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La historia de los 200 agricultores que guardaron silencio para que un joven recuperara la finca de su familia en una subasta

Una subasta celebrada en Nebraska ha protagonizado uno de los mayores gestos de solidaridad del mundo rural.

Hay historias que, aunque transcurran a miles de kilómetros, reflejan valores profundamente arraigados en el campo. Una de ellas vuelve a circular con fuerza en las redes sociales y tiene como protagonista a David, un joven agricultor que soñaba con recuperar una finca de 80 acres —unas 32,37 hectáreas— que había pertenecido a su familia durante generaciones.

El relato difundido asegura que, cuando las tierras salieron a subasta, más de 200 agricultores acudieron como posibles compradores. Sin embargo, después de que David y su padre presentaran la primera oferta, ninguno de los asistentes levantó la mano para superarla. El silencio habría permitido que la propiedad regresara a manos de la familia.

Si bien la publicación compartida ahora en Instagram reconoce expresamente que no existen evidencias firmes que demuestren la autenticidad de la historia, la historia fue difundida hace varios años por diferentes medios de comunicación y lo que sí demuestra es que, los relatos sobre generosos gestos como este ligado al mundo rural calan muy hondo.

Una finca separada de la explotación familiar

Una de las primeras versiones ampliamente difundidas fue publicada en julio de 2018 por Good News Network. Según aquel relato, varias generaciones antes del nacimiento de David, una superficie de 80 acres perteneciente a la explotación familiar había sido separada del resto y entregada en herencia a un pariente lejano.

Desde pequeño, el joven habría escuchado repetidamente aquella historia. Su propósito era volver a unir las tierras y recomponer la finca que habían trabajado sus antepasados. La oportunidad llegó supuestamente en 2011, cuando la parcela fue puesta a la venta mediante una subasta.

David y su padre pasaron cerca de dos semanas haciendo cálculos y buscando el dinero necesario para presentar la mejor oferta que podían asumir. Cuando llegaron al lugar, encontraron a más de 200 agricultores, muchos de ellos con explotaciones mayores y recursos suficientes para ofrecer una cantidad superior.

Ambos realizaron la primera puja. El subastador solicitó entonces una segunda oferta, pero nadie respondió. Después de varios intentos y hasta tres pausas, los demás asistentes habrían mantenido su decisión de no competir por aquellas tierras. Finalmente, David y su padre fueron declarados adjudicatarios.

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