En Almargen (Málaga), la recuperación de la perdiz roja no arrancó con una gran jornada de caza, sino con una pregunta incómoda y una decisión difícil: parar. El estreno del primer episodio de ‘La caza sin filtros’, publicado hoy en los canales de Mutuasport, desgrana cómo un coto que llegó a quedarse sin perdices ha logrado criar miles aplicando un método tan sencillo en su planteamiento como exigente en su ejecución.

Durante temporadas enteras, en el coto Crestagallo simplemente no había perdices que cazar. La población de Alectoris rufa se había desplomado hasta el punto de obligar a asumir lo evidente: si querían volver a verlas volar, primero debían dejar de apretar el gatillo. Lejos de recurrir a sueltas masivas de granja, optaron por integrarse en 2019 en el Proyecto RUFA, impulsado por la Fundación Artemisan. Ese fue el punto de inflexión.

Gestión real en lugar de soluciones rápidas

El método aplicado en Almargen no tiene nada de milagroso, pero sí mucho de coherente. Se apostó por la mejora del hábitat como eje central. Se implantaron linderos multifuncionales sembrados con avena, colza y otras especies, libres de herbicidas y que no se siegan hasta pasada la cría. Se realizaron siembras en olivares, se reforzaron puntos de agua y se instalaron 27 bebederos y 20 comederos repartidos estratégicamente por el coto.

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El control de depredadores se ejecutó bajo la normativa andaluza y con formación específica, pero el verdadero cambio estuvo en la mentalidad. Cada temporada se realizan censos exhaustivos y, en función de los datos, se fijan las jornadas de caza. Si los conteos permiten cinco días, serán cinco. Si no, ninguno. La norma es clara: mantener al menos el 60 % de la población como base reproductora.

La caza se adapta al campo, no al revés. Ese principio, repetido en el documental, explica buena parte del éxito.

Un modelo que une al pueblo

El reportaje muestra también algo poco habitual: la alianza generada alrededor del proyecto. Ayuntamiento, agricultores, cooperativas, ecologistas y cazadores trabajan coordinados. El propio alcalde defiende públicamente el papel del cazador como gestor responsable del territorio.

La recuperación de la perdiz ha tenido un efecto arrastre sobre otras aves esteparias y granívoras. El paisaje ha cambiado. Donde antes había silencio, ahora vuelven a levantarse bandos completos en los rastrojos. No se trata solo de cifras, sino de una transformación visible.

En paralelo, el municipio ha plantado cara a proyectos de macroplantas fotovoltaicas que amenazaban con convertir suelo agrícola en superficie industrial. La defensa del territorio se entiende aquí como algo más amplio que la actividad cinegética: es una cuestión de equilibrio rural.

El apoyo económico de Mutuasport, reinvirtiendo recursos de los propios cazadores en investigación y seguimiento, ha sido determinante. El modelo RUFA ya se replica en cotos vecinos, lo que demuestra que no es una excepción aislada, sino una hoja de ruta posible.

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