno de nuestros seguidores. El vídeo ha sido grabado en una zona calcinada el pasado verano y muestra cómo los cazadores continúan rellenando bebederos y charcas para mantener puntos de agua disponibles para la fauna durante los meses más duros del año. No sólo están allí al día siguiente del incendio, cuando el fuego todavía proporciona imágenes espectaculares y ocupa las portadas. Están allí un año después, cuando prácticamente todo el mundo se ha olvidado ya de aquellos terrenos quemados.
Quintana y Congosto fue precisamente uno de los municipios leoneses afectados por el incendio originado en Molezuelas de la Carballeda, en Zamora, que en agosto de 2025 penetró con enorme virulencia en la provincia de León. La gravedad de las llamas obligó a evacuar a miles de vecinos de numerosas localidades, entre ellas la propia Quintana y Congosto.

Cuando ardía el monte, los ecologistas pedían prohibir la caza
La imagen contrasta especialmente con lo ocurrido durante aquellos mismos incendios de 2025. Cuando León, Zamora y otras provincias de Castilla y León sufrían algunos de los peores fuegos del verano, las organizaciones ecologistas y animalistas aprovecharon la situación para volver a colocar la actividad cinegética en el centro de sus reivindicaciones.
El 25 de agosto de 2025, Ecologistas en Acción exigió públicamente la suspensión inmediata de la media veda y de cualquier modalidad de caza en los terrenos afectados por los incendios y sus áreas limítrofes. La organización reclamó además la paralización de la actividad cinegética mientras, a su juicio, no se recuperasen unas condiciones suficientes para los ecosistemas y la fauna.
No fue la única organización que aprovechó aquellos días para señalar a la caza. AnimaNaturalis publicó el 20 de agosto un artículo titulado La relación letal entre caza e incendios forestales, en el que trataba de vincular la actividad cinegética con los incendios y defendía que la protección del bosque y de los animales debía situarse por encima de los intereses cinegéticos.
Aquellas campañas llegaban precisamente cuando las consecuencias de los incendios monopolizaban la actualidad y copaban los titulares. Había animales muertos, otros habían perdido sus refugios y muchos de los supervivientes se enfrentaban a un problema inmediato: encontrar agua y alimento en terrenos donde las llamas habían eliminado buena parte de sus recursos.
Un año después, las campañas ya no llenan las redes sociales. Los cazadores, sin embargo, continúan llenando los bebederos en silencio, dedicando su trabajo y su dinero sin que nadie se lo pida.
Las cámaras se fueron, pero ellos siguen entrando en el monte
Ese es precisamente el valor de las imágenes recibidas ahora por Jara y Sedal. No muestran una actuación preparada durante los días posteriores al incendio ni una movilización organizada cuando España entera miraba hacia los montes quemados. Ha pasado prácticamente un año. En el vídeo se observa cómo los cazadores vuelven a llevar agua hasta los puntos habilitados para la fauna en la zona de Quintana y Congosto. Allí continúan rellenando bebederos y charcas para que los animales encuentren un recurso especialmente necesario durante el verano. La escena resulta mucho menos espectacular que un gran incendio y probablemente por eso ya no interesa a quienes durante unas semanas convierten cada catástrofe ambiental en una sucesión de comunicados, campañas y peticiones.
Pero para la fauna el calendario mediático importa poco. Los animales no dejan de necesitar agua porque las cámaras hayan abandonado el monte. Y los terrenos afectados tampoco recuperan en unas semanas las condiciones existentes antes de que pasaran las llamas.
Los cazadores ya hicieron lo mismo cuando el fuego era noticia
Las imágenes de León tampoco constituyen un hecho aislado. Jara y Sedal ha venido contando durante los últimos meses la enorme movilización desarrollada por sociedades de cazadores de toda España después de los incendios. Este mismo verano, mientras organizaciones animalistas y ecologistas volvían a reclamar restricciones contra la caza tras los grandes fuegos, los cazadores comenzaron a mover toneladas de alimento, miles de litros de agua, vehículos, maquinaria, dinero y cientos de horas de trabajo para auxiliar a la fauna superviviente.
En Ávila, por ejemplo, la movilización coordinada por los cazadores permitió recibir un tráiler cargado con 25.000 kilos de patatas que después había que distribuir sobre el terreno. En la Sierra de Grazalema, distintas sociedades reunieron más de 2.000 kilos de alimento. En la Comunidad Valenciana, clubes de caza volvieron a llenar bebederos y repartir comida después de los incendios. La diferencia vuelve a hacerse visible ahora en Quintana y Congosto: aquella ayuda no terminó cuando acabaron los incendios ni cuando desaparecieron de los informativos.








