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«Tras el COVID-19, la administración debería delegar más responsabilidades en los cazadores»

Israel Hernández Tabernero

El Dr. Christian Gortázar aborda en Jara y Sedal diferentes cuestiones de actualidad sobre la caza y lanza un contundente aviso: «No creo que tras COVID-19 haya recursos públicos para sustituir la caza en parques nacionales por controles poblacionales».

Christian Gortázar en su laboratorio. /IREC

A sus 52 años, Christian Gortázar es una de las voces más autorizadas para hablar de caza y naturaleza a nivel europeo. Este catedrático es Jefe del grupo SaBio* (Sanidad y Biotecnología), dependiente del IREC, un instituto de investigación vinculado a la Universidad de Castilla-La Mancha y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

El grupo SaBio es, además, un referente en biotecnología reproductiva y en gestión y monitorización integrada de fauna silvestre, liderando el consorcio europeo EnetWild. Actualmente cuenta con unos 50 miembros, con 12 investigadores principales y bastante gente joven.

La pasada semana, Christian Gortázar encabezó un manifiesto firmado por 17 científicos y expertos que defendía la necesidad de cazar durante el estado de alarma, al contrario de lo que pedían los principales grupos ecologistas.

Pregunta. La presencia de fauna salvaje en núcleos urbanos durante el confinamiento por la pandemia del Covid-19 ha servido para dar visibilidad a una cuestión de la que el sector cinegético avisa desde hace tiempo: la sobrepoblación de determinadas especies y la necesidad de controlar su crecimiento. Como máximo responsable del Grupo de Sanidad y Biotecnología del IREC, ¿cuáles son las consecuencias de este  desde el punto de vista sanitario, de estos excesos poblacionales?

Respuesta. Todos sabemos que las consecuencias de la sobreabundancia son múltiples, y van desde efectos sobre la conservación hasta los accidentes de tráfico. En lo sanitario, todas las situaciones de sobreabundancia pueden tener consecuencias negativas. Al sur de Madrid hubo un brote de leishmaniosis en personas que estuvo asociado a la sobreabundancia de liebres y conejos.

El jabalí es el principal reservorio silvestre de la tuberculosis, en cuyo ciclo también participan ciervos y gamos. Y la tuberculosis animal es un problema muy grave para distintas especies ganaderas, hasta el punto de condicionar la viabilidad económica de las explotaciones bovinas.

Además, el jabalí participa en el mantenimiento de la peste porcina africana, una enfermedad cuyas consecuencias, si llegase a España, serían dramáticas para un sector, el porcino, que mantiene más de 300.000 empleos en el medio rural.

«Resulta evidente que las granjas de jabalí (o de ciervo) son pocas, y que las sueltas se realizan en terrenos vallados donde la extracción se ajusta en consecuencia».

P. Algunas voces críticas con la caza culpan al sector cinegético de esta superpoblación de animales. Señalan que es consecuencia directa de las granjas cinegéticas que crían especies para repoblar cotos. ¿Es esto cierto? ¿La sobrepoblación de conejos o jabalíes es un fenómeno producido por los cazadores?

R. La caza tiene muchos enemigos, y mensajes como «hay sobreabundancia de jabalíes porque los cazadores los crían y sueltan desde granjas» o «es porque los cazadores les echan de comer para cazar más», calan con facilidad entre el público urbanita menos informado. En las redes, los animalistas y anti-caza superan en fuerza a los defensores de lo rural.

Para quienes conocemos el asunto, resulta evidente que las granjas de jabalí (o de ciervo) son pocas, y que las sueltas se realizan en terrenos vallados donde la extracción se ajusta en consecuencia. Nadie suelta jabalíes en abierto. Donde sí hay que corregir actitudes es en el aporte de alimento.

En terrenos vallados y sin ganado bovino, habrá que aportar para mantener su viabilidad, y eso no causa sobreabundancia si se acompaña de una gestión correcta. Pero el aporte de alimento (sea maíz o pienso) en terrenos abiertos debe limitarse al mínimo imprescindible: una cosa es cebar inmediatamente antes de cazar, y otra alimentar durante primavera o verano.

«el jabalí es particularmente prolífico y precoz, y su población crece un 5-15% anual porque le favorecen los cambios en el hábitat. cada año se caza el 50% cuando debería cazarse el 65%»

P. ¿Cuáles son las causas del exceso poblacional de especies como el jabalí? ¿Qué dicen los estudios científicos al respecto?

R. Este tema da para varias páginas, y acabamos de terminar un pequeño informe en colaboración con la RFEC. En pocas palabras, el jabalí es particularmente prolífico y precoz, y su población crece un 5-15% anual porque le favorecen los cambios en el hábitat –más superficie forestal, más regadíos– y una presión cinegética insuficiente –cada año se caza el 50%, y debería cazarse el 65%–.

P. ¿Es un fenómeno internacional? En otros países europeos –e incluso asiáticos–, las poblaciones de jabalí han experimentado una evolución similar…

R. Correcto. Este problema no es local, sino internacional, y las poblaciones de jabalí están explotando, siempre por razones similares, en lugares tan diferentes como Japón o Marruecos.

Las únicas excepciones corresponden, recientemente, a países severamente afectados por la peste porcina africana. Allí las poblaciones de jabalí se derrumban, y de forma duradera. Hay que evitar que llegue a España, y el sector de la caza es clave en la prevención de la peste porcina.

«Si la peste porcina africana llega a España, la población de jabalíes podría disminuir en un 90%»

P. ¿Qué podría pasar con los jabalíes si finalmente llega esta enfermedad a España?

R. En el peor escenario, una disminución del 90% de la población de jabalíes, con muchas complicaciones para el ejercicio de la caza por la necesidad de bioseguridad, entre otras.

P. El Gobierno recomendó a las comunidades autónomas la autorización de la caza en pleno estado de alarma para controlar los daños de las especies cinegéticas, algo que fue criticado por los sectores anticaza. Usted encabezaba la lista de firmantes del manifiesto que ponía de relieve la necesidad de la actividad cinegética para controlar dichos daños durante el estado de alarma. ¿Cree que seguirá siendo necesaria cuando regresemos a la ‘nueva normalidad’?

R. La caza es necesaria. Siempre. Podríamos matizar que lo es más en especies que tienden a producir situaciones de sobreabundancia como el conejo, el jabalí o los cérvidos. No hay más remedio que regular sus poblaciones, la alternativa es insostenible para agricultores, ganaderos, medio ambiente y tráfico.

Y puestos a regular, hay dos opciones: la caza y el control de plagas. La caza no sólo sale gratis al contribuyente, sino que genera actividad económica. Controlar conejos y jabalíes como quien controla ratas, implicando a profesionales al margen de la caza, es perfectamente factible, pero cuesta un dinero del que no disponemos, y menos tras COVID-19. Yo lo tengo claro.

P. Después de proyectos fallidos –y costosos para las arcas públicas– como el intento de esterilización de hembras de jabalí para controlar las poblaciones de este animal, ¿cree usted que existe alguna alternativa efectiva y viable al control de la fauna mediante la caza?

R. Actuar sobre la reproducción en lugar de matar animalitos es una idea que tiene buena venta en el público menos informado. El problema es que, para que la esterilización resulte efectiva, debe inyectarse el producto a no menos del 70% de las hembras de la zona a tratar. Eso es sencillamente inviable. Si hubiese un producto oral sería otra cosa, pero por ahora no existe.

«Tras el COVID-19, puede ser momento para proponer a las administraciones que deleguen más responsabilidades de gestión en el sector cinegético»

P. Hablemos de futuro. ¿Qué consecuencias puede estar generando en las poblaciones de fauna salvaje la crisis del COVID-19? ¿Encontraremos también aquí una ‘nueva normalidad’ cuando volvamos al campo tras la desescalada?

R. Confío en que volvamos a la normalidad, aunque tardemos. Por ahora, nos esperan dos años con riesgo de rebrotes y un periodo largo con mascarillas y con otras medidas que reduzcan el riesgo de transmisión. Artemisan y RFEC están trabajando en protocolos para compatibilizar la caza con la seguridad sanitaria.

El cambio, sobre todo en el plano económico, va a ser dramático, pues algunos modelos no predicen una vuelta a la normalidad hasta 2024. Eso tendrá efectos en todos los aspectos de nuestra vida, y también en la caza. Por ejemplo, en la última crisis económica disminuyó el número de cazadores en España y en Portugal, y en esta puede repetirse la situación.

En el lado positivo, creo que puede ser momento para proponer a las administraciones que deleguen más responsabilidades de gestión en el sector, pues las capacidades ya de por sí limitadas de las administraciones responsables de caza se van a ver muy mermadas a consecuencia de esta nueva crisis.

P. La tuberculosis y la peste porcina africana (PPA) de la que usted hablaba antes son en la actualidad dos graves amenazas no sólo para la fauna cinegética, también para el ganado, la economía e incluso, en el caso de la primera, para las personas. ¿Cuál es el papel que juega la caza en el control de ambas enfermedades?

R. Un papel tan fundamental que es el motivo, además de los daños a la agricultura, que explica las autorizaciones excepcionales durante el estado de alarma. Y nuevamente, no sólo en España sino también en otros países europeos.

«Es absurdo pensar que, tras el COVID-19, dispongamos de recursos públicos para sustituir la caza en los parques nacionales por controles poblacionales»

P. Está previsto que a finales de este año la caza quede prohibida en los Parques Nacionales. ¿Será necesario seguir realizando controles poblacionales aunque no los llamemos caza?

R. Es absurdo, de verdad. No creo que tras COVID-19, intervenidos económicamente en el mejor de los casos, dispongamos de recursos públicos para sustituir la caza por controles poblacionales. Y si los hubiese, no me parecería ético habiendo otras necesidades.

P. Ya, para terminar, hablemos de su trabajo ¿En qué proyectos trabaja en la actualidad el Grupo SaBio?

R. SaBio es grande, diverso, y dinámico para abordar novedades en cuanto surgen. Nuestro laboratorio está acreditado para las PCR de SARS-CoV-2 y estamos colaborando muy estrechamente con hospitales e instituciones de España y de otros países en distintos aspectos a fin de contribuir a mejorar las capacidades de diagnóstico y control del virus.

Al mismo tiempo continuamos buscando ayudar al control de problemas graves como la tuberculosis o la peste porcina africana, desde muchos ángulos; a la gestión del jabalí a través de la coordinación del consorcio europeo EnetWild; y al control de las enfermedades transmitidas por garrapatas y otros vectores, etc.

También trabajamos en biotecnología reproductiva, desarrollando protocolos aplicables a la conservación y producción de especies silvestres y ganaderas. Y en colaboración con los demás compañeros del IREC tocamos también la gestión y conservación de las especies cinegéticas. Son muchos temas, pero dennos a los científicos una palanca, fondos y menos burocracia, y moveremos el mundo.

*SaBio es un grupo interdisciplinar, internacional y activo en campos muy diversos. Sus líneas de investigación abarcan todos los aspectos de la sanidad animal: zoonosis, diagnóstico, epidemiología y control. Las dos principales líneas de trabajo se centran en la epidemiología y el control de las infecciones compartidas con la fauna silvestre, como la tuberculosis o la peste porcina africana, así como en los vectores y enfermedades transmitidas, incluyendo el desarrollo de vacunas.

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