El corzo atraviesa uno de los momentos de mayor expansión de su historia reciente en España. La especie ha aumentado un 62 % su distribución entre 2007 y 2023 y su población podría rondar ya el millón de ejemplares, según los datos analizados esta semana por más de una treintena de técnicos de administraciones autonómicas reunidos en la localidad soriana de Valdeavellano de Tera. El encuentro, organizado por la Fundación Artemisan y la Asociación del Corzo Español, ha servido para poner sobre la mesa tanto el éxito biológico de la especie como los problemas derivados de su crecimiento descontrolado en algunos territorios.
Representantes de Galicia, Asturias, La Rioja, Castilla y León, Castilla-La Mancha, Extremadura, Andalucía, Comunidad Valenciana, Madrid y Cataluña compartieron durante las jornadas distintas estrategias de gestión y las dificultades que afrontan actualmente en sus respectivas regiones.
El encuentro se ha desarrollado en el marco del estudio La situación del corzo en España, prospectiva de futuro, un trabajo impulsado por Fundación Artemisan y la Asociación del Corzo Español durante los últimos tres años para analizar el estado actual de la especie y plantear medidas de conservación y gestión adaptadas a la realidad española.
Uno de los aspectos que más preocupa a los técnicos es la diferencia existente entre España y otros países europeos en cuanto al aprovechamiento cinegético del corzo. Mientras en buena parte de Europa las capturas anuales oscilan entre el 12 % y el 30 % de la población, en España no alcanzarían siquiera el 10 %, según las estimaciones manejadas durante el encuentro.

Sobrepoblación, accidentes y daños agrícolas
Ese incremento continuado de las poblaciones está provocando ya consecuencias visibles en numerosos territorios. Los asistentes abordaron problemas relacionados con las altas tasas de parasitismo, vinculadas en muchos casos a situaciones de sobrepoblación, así como desequilibrios en la estructura de edades y una desviación de la razón de sexos hacia las hembras.
A ello se suman daños cada vez más frecuentes en explotaciones forestales, viñedos y cultivos frutales, además del incremento de accidentes de tráfico con fauna silvestre implicada. Otro fenómeno que preocupa especialmente en algunas zonas agrícolas es el aumento de ahogamientos de corzos en canales de riego.
Los técnicos coincidieron también en señalar que actualmente no existe un sistema común de monitorización de poblaciones a escala nacional, una circunstancia que dificulta enormemente disponer de datos homogéneos y comparables entre territorios. A ello añadieron la creciente tensión comercial asociada al recurso cinegético.

Las medidas que proponen las comunidades autónomas
Durante las jornadas se plantearon distintas medidas para mejorar la conservación y gestión de la especie. Entre ellas destaca la creación de un sistema nacional de monitorización que permita realizar un seguimiento continuado y comparable de las poblaciones de corzo en España.
También se propuso implantar un registro telemático unificado de capturas que facilite evaluar el cumplimiento de los planes de gestión y adaptar las decisiones cinegéticas a la realidad de cada territorio.
En materia de control poblacional, varios técnicos defendieron la necesidad de flexibilizar cupos, incentivar la caza de hembras y adaptar tanto los periodos hábiles como las modalidades cinegéticas. Además, se planteó establecer cupos ajustados al 30 % de la población censada y diferenciados por clases de edad, incluyendo juveniles y machos adultos.
Los asistentes insistieron igualmente en la importancia de mejorar el conocimiento sanitario de las poblaciones y reforzar la formación continua de cazadores y gestores. Según defendieron los organizadores del encuentro, el futuro de la conservación y de la caza en España pasa necesariamente por una mayor colaboración entre administraciones, científicos y sector cinegético.








