El Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC) ha protagonizado una polémica en X después de responder desde su cuenta oficial a una noticia publicada por Jara y Sedal sobre un nuevo estudio firmado por Beatriz Arroyo, directora del centro, que propone restringir la caza de perdiz roja (Alectoris rufa) con reclamo cerca de nidos ocupados de águila perdicera (Aquila fasciata). La reacción del instituto ha sido especialmente llamativa por el tono empleado: ha hablado de «bulos», «desinformación» y «discursos polarizados», pero no ha señalado ningún dato concreto de la información que sea falso o incorrecto.
La polémica no ha quedado ahí. En otra respuesta pública a la Federación Andaluza de Caza, la cuenta oficial del IREC calificó como «panfleto» las propuestas trasladadas por los cazadores andaluces a los partidos políticos de cara a las próximas elecciones autonómicas. Lo hizo después de que la FAC defendiera que la cultura científica «no es patrimonio vuestro, ni de vuestra directora, ni tan siquiera de 170 científicos» y mostrara una de sus reivindicaciones bajo el lema «Ciencia, motor de decisiones en materia de caza».
El origen: una noticia de Jara y Sedal tras el contexto destapado por Cazaflix
La reacción del IREC se produjo después de que Jara y Sedal publicara la noticia titulada «Beatriz Arroyo firma un nuevo estudio que propone restringir la caza de perdiz con reclamo». En ella se explicaba el contenido de un trabajo científico sobre los posibles efectos de esta modalidad en el comportamiento de incubación y el éxito de eclosión del águila perdicera en el sureste de España. El estudio recomienda establecer una zona de amortiguación de 600 metros alrededor de los nidos ocupados de esta rapaz.
La información de Jara y Sedal también ponía el caso en contexto recordando una noticia publicada previamente por Cazaflix el pasado 22 de abril. En aquel artículo, Cazaflix señalaba que el nombre de Beatriz Arroyo, directora del IREC y vinculada al Comité Científico de SEO/BirdLife, aparecía de forma recurrente en algunos de los principales frentes abiertos contra la caza en España: la codorniz común (Coturnix coturnix), la tórtola europea (Streptopelia turtur), el plomo o el silvestrismo.
Cazaflix recordaba entonces que, en varios de esos debates, su firma, coordinación científica o adhesión aparecían ligadas a informes, cartas o posicionamientos que podían traducirse en moratorias, limitaciones o prohibiciones. Ese era el contexto en el que Jara y Sedal situaba ahora el nuevo estudio sobre la caza de perdiz con reclamo: otro trabajo científico que, sin pedir la desaparición general de la modalidad, sí propone restricciones espaciales en zonas sensibles.
«Con bulos, desinformación y discursos polarizados»
La cuenta oficial del IREC respondió a la publicación de Jara y Sedal en X con este mensaje: «Con bulos, desinformación y discursos polarizados no le hacéis ningún favor al sector cinegético. Frente a ellos, no recibiréis otra respuesta por nuestra parte que esta: (enlace). Un poquito de cultura científica no hace daño (también lo firma nuestra directora)».
El mismo tono se repitió en una respuesta a José María Mancheño, presidente de la Federación Andaluza de Caza, que había compartido la publicación de este medio y había afirmado que el IREC era «más bien un ejemplo de estudios científicos orientados a perjudicar a la caza». La cuenta del instituto contestó: «Frente a bulos, desinformación y discursos polarizados, no recibiréis otra respuesta por nuestra parte que esta: (enlace).Leedlo, anda, que un poquito de cultura científica no hace daño (también lo firma nuestra directora)».
Pese a la gravedad de esas acusaciones, el IREC no señaló públicamente en esos mensajes ningún dato falso concreto de la noticia de Jara y Sedal. No indicó una cita errónea, una atribución incorrecta ni una conclusión inexistente. La respuesta se limitó a descalificar la información como «bulo» o «desinformación» y a remitir a una publicación del propio instituto.
Qué decía realmente la noticia publicada
La información de Jara y Sedal se limitaba a describir hechos recogidos en el estudio. Explicaba que el trabajo estaba firmado por Beatriz Arroyo y que proponía prohibir la caza con reclamo dentro de un radio de 600 metros alrededor de nidos ocupados de águila perdicera durante el periodo de incubación. También recogía que los autores detectaban reacciones de comportamiento cuando la actividad cinegética se desarrollaba cerca del nido, especialmente si se producían disparos.
Además, la noticia explicaba que el propio estudio encontraba una relación entre la exposición del nido a la actividad cinegética y el éxito de eclosión. En concreto, el trabajo señala que la probabilidad de fracaso reproductivo aumentaba cuando el nido estaba más expuesto al puesto de caza, especialmente en función de la diferencia de altitud entre ambos puntos.
Al mismo tiempo, Jara y Sedal incorporaba el matiz introducido por los propios autores: sus datos no les permitieron evaluar si la caza con reclamo fue la causa principal del fracaso de la nidificación en alguna de las parejas reproductoras estudiadas. Es decir, la noticia recogía tanto las conclusiones restrictivas del estudio como sus límites.
«Os ha quedado genial el panfleto»
La respuesta más llamativa llegó después, cuando la Federación Andaluza de Caza respondió al IREC defendiendo que «la cultura científica no es patrimonio vuestro, ni de vuestra directora, ni tan siquiera de 170 científicos» y adjuntó una de sus siete reivindicaciones trasladadas a los partidos políticos de cara a las próximas elecciones andaluzas. En ella, la FAC incluía una propuesta titulada «Ciencia, motor de decisiones en materia de caza».
La cuenta oficial del IREC contestó entonces: «Os ha quedado genial el panfleto, el apoyo a la ciencia “viste” mucho, pero en esa reivindicación se os ha olvidado matizar que os referís a “la ciencia que os conviene e interesa” (a algunos, claro), porque la que no… Esa no os vale (a algunos), ¿no?».
La palabra utilizada por el instituto que dirige Beatriz Arroyo no es baladí. Según la Real Academia Española, «panfleto» puede significar dos cosas: «libelo difamatorio» u «opúsculo de carácter agresivo». Es decir, una institución científica vinculada a organismos públicos empleó desde su cuenta oficial un término claramente despectivo para referirse a las propuestas de una federación que representa a casi 100.000 cazadores andaluces.
Os ha quedado genial el panfleto, el apoyo a la ciencia “viste” mucho, pero en esa reivindicación se os ha olvidado matizar que os referís a “la ciencia que os conviene e interesa” (a algunos, claro), porque la que no… Esa no os vale (a algunos), ¿no?
— IREC (CSIC, UCLM, JCCM) (@IREC_CSIC_UCLM) May 14, 2026
Un centro participado por CSIC, UCLM y Junta de Castilla-La Mancha
El tono empleado resulta especialmente llamativo porque el IREC no es una asociación privada ni una plataforma activista. Es un centro mixto de investigación participado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM) y la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, el Gobierno autonómico presidido por Emiliano García-Page.
Por tanto, sus mensajes públicos no pueden interpretarse como simples opiniones personales emitidas desde una cuenta particular. Proceden de una cuenta institucional que representa a un centro de investigación sostenido por organismos públicos y cuya actividad debería estar marcada por el rigor científico, la independencia y la neutralidad institucional.
Una reacción que alimenta las dudas sobre la neutralidad del instituto
La respuesta del IREC también alimenta una preocupación creciente en el sector cinegético: la posible instrumentalización de una institución científica para defender posiciones vinculadas a su propia dirección. No en vano, el mensaje del instituto incluyó una referencia expresa a Beatriz Arroyo: «también lo firma nuestra directora».
El episodio plantea también una cuestión de fondo sobre la libertad de prensa. Un medio de comunicación tiene derecho a informar sobre un estudio científico, sobre sus conclusiones, sobre sus autores y sobre el contexto público en el que se produce. Si una institución considera que una información contiene errores, lo razonable es señalarlos con precisión y solicitar una corrección.
En este caso, el IREC no hizo eso. Lanzó acusaciones de «bulos», «desinformación» y «discursos polarizados» contra una noticia que recogía el contenido del estudio y recordaba el contexto previamente publicado por Cazaflix sobre la presencia de Beatriz Arroyo en otros debates sensibles para la caza. Sin embargo, no identificó públicamente qué dato era falso.
El debate sobre la caza, la conservación y la gestión de especies exige ciencia, datos y respeto institucional. Precisamente por eso sorprende que una entidad como el IREC, sostenida por organismos públicos, recurra a expresiones como «panfleto» o a acusaciones genéricas de «bulos» sin señalar un solo dato falso.








