Una cámara de vigilancia instalada en unas perreras de Málaga ha grabado la entrada, en plena noche, de dos hombres que llevaban el rostro oculto y que abandonaron precipitadamente las instalaciones después de descubrir que estaban siendo registrados.
Sucedió el pasado 1 de abril, aunque las imágenes han sido remitidas ahora a Jara y Sedal por nuestro colaborador Víctor Villalobos, guarda rural, quien alerta del riesgo que supone el robo de perros para muchos cazadores y advierte de la importancia de adoptar medidas que dificulten tanto la entrada en las instalaciones como la posterior sustracción de los animales.
En la grabación se observa cómo los dos individuos se acercan a las perreras durante la noche. En un determinado momento parecen advertir la presencia del sistema de videovigilancia —posiblemente al activarse algún elemento asociado a la detección de movimiento— y uno de ellos avisa inmediatamente a su acompañante. Acto seguido, los dos se marchan del lugar a toda prisa.
La grabación, por sí sola, no permite conocer cuál era la intención exacta de ambos hombres y no llegó a producirse el robo de ningún perro. Sin embargo, las circunstancias del episodio —la entrada nocturna en las instalaciones, los rostros ocultos y la rápida huida al descubrir la cámara— coinciden con un problema que cada vez afecta a más cazadores: la sustracción de sus perros.
Una cámara que puede marcar la diferencia
El episodio demuestra precisamente una de las utilidades de los sistemas de videovigilancia en este tipo de instalaciones: además de permitir documentar lo sucedido, su mera presencia puede ejercer un importante efecto disuasorio. Villalobos recomienda que las perreras dispongan de cerramientos en buen estado, puertas y cerraduras seguras e iluminación en los accesos y puntos más vulnerables. También aconseja revisar periódicamente vallados, portones, candados y cualquier desperfecto que pueda facilitar una entrada desde caminos o carreteras próximas.
Las cámaras pueden complementar estas medidas siempre que su instalación y utilización respete la normativa aplicable. En caso de producirse un incidente, resulta especialmente importante conservar las grabaciones originales y facilitar a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad aquellas imágenes que puedan contribuir a identificar personas o vehículos.
También conviene prestar atención, sin exponerse ni enfrentarse a nadie, a la aparición reiterada de vehículos desconocidos en las inmediaciones. Datos como la matrícula, marca, modelo, color, horario o dirección de desplazamiento pueden resultar de utilidad si posteriormente se produce una sustracción.
Identificación y fotografías actualizadas de cada perro
Otra de las medidas que Villalobos considera esenciales es mantener perfectamente identificados y documentados todos los animales. Además del correspondiente microchip, recomienda conservar fotografías recientes tomadas desde distintos ángulos, especialmente de manchas, cicatrices, coloraciones u otros rasgos físicos que permitan reconocer inequívocamente al perro.
Junto a ellas resulta conveniente disponer de la documentación veterinaria y, cuando exista, del pedigrí, contratos o facturas de adquisición y documentos relacionados con la actividad cinegética o deportiva del animal. Tener toda esa información reunida, tanto en formato físico como digital, puede ahorrar un tiempo muy valioso si se produce una desaparición.
Villalobos aconseja igualmente ser prudente con la información que se comparte en redes sociales. Mostrar la ubicación exacta de las perreras, sus accesos, el número de perros alojados, las rutinas del propietario, ausencias prolongadas o detalles sobre ejemplares especialmente valiosos puede proporcionar información innecesaria a terceros.
Qué hacer ante una posible sustracción
Cuando un perro desaparece y existen indicios de que puede haber sido robado, la rapidez es fundamental. Entre las primeras actuaciones aconsejables están comprobar las instalaciones y sus alrededores, revisar inmediatamente las cámaras, preservar los archivos originales y recopilar las fotografías y documentación identificativa del animal.
En este tipo de situaciones, el guarda rural puede desempeñar también un papel importante. Su presencia habitual en fincas y cotos y su conocimiento del terreno le permiten detectar movimientos anómalos, vehículos desconocidos, accesos manipulados o personas merodeando por las proximidades. Si dispone de acceso al sistema de videovigilancia dentro del servicio establecido, puede además ayudar a reconstruir lo ocurrido y recopilar información útil sobre horarios, vehículos o posibles vías de entrada.
Si existen indicios de una sustracción, Villalobos recomienda comunicar los hechos a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad y presentar la correspondiente denuncia, aportando toda la información disponible. Tanto el propietario como el guarda deben actuar con prudencia y evitar cualquier confrontación. Hay, además, una recomendación que considera especialmente importante: no enfrentarse nunca a quienes estén intentando acceder a unas instalaciones. La observación y recopilación de información puede resultar de utilidad, pero nunca debe realizarse poniendo en riesgo la integridad física de ninguna persona.
Para muchos cazadores, recuerda Villalobos, detrás de cada perro hay años de selección, cuidados, entrenamiento y jornadas compartidas. De ahí que asegurar las instalaciones, identificar correctamente los animales y estar preparados para reaccionar con rapidez constituya una protección tanto frente a una posible sustracción como ante una pérdida accidental.








