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¿Cómo cosechar para proteger el futuro de nuestras especies de caza menor?

Llegó el momento de vigilar y proteger la cría de perdices, conejos, liebres y codornices para favorecer el aumento de sus poblaciones y, de esta manera, asegurar los cupos de capturas de futuras temporadas. En este artículo te contamos cómo hacerlo.

Cosechadora. ©Shutterstock
Cosechadora. ©Shutterstock

Las perdices tienen un período de puesta que varía entre finales de marzo hasta mediados de mayo e incluso en segundas puestas puede llegar a finales del mes de mayo. Después comienza la incubación, que suele ser de 25 días, por lo que los pollos comienzan a salir del nido en su mayoría durante el final de primavera. Normalmente cada puesta suele ser de unos 15 huevos de media, aunque no todos salen adelante. Lo habitual es ver a las madres con los perdigones, en grupos de entre diez y 12 individuos, saliendo del nido en estos días de junio. Por su parte, los conejos crían casi todo el año, y es en el mes de mayo cuando ve la luz su segunda camada del año, que será de cuatro a seis gazapos. Las hembras cuentan con un periodo de gestación de 30 a 31 días tras los cuales nacen los gazapos, que inicialmente son ciegos y van recuperando la vista en torno a los diez días. La lactación dura en torno a los 30 días, tras los cuales comienzan a asomarse al exterior para alimentarse de brotes y hojas.

En junio la liebre, tras una gestación de 42 a 44 días, finalizará su segunda camada –más prolífica que la primera, que habrá tenido lugar entre marzo y abril–, trayendo una o dos crías. En este mes es muy común ver uno o dos lebratos por madre de la primera camada, que ahora en julio ya están crecidos. Pueden moverse y alimentarse poco después de su nacimiento por su avanzado estado de desarrollo, aunque lo normal será que pasen desapercibidos, encamados casi todo el día, esperando la noche para ser amamantados. Por último, la codorniz migra a la Península en abril e inmediatamente busca las zonas más húmedas para criar. Pone 12 huevos que incuba durante 18 días, con una tasa de eclosión de hasta el 90%. Los pollos son volanderos a los nueve días y lo hacen perfectamente a las tres semanas. Durante junio se emancipan de la madre, formando pequeños bandos.

Pactos entre agricultores y cazadores

Perdiz roja en el mes de mayo.
Perdiz roja en el mes de mayo. © Shutterstock

Conociendo que las crías son en esta época muy vulnerables, son los agricultores y cazadores los que se tienen que poner de acuerdo para el beneficio común, más si cabe ahora que tras el 20-M ha quedado claro que somos los únicos interesados. En este momento crítico se evalúa la calidad de las prácticas agrícolas tomadas durante la campaña. Una de ellas y la fundamental para proteger la cría de las especies de menor es la cosecha. Con el entendimiento entre las partes implicadas, llegando a acuerdos beneficiosos para ambas partes, el agricultor, por un lado, tomará medidas para evitar la muerte indiscriminada de crías mientras que el cazador, por su parte, estará dispuesto a compensar las pérdidas de producción al primero.

Con respecto a la cosecha, como hemos visto antes, tiene lugar en el período en el que la gran mayoría de las especies tienen a sus pollos o lebratos con pocas semanas de vida, siendo muy vulnerables al paso de las cosechadoras. Algunas de las medidas que se deben pactar, si no se quiere posponer la cosecha al mes de julio, pueden ser que la máquina cosechadora entre bordeando el campo de cultivo en una primera vuelta, continuando después desde el centro hacia los lados de forma que se abra un pasillo de escape para los animales, que son espantados hacia los márgenes de la parcela. Así disminuye el riesgo de que queden atrapados en las cuchillas.

Avisos sonoros, reducir la velocidad…

Cosechadora.
Cosechadora. © Shutterstock

Además, para advertir con anterioridad de la llegada de la maquinaria es recomendable colocar delante de la cosechadora un sistema de barra colgante con cadenas o lonas que con su ruido o movimiento anticipen la huida de los animales. También se debe adecuar las velocidades de la maquinaría a la capacidad de huida de los animales, no superando los cuatro kilómetros por hora y disminuyendo la velocidad cuando se detecte la presencia de crías. Tampoco se debe trabajar de noche: la iluminación artificial deslumbra a los animales disminuyendo su capacidad de huida.

Prácticas beneficiosas entre cultivos

Otra práctica que favorece la supervivencia de las crías durante la etapa de cosecha es que las siembras dispongan linderos, ribazos o diferentes cultivos con distinta época de recolección. Esto es muy importante, ya que la agricultura moderna en poco tiempo deja los campos ‘pelados’, completándose las labores de cosecha y empacado en muy poco tiempo. La idea básica y esencial es la diversidad, tanto de paisaje como de zonas de alimentación, refugio y reproducción. Un coto de caza menor debe contra con una estructura de mosaico en la que se intercalen entre diferentes parcelas algunos linderos de pastos naturales, que son fundamentales por dos motivos. El primero, para aumentar el número de invertebrados, sobre todo insectos, imprescindibles para la nutrición de los pollos de la mayoría de las aves de interés cinegético; el segundo, para ofrecer refugio en su huida y lugares de reproducción. En esta diversidad juega un papel muy importante el manejo de las labores que pueden hacer los agricultores. Por otro lado, frente a la concentración de parcelas sin ningún tipo de linde se puede ir formando pequeños caballones entre grandes parcelas para que la fauna tenga refugio y escape en el momento de la cosecha.

Prácticas beneficiosas entre cultivos

Otra labor fundamental es cultivar variedades de cereal que se adapten mejor a los ciclos reproductivos de las especies de menor, como trigo en lugar de cebadas o avenas. El ciclo del trigo finaliza unas dos o tres semanas más tarde que el de cebada tradicional y de tres a cinco antes que las variedades de ciclo corto, por lo que les permitirá sacar los pollos del nido con mayor seguridad.

Por último, el Gobierno, en un intento de evitar el desabastecimiento de alimentos y pienso debido a la guerra en Ucrania, ha permitido, a través del Real Decreto-ley 6/2022, la utilización de los barbechos para la siembra de oleaginosas y cereales, como el girasol y el maíz, durante 2022: así se aumentará la diversificación de cultivos, permitiendo que las crías encuentren refugio, trasladándose de un cultivo a otro.