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Fotografía a un ciervo durante años para ver la evolución de su cuerna y este es el sorprendente resultado

Un cazador hace un seguimiento de un venado para ver la evolución de su cuerna desde que es gabato hasta la berrea.

Por Fernando Álvarez de Sotomayor

España es, quizás, el país más rico y variado en especies cinegéticas de Europa, tanto de caza mayor como de menor. Es comprensible que un murciano desconozca qué es un porrón moñudo, que un coruñés sepa al dedillo las costumbres de las avutardas, que un vasco reconozca una ganga en pleno vuelo o que un gaditano pueda contar las anillas para valorar los años de un rebeco.

Por eso, muchos son aún los cazadores que se asombran cuando les cuentas que hay tres especies que tiran las cuernas todos los años para volverles a crecer –el corzo, el gamo y el ciervo–, un trofeo que hay que diferenciar de los cuernos que ostentan ungulados como el muflón, la cabra montés, el rebeco o el arruí, formados en su interior por un tobillo óseo recubierto de un estuche córneo que crece durante toda la vida del animal y en el que se observan los anillos de crecimiento –medrones– que nos sirven para conocer su edad. Esto es imposible con los animales que desmogan, en cuyo caso tendremos que hacernos una idea de su edad aproximada valorando, una vez abatidos, su dentadura.

Hallándome en una finca que gestionaba en Ciudad Real tuvimos que trasladar los caballos a una pequeña plaza de toros próxima a la casa, donde se les alimentaba con pienso y alfalfa. El día que iba a llevármelos de allí el guarda del albero me comentó que un venado acudía todas las tardes a alimentarse del sobrante que dejaban los equinos.

En ese momento se me me iluminó la bombilla: decidí cerrar la puerta de la plaza de toros, calmar al cérvido con una pequeña dosis de anestésico con la ayuda de una cerbatana y colocarle un crotal amarillo, bien visible en su oreja derecha, para, de esta forma, poder hacerle un seguimiento sin posibilidad de confusión con el resto de las reses que pueblan las mas de mil hectáreas de este coto.

Muchos de los que leáis estas líneas ya conocéis el transcurso y evolución de la vida de un venado. Pero otros, que son la gran mayoría, lo desconocen. Prepárate para asistir, paso a paso, a esta aventura de la vida.

1. Gabato, los primeros pasos

Todo da comienzo en primavera, la estación de mayor abundancia de pastos. Es entonces cuando empiezan a parir las ciervas: las primeras en hacerlo conseguirán gabatos más fuertes y sanos. He comprobado que éstas los mantienen escondidos uno o dos días, acudiendo varias veces durante la jornada a darles de mamar. Cuando ya tienen fuerza suficiente para mantenerse en pie y caminar no se separarán de la madre durante todo el año.

2. Vareto, de uno a dos años

Al cumplir un año de vida, a los machos les empieza a crecer unas pequeñas protuberancias o botones. Una semana después presentan ya varas de unos 15 centímetros de longitud, pudiendo superar los 60 dependiendo de la genética y alimentación del territorio. La cuerna de estos venados, a los que llamamos varetos, carecen de rosetas, aunque en algunos casos, si la calidad es buena, he visto ejemplares que presentan hasta 12 puntas. Por eso muchos, equivocadamente, los denominan ‘primera cabeza’.

3. Primera cabeza, de dos a tres años

Cumplidos los dos años comienza a crecerles la ‘primera cabeza’, que ya presenta roseta. Fue en esta fase de su vida cuando instalamos el crotal a nuestro protagonista y empezamos a realizar un seguimiento fotográfico que ha durado tres años.

4. Desmogue de primera cabeza, de tres a cuatro años

Cuando agonizaba el invierno –desmogó el 28 de febrero– no tardaron en comenzar a brotarle los mogotes de su nueva e incipiente cuerna. Como estaba aquerenciado cerca de un comedero no fue difícil localizar sus desmogues para valorarlos, medirlos, pesarlos y analizarlos. El animal aprovechaba su desnudez cornamental para lamer y oler zonas de su cuerpo, algo que con las cuernas sería imposible. Nuestro protagonista fue uno de los primeros de la finca en desmogar, incluso mucho antes que su compañero de collera, que en algunos casos llegaba a mostrar en su mirada cierto asombro al no reconocer a su compañero de fatigas sin cuernas.

5. Nuevas luchaderas, unos días después

El 10 de marzo comenzaban a despuntar las luchaderas y las contraluchaderas, y a finales del mismo mes ya las tenía casi formadas. Su crecimiento es asombrosamente rápido.

6. Coronando en mayo

Para tomar las fotografías utilizamos siempre el mismo vehículo –izquierda– para así acostumbrar a las reses a nuestra presencia, y además acudía siempre a la misma hora. El 5 de mayo ya tenía formada la luchadera, la contraluchadera y la punta central. El palo se encaminaba para formar la corona. A finales de mayo le comenzó a crecer ésta, con cinco puntas en la izquierda y seis en la derecha. Con el paso de los días, la borra –o terciopelo– se le clareaba más que al resto de los ejemplares más tardíos.

7. Julio, adiós a la borra

A mediados de este mes, y ya con la cuerna seca, empezó a desprenderse de la borra restregando las cuernas contra chaparras y sabinas.

8. Preparando la berrea (agosto-septiembre)

Ya en pleno estío, en el mes de agosto, marcaba el territorio con sus cuernas y su orina, preparando el picadero de la berrea, que comenzó a primeros de septiembre. Defendió su territorio con fuertes y roncos bramidos, consiguió repeler a venados intrusos y consiguió cubrir en repetidas ocasiones un buen número de hembras.

9. Tras la berrea: mediados de otoño

A mediados de otoño, con una pérdida de peso corporal de aproximadamente el 30%, volvió a juntarse en collera y se dispuso nuestro protagonista a recuperar fuerzas con la bellota, los pastos y las incipientes siembras para preparar la llegada del crudo invierno.