El pasado 22 de abril, Cazaflix publicó una información en la que ponía el foco en el papel de Beatriz Arroyo, directora del Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC), en los principales debates abiertos contra la caza en España. Aquella noticia recordaba que su nombre aparecía vinculado a frentes especialmente sensibles para el sector cinegético, como la codorniz, la tórtola europea, el silvestrismo o la prohibición del plomo.
La información de Cazaflix subrayaba, además, su doble perfil: directora del IREC desde 2023 y miembro del Comité Científico de SEO/BirdLife, una organización que ha liderado o respaldado campañas muy críticas con distintas modalidades cinegéticas. Esa coincidencia, señalaba aquel artículo, había provocado que su figura comenzara a ser observada con creciente preocupación por parte del mundo rural y cinegético.
Ahora, su firma vuelve a aparecer en un nuevo estudio científico que puede afectar a otra modalidad tradicional: la caza de perdiz roja (Alectoris rufa) con reclamo. El trabajo analiza los posibles efectos de esta práctica sobre el comportamiento de incubación y el éxito de eclosión del águila perdicera (Aquila fasciata) en el sureste de España, y plantea una recomendación concreta: establecer una zona de amortiguación de 600 metros alrededor de los nidos ocupados de esta rapaz.
El contexto que ya había señalado Cazaflix
En aquella información, Cazaflix no se limitaba a mencionar una aparición aislada. El artículo trazaba un patrón que preocupa a buena parte del sector cinegético: el mismo nombre aparecía en debates que habían terminado, o podían terminar, en moratorias, limitaciones o prohibiciones. La codorniz común (Coturnix coturnix), la tórtola europea (Streptopelia turtur), el plomo o el silvestrismo eran algunos de los ejemplos citados.
El caso de la codorniz fue uno de los más recientes. Cazaflix recordaba que un informe remitido a Europa desde España y coordinado por Beatriz Arroyo planteaba restricciones sobre la especie pese a que, según denunció Fundación Artemisan, no había tenido en cuenta los resultados del proyecto Coturnix, el mayor estudio científico realizado hasta la fecha sobre la codorniz común en España. Pocos días después, SEO/BirdLife reclamó públicamente la suspensión de su caza.
También aparecía su nombre en el debate sobre la tórtola europea, en el marco de los trabajos científicos y de gestión adaptativa que han servido de base para limitar su aprovechamiento cinegético. En el caso del plomo, Arroyo figuraba entre los más de 130 científicos que firmaron una carta reclamando al Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación apoyar una eliminación total de este tipo de munición en la caza, sin moratorias amplias ni excepciones. Y en el silvestrismo, su firma aparecía también entre quienes cuestionaron el mayor estudio realizado en España sobre las poblaciones de fringílidos como el jilguero (Carduelis carduelis), el pardillo (Linaria cannabina) y el verderón (Chloris chloris).
Ahora, a esa lista se suma un nuevo trabajo sobre la caza de perdiz con reclamo, una modalidad profundamente arraigada en numerosas zonas de España y también sometida desde hace años a una fuerte presión por parte de determinados sectores conservacionistas. SEO/BirdLife, por supuesto, también se ha posicionado en contra de la caza de perdiz con reclamo o a favor de fuertes restricciones sobre esta práctica, y ha presionado para que se declare esta especie como ave casi amenazada.

Un nuevo estudio sobre el reclamo y el águila perdicera
El nuevo artículo, titulado «Cuando la perturbación causada por los disparos importa: El efecto de la caza con señuelos en el comportamiento de incubación y el éxito de eclosión del águila perdicera«, analiza los efectos de la caza de la patirroja con reclamo sobre la rapaz en la Región de Murcia. El estudio utiliza una serie de datos de 14 años y se centra en una cuestión concreta: si esta modalidad puede alterar el comportamiento de incubación de las águilas y afectar al éxito de eclosión de sus puestas.
El estudio registró 112 eventos de caza con reclamo en 14 territorios de águila perdicera durante el periodo de incubación. Los investigadores observaron la reacción de las aves ante la actividad cinegética y analizaron variables como la distancia entre el puesto y el nido, la presencia o ausencia de disparos, la visibilidad del cazador desde el nido, la duración de la actividad y la diferencia de altitud entre el puesto de caza y el emplazamiento de cría.
La conclusión principal del trabajo es que la caza con reclamo puede provocar reacciones en las águilas cuando se practica cerca del nido. Esas reacciones incluyen la interrupción temporal de la incubación, levantarse sobre la nidada o incluso abandonar el nido durante un tiempo. Según el artículo, estas respuestas se observaron cuando la actividad se desarrollaba a menos de 600 metros del nido.
La propuesta: 600 metros de zona de seguridad alrededor de los nidos
El punto más relevante desde el punto de vista cinegético es la recomendación de establecer restricciones a la modalidad, consistentes en establecer una zona de amortiguación de 600 metros alrededor de los nidos ocupados de águila perdicera durante el periodo de incubación. Según los autores, esa distancia eliminaría el impacto observado de la caza con reclamo sobre el comportamiento de las águilas.
El estudio no reclama la prohibición general de la modalidad, pero sí propone restringirla dentro de ese radio. En la práctica, se trata de una limitación territorial que podría afectar a determinados cotos, puestos o zonas de caza situados cerca de territorios ocupados por esta u otras rapaces.
Este matiz es importante. La noticia no está en que el estudio pida acabar con la caza con reclamo, sino en que aporta una nueva base científica para restringirla en áreas sensibles. Y, de nuevo, el nombre de Beatriz Arroyo aparece asociado a un debate que puede derivar en nuevas limitaciones para una modalidad tradicional.
El disparo, el factor que más altera la incubación
El estudio distingue entre dos tipos de estímulos: el visual, asociado a la presencia del cazador y del puesto, y el acústico, provocado por el disparo. Ambos pueden influir en la reacción del águila, pero el trabajo concluye que la detonación tiene un efecto mucho más intenso. Según los modelos empleados por los autores, cuando se producía un disparo las águilas reaccionaban a mayores distancias y la duración de la respuesta era superior. El artículo señala que la contribución específica del disparo fue casi tres veces mayor que la de la sola presencia del cazador.
Este es uno de los hallazgos más claros del trabajo. La presencia humana cerca del nido puede generar perturbación, pero el disparo multiplica la percepción de amenaza. Los investigadores interpretan que las águilas pueden percibir la actividad cinegética como un riesgo impredecible, especialmente cuando el cazador permanece inmóvil durante un tiempo prolongado cerca del territorio de cría y acaba efectuando una detonación.
También influye la ubicación del puesto. El estudio encuentra una relación entre el éxito de eclosión y la diferencia de altitud entre el nido y el puesto de caza. En concreto, los nidos situados a menor altitud que los puestos parecen estar más expuestos y presentar una mayor vulnerabilidad. Los autores sugieren que en esas situaciones las aves pueden detectar mejor la presencia del cazador y sentirse más amenazadas.

Lo que el estudio no llega a demostrar
El propio artículo introduce matices relevantes que conviene no pasar por alto. Los autores detectan reacciones de comportamiento y una relación entre la exposición del nido a la actividad cinegética y el éxito de eclosión, pero reconocen que sus datos no les permitieron evaluar si la caza con reclamo fue la causa principal del fracaso de la nidificación en alguna de las parejas reproductoras estudiadas. Además, en el propio estudio afirman que se encontraron «una tasa general baja de fracaso de la nidificación (20,84%)».
Esto no elimina la conclusión principal del trabajo para los autores: la caza con reclamo cerca de los nidos puede alterar la incubación y, cuando el nido está más expuesto a la actividad cinegética, se asocia con una mayor probabilidad de fracaso reproductivo. Pero sí acota el alcance de la investigación: el estudio establece una relación y plantea medidas preventivas, no una atribución directa de cada fracaso concreto a esta modalidad.
Tampoco se analizaron respuestas fisiológicas, como posibles niveles de estrés medidos mediante hormonas. Esto significa que el estudio se basa en comportamientos observables: si el águila se levanta, abandona temporalmente el nido o interrumpe la incubación. Los propios autores advierten de que la ausencia de una reacción visible no equivale necesariamente a ausencia de estrés, por lo que plantean que futuras investigaciones deberían combinar observaciones de comportamiento con indicadores fisiológicos no invasivos.
Otro frente para una modalidad tradicional
La caza de perdiz con reclamo es una modalidad con una fuerte raíz cultural en España, especialmente en el centro, sur y área mediterránea. En Andalucía, de hecho, ha sido declarada Patrimonio de Interés Cultural y en Extremadura está en vías de serlo. Para miles de cazadores, no se trata solo de una forma de aprovechamiento cinegético, sino de una tradición transmitida durante generaciones.
Precisamente por eso, cualquier estudio que pueda servir de base para imponer nuevas restricciones despierta una especial preocupación en el sector. Más aún cuando se produce en un contexto en el que varias modalidades y especies cinegéticas han entrado de forma sucesiva en el foco de informes, campañas y recomendaciones restrictivas.
La publicación de este nuevo trabajo añade un capítulo más al patrón que Cazaflix ya había señalado en abril. Codorniz, tórtola, plomo, silvestrismo y ahora reclamo. Distintos debates, distintas especies y distintas modalidades, pero una misma constante que inquieta al sector cinegético: la presencia recurrente de los mismos actores científicos y ecologistas en procesos que terminan alimentando nuevas limitaciones sobre la caza.








