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Construyen un enorme invernado con más de 2.000 botellas de plástico recicladas: ahora pueden tener huerto todo el año

Una escuela australiana convirtió miles de envases usados en un «palacio de plástico» destinado a producir plantas para su huerto y enseñar a los niños de dónde vienen los alimentos.

Más de 2.000 botellas de plástico que podrían haber terminado en la basura se convirtieron en las paredes y el tejado de un peculiar invernadero. La idea surgió en la escuela primaria Richardson, situada al sur de Canberra (Australia), donde alumnos y profesores levantaron una estructura lo bastante grande como para albergar una clase completa.

El proyecto fue bautizado como Plastic Palace, que podría traducirse como «Palacio de plástico». Aunque varios medios internacionales han recuperado la historia durante las últimas semanas, la construcción no es reciente: fue inaugurada en junio de 2015, según la información publicada entonces por la radiotelevisión pública australiana ABC News.

La iniciativa fue impulsada por la profesora Kate Davis, que comenzó a planificarla cuando sus alumnos cursaban tercero de Primaria. Durante los años siguientes, los niños, sus familias y el resto de la comunidad escolar fueron recogiendo los envases necesarios para hacerla realidad.

Un invernadero construido con botellas usadas

El planteamiento era tan sencillo como laborioso. Las botellas se limpiaron y prepararon antes de colocarlas en columnas verticales, posteriormente fijadas a una estructura de madera. De esta manera, los envases formaron un cerramiento translúcido capaz de dejar pasar la luz y ofrecer cierta protección a las plantas.

La escuela calculó inicialmente que necesitaría unas 2.000 unidades, pero el diseño fue creciendo hasta superar esa cifra. «Originalmente pensamos que 2.000 botellas de plástico serían suficientes, pero el plan inicial aumentó de tamaño para que pudiera caber una clase entera», explicó Davis durante la inauguración.

Incluso las bases cortadas de los recipientes encontraron una segunda utilidad como pequeños semilleros. El objetivo no consistía únicamente en retirar plástico del circuito de residuos, sino en enseñar a los escolares que un objeto cotidiano puede tener una vida útil mucho más larga de la que parece.

Para completar la instalación, el centro recibió una ayuda de 2.000 dólares australianos procedente del programa ambiental de Teachers Mutual Bank. La cantidad permitió adquirir los materiales adicionales y contar con asistencia para ejecutar parte de los trabajos.

© ABC News

Del semillero al huerto de la escuela

El Plastic Palace fue concebido principalmente como un espacio donde germinar las plantas que más tarde serían trasladadas al huerto escolar. También serviría para desarrollar experimentos y actividades vinculadas a las clases de ciencias. Los propios alumnos quedaron encargados del cuidado de los semilleros, del huerto y de las gallinas del colegio. Así podían seguir todo el proceso, desde la siembra hasta la recolección, y comprender de una manera práctica cómo llegan los alimentos a la mesa.

El entonces director del centro, Jason Borton, destacó precisamente la implicación de los niños. «Trabajaron con su profesora en la idea, tenían la visión de un invernadero y cobró vida gracias a su trabajo», señaló a el citado medio.

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