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No solo se cargan la biodiversidad: científicos revelan que los gatos callejeros son un foco de enfermedades para los humanos

Una investigación realizada con gatos que viven en libertad en Nueva York ha encontrado parásitos en más de la mitad de los animales analizados. Los científicos advierten del riesgo que representan las poblaciones felinas sin controlar en las grandes ciudades.

Los gatos que viven libremente en calles y colonias no solo representan una amenaza para la fauna silvestre. Una nueva investigación acaba de poner cifras a otro problema asociado a estas poblaciones: su capacidad para actuar como reservorio y dispersor de parásitos zoonósicos, es decir, organismos capaces de infectar también a los seres humanos.

El estudio, publicado el pasado 8 de julio en la revista científica PLOS One, analizó muestras de 87 gatos que deambulaban libremente por Nueva York y encontró que el 57,5 % estaba infectado por al menos una especie de endoparásito. La investigación fue realizada por científicos de la Shreiber School of Veterinary Medicine de la Universidad de Rowan y del Lewyt College of Veterinary Medicine de la Universidad de Long Island.

Los animales fueron muestreados entre mayo y julio de 2023 durante un programa de captura, esterilización y retorno —el equivalente al método CER aplicado a las colonias felinas—. Los investigadores estudiaron muestras de heces y sangre mediante diferentes técnicas para detectar parásitos gastrointestinales y transmitidos por vectores. El resultado más llamativo afecta a Toxocara, un género de nematodos con capacidad zoonósica cuyos huevos pueden ser expulsados al medio a través de las heces. El 54 % de los 87 gatos analizados presentaba huevos de Toxocara. También se encontraron Ancylostoma en el 13,8 % y coccidios en el 11,5 %.

No se trata, además, únicamente de animales afectados por un solo parásito. El 21,8 % de los gatos albergaba simultáneamente dos o más especies, siendo la combinación de Toxocara y Ancylostoma la más frecuente.

Gatos que contaminan el entorno con miles de huevos

Uno de los aspectos más interesantes del trabajo es que los científicos no se limitaron a estudiar si los gatos estaban infectados, sino que analizaron también la intensidad con la que expulsaban huevos de los parásitos. Los resultados mostraron que los gatos jóvenes liberaban cantidades de huevos de Toxocara significativamente superiores a las de los adultos. De hecho, los investigadores los califican como «super-shedders» —superdiseminadores—, y calcularon que los ejemplares jóvenes expulsaban huevos con una intensidad casi nueve veces superior a la registrada en los adultos. Los machos, además, tenían unas probabilidades de infección por Toxocara más de cuatro veces superiores.

La importancia de este hallazgo está en lo que ocurre después de que esos huevos lleguen al suelo. Los propios autores recuerdan que los huevos de Toxocara son extraordinariamente resistentes y pueden permanecer infectivos durante largos periodos de tiempo en el terreno. Por eso, la contaminación generada por gatos que defecan en parques, jardines, solares o zonas frecuentadas por personas puede mantenerse mucho después de que el animal haya abandonado el lugar.

No es una posibilidad meramente teórica. Un trabajo anterior realizado en Nueva York ya había encontrado huevos de Toxocara ampliamente distribuidos por espacios públicos de los cinco distritos de la ciudad y señaló a los gatos asilvestrados o sin tratamiento como una fuente importante de contaminación ambiental. Toxocara cati, el parásito asociado al gato, fue precisamente la especie predominante encontrada entonces.

Parásitos que pueden afectar a las personas

La toxocariasis humana se produce cuando una persona ingiere accidentalmente huevos infectivos presentes en suelo u otros materiales contaminados. El riesgo resulta especialmente relevante en niños por su mayor contacto con tierra y arena y por llevarse las manos a la boca, un aspecto que los propios investigadores destacan al valorar las implicaciones sanitarias del estudio.

También se detectaron Ancylostoma, anquilostomas de los que algunas especies pueden infectar a seres humanos, así como antígenos compatibles con Giardia en cinco de las 43 muestras examinadas mediante esa técnica y con Cryptosporidium en una. Por otra parte, cuatro de los 45 gatos de los que se analizaron muestras de suero —un 8,9 %— presentaban anticuerpos frente a Toxoplasma gondii. Ese resultado acredita una exposición previa al parásito.

Por tanto, el estudio documenta una elevada prevalencia de parásitos con potencial zoonósico y una importante expulsión de formas parasitarias al ambiente. De ahí que sus autores adviertan expresamente del riesgo para la salud pública asociado a poblaciones felinas no controladas en áreas urbanas densamente pobladas.

gatos fauna protegida
Gato predando una especie protegida. © Shutterstock

En España la ley obliga a devolver los gatos a sus colonias

El hallazgo adquiere especial interés en España por el modelo elegido por la Ley 7/2023 de protección de los derechos y el bienestar de los animales para gestionar las colonias felinas. La norma define el método CER como la captura, esterilización y retorno de los gatos comunitarios y establece que estas poblaciones deben ser censadas, alimentadas y sometidas a programas sanitarios y de control poblacional. Es decir, el modelo legal español contempla como regla general que estos animales continúen viviendo en libertad después de ser capturados y esterilizados. La misma ley prohíbe con carácter general retirar a los gatos comunitarios de sus colonias, confinarlos permanentemente en centros de protección y desplazarlos o reubicarlos. En resumidas palabras: están blindados por el gobierno.

Sin embargo, los autores del trabajo norteamericano plantean precisamente incorporar la vigilancia de enfermedades a los programas de captura, esterilización, algo que en España no se hace.

De la salud pública a la pérdida de biodiversidad

El estudio se conoce poco después de otra investigación que ha vuelto a cuestionar la libertad con la que los gatos domésticos y comunitarios pueden desplazarse por el territorio. Un trabajo liderado por el investigador Carlos Javier Durá Alemañ, del IESA-CSIC, publicado en European Journal of Wildlife Research, concluye que los impactos documentados de los gatos domésticos sobre la biodiversidad española son significativamente mayores que los de los perros y reclama endurecer las restricciones que afectan a los primeros. Los autores recuerdan que a los gatos se les atribuye la extinción de más de 60 especies y proponen que los ejemplares que viven libremente sean trasladados progresivamente a recintos cerrados o santuarios.

La evidencia se acumula también en España. Otro trabajo científico publicado este año y del que ya informó Jara y Sedal estudió gatos monteses y gatos domésticos que viven en libertad en la Península Ibérica y encontró circulación de diferentes virus en ambas poblaciones. Sus autores señalaron la existencia de un posible reservorio vírico compartido y reclamaron vigilancia sanitaria y una gestión activa de los gatos domésticos para proteger al amenazado gato montés europeo.

En aquel estudio, la prevalencia del virus de la leucemia felina alcanzó el 39,6 % entre los gatos domésticos analizados, frente al 14,3 % de los gatos monteses. Los investigadores advirtieron de que la fragmentación de las poblaciones de Felis silvestris favorece su contacto con gatos domésticos libres y aumenta el riesgo de transmisión de patógenos.

A todo ello se suma otro trabajo publicado por investigadores del Museo Nacional de Ciencias Naturales-CSIC, la Universidad de La Laguna y el Grupo de Ornitología e Historia Natural de las Islas Canarias. Tras estudiar más de 200 lagartos en el entorno de 22 colonias felinas de Tenerife, sus autores comprobaron que estas poblaciones de gatos reducen la abundancia y el tamaño corporal del lagarto tizón, una especie endémica de Canarias.

El debate sobre las colonias felinas, por tanto, hace tiempo que dejó de limitarse al bienestar de los propios gatos. La literatura científica está documentando efectos sobre biodiversidad, especies silvestres y transmisión de patógenos, mientras que en España continúa vigente un modelo legal que establece el blindaje y mantenimientoi de este depredador descontrolado.

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